Ghiaurov escribió:
Unas simples líneas para constatar el profundo impacto que hemos tenido oyendo la grabación de "Guglielmo Tell" dirigida por Riccardo Chailly, disco que conocíamos muy superficialmente (y cuando no es fiesta) y del que hemos hecho ahora una escucha atenta. Chailly se marca una dirección magistral, tensa, teatralísima, vigorosa y llena de claroscuros. Además lleva férreamente iguales a un grupo de cantantes con distintas sensibilidades. Luciano Pavarotti, fuera máscaras, está espléndido, en una buenísima forma y superando sin despeinarse tanto los pasajes de bravura (tremendo en su escena del cuarto acto sin un solo sonido forzado) como los sentimentales, vaya como aguanta el dueto con Matilde. Matilde es una Mirella Freni también en buenísima forma, dulce y emotiva, capaz de sostener las grandes arcadas de sonido que le impone la partitura con total facilidad. Bellísima su romanza. Realmente es de aplaudir que dos cantantes, que para esas alturas de la película tenían ya la carrera más que hecha y que podían estar mecidos en los laureles discográficos, se metieran en una embarcada de tal calibre de la que podían salir artísticamente trasquilados. Milnes está bastante peor que sus compañeros, muchísimo más genérico en la expresión y con numerosas caída de afinación que empañan un poco el resultado global del disco. Ghiaurov está prematuramente avejentado, sí, pero sigue diciendo con grandísima autoridad.
Comparto en términos generales las apreciaciones respecto de esta espléndida grabación, la cual es imprescindible al lado de la versión en francés de Bacquier, Caballé y Gedda.
Hago el matiz, respecto a que el maestro Pavarotti sí está forzado en su gran escena del acto cuarto, especialmente en su cabaletta, máxime que se le compara a sí mismo, con su versión de cerca de diez años antes que es de poner de pié:
https://www.youtube.com/watch?v=0sdqfOxRO80Pero en el conjunto se lleva las palmas, señalando las crónicas que la grabación fue difícil, pues el resto de compañeros debían amoldarse a sus posibilidades, requerimientos y caprichos durante las extensas sesiones que permitieron concluir tan excelso resultado.
Respecto de Milnes, ya es lugar común el criterio que se tiene sobre él en aquellos lares.
Yo me quedo con su canto sincero y agudo tenoril al final de Resta immobile.