Carl Tunner escribió:
Debería analizarse en qué situación vocal estamos para que un señor ampliamente superada la edad de la jubilación, pero que al fin y al cabo guste más o menos, pertenece a una generación en que la ÓPERA lo era aún con mayúsculas, consigue estos éxitos totalmente enfrentado con el "modus operandi" de la lírica actual: dictadura de los directores de escena, proscripción del apasionamiento, aires snobistas e iconoclastas generalizados que llevan a discutir el repertorio y las obras que a él pertenecen o conducen a actitudes de ceño muy fruncido y aire intelectual al ver la última obra del catálogo de Britten, Sciarrino o Krenek: "Esto sí es música, lo otro es chimpún para el pueblo llano"
Yo confieso que me alegro mucho del éxito de Leo Nucci por todo lo explicado, porque me cae bien, porque un señor que lleva 40 años sobre los escenarios y casi 500 Rigolettos me merece mucho respeto y admiración, por pertenecer a la generación a que pertenece, por siquiera durante un momento, unos segundos, lograr esa emoción teatral que es esencial en el melodrama y por defender un concepto de la ópera mucho más cercano al mío, que el de los Cherniakovs y Warlikovskis o los camelodivos guapos, delgaditos y que van al gimnasio, que graban el disco antes de subirse al escenario.
Estoy de acuerdo con usted en la carga supina de impostura y de "soplapollez" que rodea al mundo operístico actual, pero me parece que la manera de hacerle frente a ese circo, no es montando otro circo igual de caricaturesco que el anterior. Al final son dos ejemplos extremos que maldita gracia tienen y que se retroalimentan el uno al otro, cargándose de razones recíprocamente, para escarnio de la Música, que es la única que sale perdiendo en todo este embrollo

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