Llevo, desde ayer, dándole vueltas a qué pueda significar para Akhnaten03 "voz poco armónica", considerando que aplicó dicho calificativo al instrumento de Kipnis (el vocal, me refiero). Y todavía no he llegado a una conclusión. Kipnis tenía una de las voces de bajo más bellas y perfectas que hayan existido y la utilizaba de manera impecable y expresiva como pocos. Pero para no andarme con rodeos citaré, literalmente, lo que decía de ella hace un años Gonzalo Badenes en uno de sus célebres artículos sobre grandes cantantes aparecido en la revista
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«Era la de Kipnis una de aquellas voces que impresionan, en una primera audición, por la indescriptible belleza del sonido. Una voz de timbre aterciopelado, pastoso, homogéneo en los diferentes registros, extendida a lo largo de dos octavas (de el Mi1 al Fa3) sobre las que fluía "como un río majestuoso" (John Steane). La voz de Kipnis era idónea para la expresión de lo tierno, de lo patético, de lo elegíaco, gracias a la suavidad de la emisión, pero también podía elevarse con poderío, siempre mesurado, creando una atmósfera interiorizada, elocuente, rica en contrastes dinámicos y de color. La perfecta emisión le permitía una línea de canto inmaculada, capaz de escalar al registro agudo sin problemas y a la vez de adelgazarse en sutilísimas medias voces. Un soberano control respiratorio le aseguraba un legato imprescindible para acometer los grandes roles verdianos, como Felipe II, y también una seguridad y naturalidad absolutas en el cincelado de la expresión íntima del canto, susceptible de replegarse hacia el interior, psicológicamente hablando, sin que la emisión física del sonido perdiera un ápice de su sonoridad y rotundidad. La dicción era noble, clara, si bien era perceptible el acento eslavo, nunca del todo corregido. Kipis cantó siempre en alemán, incluso páginas como La calumnia rossiniana o La vendetta mozartiana».
Publicado en Ritmo, nº 602 septiembre 1989 y reeditado en Voces (Ritmo, 1987-2000), Valencia, pp. 125-126.