Muy de acuerdo con los comentarios de "Baldassare" con respecto a lo de los estrenos, las composiciones de una temporada, etc.
Totalmente.
Y el ejemplo de la pintura, clavado. En Madrid, p.e., conviven en perfecta armonía el Museo Reina Sofía y el del Prado (por citar los dos ejemplos más significativos de muesos de arte contemporáneo e histórico). Ambos tienen mucha demanda de público: ¿dónde está el problema de tener dos enormes museos temáticos?. Digo yo que sale ganando todo el mundo. Habrá gente que no soporte otra cosa diferente al arte moderno, y gente que le guste la pintura clásica y nada lo moderno, y gente que le guste lo uno y lo otro. ¿Cuál es el problema?. No lo veo: el primero tendrá su museo de referencia, el segundo también (y ninguno de los dos tendrá que tragarse exposiciones que no son de su agrado) y el tercero podrá ir un día a uno y otro a otro tan feliz y contento.
¿Por qué no hacerlo así pues con la ópera?. Fíjense que debo hablar ya de ópera, porque si hablamos de música clásica, sí hay tendencia a diferenciar estilos en ciclos (piano, sinfónico, cámara, música antigua, la zarzuela tiene su espacio, los musicales americanos el suyo, el lied, etc). Pero es curiosamente la ópera y concretamente Madrid y más concreto aún el Real donde por H, I ó J de repente hemos de hacer por no sé qué regla temporadas "puré" donde mezclamos a diestro y siniestro de todo, pegue o no, o tenga importancia o no, o sea objeto de reclamo por el público amante de la ópera o no...
Yo, personalmente, no lo comprendo esto y en concreto por qué justamente a mi me ha tocado bailar con la más fea, porque ya digo, esto no es el pan nuestro de cada día en todos los teatros líricos del mundo.
Se imaginan que de repente al que paga un abono por "Ibermusica" esperando como siempre un acervo de unos 10-11 conciertos sinfónicos con grandes orquestas y directores, de repente llega alguien y argumentando diversificar, innovar, aleccionar o modernizar, deja en programa un par de días para sinfonías, y el resto exhibiciones de flamenco, conciertos para laúd, un par de recitales de flauta y bandurria, jotas aragonesas, fados portugueses y/o ... barbershop style

(siempre he de meter esa cuñita mía). Pues con toda, todísima, todérrima razón se cabrearía a base de bien, y partiendo de un respeto total por todas esas especialidades artísticas reclamará que le han quitado aquello por lo que él feliz año a año paga para obtener con su abono, que no es otra cosa que en un 90-95% música sinfónica, y que no falten en cartel Sibelius, Shostakovich, Beethoven, Bruckner, Mahler, Brahms, Richard Strauss, Schubert, etc, etc. Eso es lo que busca, espera y paga un abonado de "Ibermúsica". Y el amante de fado portugués o flamenco o del barbershop (como es mi caso), pues no debe buscar sus productos dilectos ahí, debe tener su oferta en otro lugar o momento, y todos más felices que un ocho.
Si esto lo vemos lógico, por qué no aplicarlo a la ópera, y como bien dice "Baldassare", aplicando paciencia y respeto debidos: nadie podrá esperar de repente la misma demanda para una representación de "Nabucco" que para una de un título de Tomas Marco o de Stcokhaussen, pero con buena letra, paciencia y gusto, se puede ir aumentando el interés por tales repertorios y consolidar un público amante de ellos que vaya a más, y entre los cuales no habrá ni uno solo que se sienta desubicado, estafado o fuera de lugar, como ahora sí algunos nos sentimos, insisto: en el Real de Madrid.
Y el que más ganará y feliz será precisamente el que le guste tanto lo uno como lo otro: tendrá dos carteles, ciclos o lugares para ir o escoger: ¿Quién puede pedir más?
Temas económicos. Pues efectivamente, no debe de haber mucha diferencia: no se tratará, en ese ánimo de ir poco a poco y con buena letra de el primer año hacer una temporada de 40 títulos ultramodernos con 8 representaciones de cada uno. Habrá que hacerlas más cortas e ir yendo a más: la temporada lírica del teatro de la Zarzuela, que funciona de maravilla y recoge a todo su público "target" consta de unos cinco títulos... o seis a lo más: y no creo que haya un sentimiento generalizado en dicho público de querer que sean 29 títulos en vez de los 5 habituales: así, como está, y con la idea de cómo distribuir esos cinco títulos creo que la cosa va fenomena y contenta a todos.
Pues eso, no?. ¿Por qué es tan complicado o por qué esa cerrazón para no hacerlo?.