Hace poco más de tres horas acaba de terminar la última función de esta producción de "Tristan und Isolde", que ha causado una gran sensación y ha agotado todas las localidades. Personalmente y aunque no sea la obra de Wagner que más me guste, siento que siempre es un placer encontrarse frente a esta partitura. Por mí la vería cada año, como todo Wagner
Dicho esto, empezamos por la producción dirigida por
Peter Sellars e ilustrada videográficamente por
Bill Viola, cuyas imágenes son el verdadero reclamo de esta producción. Realmente en escena hay muy poco movimiento: todo está pensado para los vídeos. El negro predomina el resto de la puesta en escena: tanto la indumentaria de los personajes como el escenario. Los vídeos son bastante interesantes y desde luego que denotan un talento e imaginación destacables. . La obra empieza con imágenes del mar en movimiento, sigue con Tristán e Isolda preparándose para un rito. Pero la cosa mejora con los actos segundo y tercero, donde son preciosos: imágenes del bosque, velas encendidas, el fuego y el agua, imágenes de los protagonistas claramente difuminados (con actores esbeltos y jóvenes, nada que ver con los maduros y no muy atractivos artistas de los vídeos del acto primero). Destacable la escena del monólogo de Marke con la imagen de un árbol iluminado progresivamente al amanecer o en el acto tercero tanto la imagen de un barco que se pierde en el mar al amanecer. O las imágenes de Tristán sumergido en el agua, para elevarse al final de la obra.
Sin embargo no puedo dejar de comentar dos de los mejores momentos de la función: Al final del primer acto, cuando el barco que lleva a nuestros protagonistas está a punto de llegar a tierra; los miembros del coro se colocan en las escaleras de ambos lados de paraíso, mientras que Marke y Melot bajan por el patio de butacas, convirtiendo a éste en las costas de Cornualles: Los focos del escenario iluminan a todo el aforo, recorriéndolo. Después se ilumina la sala mientras en escena los protagonistas están en pleno éxtasis y el escenario negro se convierte en blanco. Cuando se baja el telón se apagan de nuevo las luces. Verdaderamente glorioso.
El otro momento álgido para mí es el solo de corno inglés. Todas las luces incluida la del foso de la orquesta se apagan para mostrar a un Tristán enfermo mientras la pantalla refleja el alejamiento progresivo de un buque en plena niebla hasta convertirse éste en un diminuto punto, con las primeras nubes del alba visibles.
Todo un acierto colocar a algunos intérpretes en las zonas de tribuna y paraíso.
Marc Piollet ha estado magnífico frente a la orquesta. Desde luego que el recelo tras la dirección del Elisir de hace dos meses se ha convertido en una admiración profunda. La orquesta ha sonado opulenta en casi todo momento: magnífico el preludio, el final del primer acto (casi se viene el teatro abajo

), el preludio del acto tercero, etc. Sin duda una de las mejores ejecuciones en ópera wagneriana que haya presenciado hasta el momento. Precioso el solo de corno inglés por Álvaro Vega, quien ya lo interpretó en 2008.
Violeta Urmana ha interpretado una buena Isolde, pero no me ha deslumbrado. La orquesta la tapaba en muchas ocasiones (aunque es difícil sobresalir con tremenda orquesta debajo). Pero podemos destacar por ejemplo que en la escena de la maldición los agudos le salieron imponentes. Sin embargo, en el dúo de amor uno le salió gritado y no muy agradable. Con todo, repito que su Isolda sin ser la mejor ha sido notable. Lo mejor fueron sus intervenciones en el acto tercero: en el monólogo "Ha! Ich bin's" cantó con gran belleza. En el comienzo del
Liebestod cantó igualmente bien pero la orquesta llegó a sobrepasarla en más de un momento.
Robert Dean Smith cantó igualmente un buen Tristán, pero también fue tapado por la orquesta; especialmente en el acto tercero, donde le tapo generosamente. Su estilo lírico y musical se agradece pues al menos su voz no sonó fea, especialmente en último acto. Muy bonito en el acto tercero cuando le toca ensalzar la belleza de su amada. Este momento lo bordó con la debida ternura y musicalidad.
Ekaterina Gubanova hizo una correcta Brangäne. Se reservó para sus avisos del acto segundo, que cantó maravillosamente.
Jukka Rasilainen no me gustó nada hasta el acto tercero. Aquí cantó muy bien.
Franz-Josef Selig fue a mi juicio el mejor intérprete de la noche, después del director de orquesta. Su voz es poderosa y se distribuye generosamente por la platea. Su monólogo del acto segundo fue espectacular y el momento mejor cantado de la velada. También emitió un par de bellos
pianissimi.
El resto de comprimarios estuvieron correctamente. Tanto el Melot de
Nabil Suliman como el Timonel de
Cesar San Martín cumplieron bien su cometido.
Alfredo Nigro estuvo bien como Marinero, pero mejor estuvo como pastor del acto tercero.
En definitiva, no será el mejor "Tristán e Isolda" del mundo pero todos los que hemos estado en el Real hemos pasado una buena velada. El público braveó entusiasmado al final de cada acto, especialmente en el primero y al final. El teatro estaba prácticamente lleno (aunque el patio de butacas tenía huecos en el acto tercero que no recuerdo que estuvieran al principio). Los cantantes fueron ovacionadísimos, especialmente Urmana y Dean Smith. Creo también que la producción era más interesante que la de 2008, sin desmerecer el mérito de Lluis Pasqual por presentar (por fin) un Tristán con Barco. Sin duda, la ópera más ovacionada en lo que llevamos de temporada, y creo que lo será de toda.