Coincido prácticamente al cien por cien con los comentarios del señor Kandaules con respecto a la función. Lo mejor, la dirección de Guillermo García-Calvo, de gran fluidez y elegancia, muy al servicio de resaltar la complejidad y la riqueza de la partitura. Y lo más flojo, el trío protagonista que está muy verde para afrontar papeles de semejantes dificultades. Saioa Hernandez se ha empeñado en inflar y engordar una voz que en origen era muy interesante y a día de hoy no sabe muy bien qué hacer con ella ni cómo le responde. Andeka Gorrotxategui se traga la voz en vez de proyectarla, y así no hay manera de que se le escuche aunque cantara con un cuarteto de cámara; misión imposible por tanto si lo que tiene delante es un orquestón de tres pares de narices. En el agudo aprieta de lo lindo y algún que otro sonido "traspasa la batería". Y Joan Martín-Royo tiene la voz en tierra de nadie, apoyada en blando y sin proyección. Lo mejor vino por parte de los secundarios (y veteranos) Luis Alvarez (espléndido también "diciendo" el texto), y Milagros Martín (aunque las exigencias de su dúo con el tenor la pusieron a dura prueba), y del joven Gerardo Bullón, un intérprete en carrera ascendente.
La puesta en escena de Graham Vick busca lo esencial a través de los elementos simbólicos que componen la escenografía, y funciona muy bien en las escenas de masas (los tres finales y la brillante y original resolución del principio del segundo acto, con la banda, el coro y el pasodoble), pero falla en la recreación de atmósferas y climas. En general, la iluminación y el colorido imperante (más propio del día del orgullo gay) casan poco con la España negra y doliente que presenta la obra.
En cuanto a la obra en sí, me parece que la música está años luz por encima del texto, que resulta cansino y reiterativo, sin apenas desarrollo ni evolución (ni en la acción ni en los personajes). La partitura (densa, compleja y de amplísimas proporciones) se me ha venido arriba con esta escucha. En este aspecto no coincido con el señor Kandaules, quien ve poco de Chapí en la obra. Por el contrario, yo creo que, efectivamente, se trata de una partitura transversal que recoge de muchas fuentes (la escuela francesa; Wagner; el verismo de nuevo cuño; el género chico; el canto popular andaluz...) pero que sí tiene personalidad propia: la del mejor Chapí, el que siempre estuvo al tanto de todo lo que se movía por la Europa musical, desde los tiempos de
La Tempestad o de
La Bruja, hasta el canto del cisne de
Margarita la Tornera.
Kandaules escribió:
En muchos momentos estás oyendo "la vida breve" años antes de que ésta sea compuesta.
Esta sensación viene de antiguo. Igual conoce la historia, pero a Oscar Esplá (rendido admirador de Chapí) le gustaba contar que en muchas ocasiones hacía el juego de interpretar, de
Curro Vargas, el "Lamento de Soledad" (una de las joyas de la partitura), y que indefectiblemente muchos de los compositores amigos que lo escuchaban (entre ellos Honegger), nombraban a Falla como autor del fragmento

.
Por cierto que, según algunos documentos nuevos que han salido a la luz, parece que Falla, al contrario de lo que siempre se había supuesto al ser el gaditano alumno de Felipe Pedrell, y ser éste a su vez enemigo acérrimo de Chapí, sí que profesaba un sincera admiración por el autor de
La revoltosa, aunque quizás para no contrariar a su maestro no lo aireó demasiado

. Entre sus documentos personales había muchas partituras de Chapí, y cartas personales en las cuales pedía información sobre sus obras. Y el parecido entre otra obra de Chapí,
La chavala, y
La vida breve es más que evidente.