Bien, acabo de llegar de la última función.
La verdad es que no termino de conectar con la obra. Es disfrutable, sí, pero el calificativo de obra menor la acompaña siempre y no en el buen sentido. Siempre con las estructuras tan chimpuneras de la Grand-Opèra de la década de 1830, que siendo todo lo obras maestras que son me cansan por ser repetitivas. De todos modos vale la pena presenciar esta curiosidad, inédita en el Real desde el siglo XIX. Siempre he creído que la obertura y la plegaria de Rienzi son los únicos momentos que están a la altura del Wagner maestro. Aun así, hay bastantes momentos en la partitura que nos adelantan al genio : muchos me recordaban a Tannhäuser y algunos al acto segundo del Ocaso. Y disfruté el acto cuarto, de gran tensión argumental, y donde todos sonaron bastante bien.
Empecemos por el director: no me ha parecido tan decente como se ha dicho, la obertura sonó muy lenta y con toque de banda, pero fue de menos a más; teniendo un final decente. El resto de la obra estuvo más o menos. La orquesta remontó bien en el cuarto acto y en el final, además de hacer unos interludios aceptablemente ejecutados. Aun así, no me convence mucho: parece que le falta vida y el señor Pérez no está muy por la labor de dársela...
En cuanto a los cantantes, el tenor Andreas Schager cumplió más que notablemente con la partitura : una voz rotundamente bien proyectada y con sonoridad. Era obvio que estábamos ante un tenor digno. A mí me gusta más como Rienzi que Kerl. Y en la oración alcanzó cotas emocionantes, abordándola. No es el nuevo Melchior ni lo pretende, pero me parece mejor que varios tenores "wagnerianos" que he oido. En camerinos me contó que ha cantado hasta Siegfried, aunque bueno, sería interesante ver cómo aborda tamaño everest tenoril.
La mezzo-soprano Claudia Manhke hizo un buen Adriano, tornándose notable su intervención a partir del tercer acto.
Anja Kampe no me desagradó, pero es cierto que muchos agudos suyos rozan la línea del grito pelado, engulléndose a veces a la orquesta, al coro y a sus colegas cantantes.
No me gustó mucho el bajo Stephen Milling, cuyas intervenciones me parecieron flojillas. Por el contrario Friedermann Röhlig sí me ha gustado mucho, con su voz notable y dándole unas pinceladas de nobleza a su personaje. Increíble cuando excomulga a Rienzi en el acto 4, sin duda me estremeció.
Por último mencionar a Marta Mathéu, que estuvo muy bien en su breve intervención como mensajera de la paz, aunque no la pude disfrutar del todo porque a mi lado un señor se puso a mascar chicle
El coro, o mejor dicho los dos coros no siempre funcionaron bien, al principio sonaban casi en la línea del murmullo o de lo ininteligible. Pero en el acto cuarto, igual que todo, parecieron remontar.
Una función entretenida, que nos brindaba una única ocasión de presenciar esta poco frecuente obra de Wagner. Que por cierto, ¡cómo debió ser la versión original de seis horas!