La Vida Breve, de Manuel de Falla, volverá al Teatro Real en febrero de 2025, después de 24 años. En 1997, tras una no sencilla gestión de programación, según contaba Gonzalo Alonso, el Real volvía a escenificar una ópera tras 72 años de trágica interrupción, víctima de los avatares de la turbulenta historia de este país. Lo hizo, como era debido, con un programa español, que para eso es el teatro más importante de la capital de España: El Sombrero de Tres Picos y La Vida Breve, dos obras geniales de Manuel de Falla. Y también lo hizo por una razón: el Real le prometió a Falla estrenar una ópera, y en vida del músico no lo cumplió. Esa temporada inaugural del nuevo Real fue la deuda saldada con algunos títulos grandes del siglo XX que no pudieron estrenarse en su escenario debido al largo cierre como teatro de ópera: Turandot, Peter Grimes, Porgy and Bess y esta Vida Breve.
https://youtu.be/FtoaRTWVyrY?si=Lzggf6gRoGBGJeuXHay vídeo de esa gala de apertura en YouTube. Me ocuparé de La Vida Breve, por ser la única ópera del programa.
Cuando pienso en las ganas que tengo de saber cómo nuestro Rafael Villalobos escenificará esta ópera, veo que el montaje de
Francisco Nieva es uno de esos que hoy ya no se verían, considerado de cartón piedra, con decorados corpóreos. Un paisaje rural (aunque la obra transcurre en Granada y sus alrededores) con el atardecer, con una casa donde se fragua y se ve a los herreros, una virgen y unos niños jugando, además de unos árboles y un monte al fondo, son de un realismo que hoy sólo se ve, y en contadas ocasiones, en el Teatro de la Zarzuela. Pero además de eso, Nieva le añade un poco de acción: en el largo intermedio, la boda de Paco llega a oídos de todos los vecinos, y entre ellos un gitano, enamorado de Salud, estalla de rabia. Aún feliz de ser novia de Paco, Salud llora, es frágil, tiene un amargo presentimiento. Se la ve llorar amargamente. ¿Quizá se enteró ya? El segundo acto también tiene cosas que hoy difícilmente se verían: los invitados a la boda de Paco están todos lujosamente vestidos, y las dos danzas cuentan con nutridos cuerpos de bailarines. Cuando Salud y su gente están viendo la boda, hay una riña de los gitanos con los guardias de la finca de Carmela. Al final, cuando Salud entra y se desvanece, una mujer le da una silla para que se siente. Poco tardará en morir, pero para entonces todos le han creído. Paco intenta llevarse a Carmela pero las mujeres se lo impiden. Cuando intenta huir, el gitano enamorado de Salud le apunta con una navaja y cae rápidamente el telón.
Esa noche antológica contó con
García Navarro como director de orquesta. Una pena que muriera el mismo año que empecé a ir al Real, pues fue una figura clave en los primeros años del teatro. De lo poco que pude sacar de su dirección, la orquesta suena colorida, apasionada. Quizá un poco rápido para mi gusto en la segunda mitad de la celebérrima primera danza española.
María José Montiel es del grupo de mezzosopranos que han cantado el rol de Salud, precisamente por su voz dulce, y menos grave que la de otras compañeras. Ciertamente su Salud tiene ese sonido dulce, que se acomoda al sufrido y frágil personaje. Como actriz es estupenda, aunque sus manierismos podrían parecerles a algunos propios de una actuación a la antigua, pero a mí me convencen pues Salud es una chica frágil e ilusionada. Muy bella la interpretación de Vivan los que Ríen, y más desgarradora en Allí está, riyendo junto a esa mujé.
Jaume Aragall tiene un rol poco relevante musicalmente, la voz parece un poco madura pero aún así impresiona, incluso en un agudo en el dúo. Otra voz histórica era la de
Vicente Sardinero, quien sí se roba la escena en su efímera interpretación como Manue, con su imponente vozl.
Alicia Nafé es una Abuela desgarradora.
Alfonso Echeverría como el tío Sarvaor no suena tan profundo. Mención a
Pilar Jurado como Carmela, antes de que se convirtiese en la diva tan estrambótica que es hoy.
Algunos la tratan de obra menor. Para mí es una obra maestra. Lástima de su brevedad pero eso la hace más intensa. Al fin y al cabo es tan breve como la vida de la pobre Salud. Tengo ganas de verla en el Real en febrero.
PD: en las zonas centrales estaban el entonces presidente Aznar con su esposa, y en el palco real nuestros royals al completo. Me llama la atención en que en un primer plano de sus hoy eméritas majestades, la reina Sofía aplaude entusiasmada mientras que Don Juan Carlos aplaude como si nada fuera con él....