

Música muy, muy degenerada... ¡Degeneradísima! Tan echada a perder que, en el caso de la
Lyrische Symphonie, utiliza como base, textos de Rabindranath Tagore, y tiene su fuente de inspiración estructural en la más célebre
Das Lied von der Erde, de Gustav Mahler, composición liederística de carácter sinfónico.
El disco se complementa con las menos conocidas (pero más importantes, quizá)
Symphonische Gesänge conjunto de siete canciones, para barítono o contralto, que Zemlinsky compuso a finales de la misma década de los años 20, espoleado por su interés hacia la estructura de suite sinfónica, ya presente en la obra anterior (de 1923). Lo llamativo de las
Canciones sinfónicas --y que justificaría, aún más, su inclusión dentro de la denominada
Entartete Musik-- radica en su carácter contestatario y de compromiso, pues toma como base textos de una antología de poemas integrada por obras de autores negros pertenecientes al movimiento
The Harlem Renaissance titulada
África canta (Afrika singt). Al parecer, a Zemlinsky pudo interesarle el tema porque pensaba que la precaria situación de la gente de color en EE.UU era muy similar a la de los judíos en Europa después de la I Guerra Mundial. Esa influencia de lo estadounidense y lo africano se percibe bien en esta obra, merced a la integración en ella de ritmos, armonías y formas procedentes del jazz, que alejaron a Zemlinsky del post-romanticismo en el que había militado.
Un disco muy interesante, de un compositor injustamente postergado.