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Entiendo perfectamente el comentario de Alfonso II. Si hay algo en el texto del Otello de Verdi (y de Shakespeare) que hace que la obra me resulte incómoda de ver es el asesinato de la cursi esa de Desdémona (aunque Shakespeare está lejos de justificarla, no lo hace tanto porque le parezca que el código del honor masculino sea atrabiliario, y hasta poco cristiano, como porque Desdemona es la inocente y virginal víctima de las maquinaciones de Yago). Pocas cosas nos separan tanto de las viejas literaturas (que amo) como la imagen ideológica de la mujer. En algunas, el tratamiento de la mujer es más difícil de tragar que en otras, pero nunca en la historia la mujer había tenido la situación que tiene ahora. Ese es el gran cambio social. Y eso no puede por menos que pesar en nuestro modo de ver el pasado.
Dicenta fue un dramaturgo de gran éxito. De ideas políticas y sociales avanzadas.
Que esta obra en su tiempo pasase por avanzada, como otras del autor, muestra qué caduco era ya lo avanzado en la España del 98, en la que muchos autores no se daban cuenta de que lo que escribían olía a viejo y de que sus aspiraciones de progreso eran, más que tímidas, hurañas.
Por otro lado, con frecuencia la vanguardia se va quedando en retaguardia con el simple paso de las carretas del tiempo.
A lo mejor soy ingenuo al interpretar la razones (salvo un mal hervor dramático) que llevaron a Dicenta a pergeñar un final tan hilarantemente absurdo. Para empezar, Dicenta era un dramaturgo de éxito, y, además, un hombre de la "idea". Lo que hoy llamaríamos, un escritor progresista o de izquierdas. En Juan José, su escandaloso éxito teatral, un amancebamiento ampara un amor digno de respeto y fidelidad (por cierto, también en esta obra el amante se empeña en matar a su querida).
Sin conocer el desarrollo del libreto pensé, según se iba acercando el gran final, que Curro Vargas terminaría con la huida del protagonista epónimo y su amante, y el abandono de marido e hijo. En una exaltación del amor por encima de convenciones sociales y religiosas. Pensaba, en suma, en una solución casi ibseniana, aunque de linaje no tanto avanzado y filo socialista como romántico.
Y no descarto que, en el fondo, eso hubiera querido hacer Dicenta, sin atreverse. De ahí un final en el que el suicidio (que es lo que es) de ambos amantes parece una metáfora ddel apartamiento de éstos de la vida (social). Quizás peco de generoso. Pero no cabe duda de que lo que queda es lo que hay: un libro muy flojo y un final que no se cree nadie.
Por hablar de cuestiones técnicas, el verso es eficiente, sin más. Y no hay cosa más desairada que un verso eficiente. Tampoco es siempre correcto. Por mencionar un tachón, recurre con frecuencia a comodines para anticipar la rima (como nombres propios extraños, cuya aparición en la página el lector/espectador se da cuenta en seguida de que sólo se explica para preparar un ripio: "Don Cristobal Valsalmuera - en la cama era una fiera", por poner un ejemplo inventado).
La música de Chapí, por el contrario, nació joven y joven sigue. Dejan su huella Cavalleria/Mascagni (escenas corales y momentos orquestales sobre todo) y Puccini (en especial en los dúos) y un hálito francés, más que de Wagner (pese a lo que sugiere una reseña de prensa).
Se aprecia un cierto esfuerzo por distender la horma de la estructura tradicional de números que solían estar muy tasados en su duración y estructura, más que nada en los momentos corales y en algún largo dúo.
El sonido orquestal es robusto aunque algo pobre de color (quizás por exigencia de la orquesta con la que contaba el Circo de Parish: flautín, 2 flautas, 2 oboes, corno inglés, 3 clarinetes, 2 fagot, 4 trompas... pero todo ello de poco uso, las cuerdas aplastan).
Sin embargo, la partitura es imaginativa y variada en todo lo demás.
En cuanto a Gorrotxategi, la falta de sonoridad no es un problema grave de este tenor. Sí lo es que la voz crezca en fibras y grumos, no se deslice, no empuje hacia arriba tan holgadamente como parece que podría, no se libre bien en el aire. Una cantabilidad lírica es quimérica en esas condiciones. Pero da la impresión de que hay material. No entro en el fraseo ni en otras virtudes musicales.
La producción de Vick me parece acertada (me olvido de las bobadas, que también las tiene). Para un público como el de este teatro puede resultar poco resultona visualmente, poco opulenta en sus apariencias y, en ocasiones, escandalosa. Lo que lamento, porque en principio no me regocija el escándalo ajeno. Petro creo que es inevitable que en la Zarzuela siga habiendo producciones "distintas" y espero que el encargado de encargar las puestas en escena no se asuste.
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