Gino escribió:
Por tanto, no sólo se hace, sino que nace. Por tanto debo reconocer que no puedo estar completamente de acuerdo con Mr. Rupert esta vez. Existen determinados rasgos vocales novedosos en Verdi que lo separan del belcanto, en particular para cantar di forza en la zona media-alta sobre acompañamientos cada vez más sonoros.
¿De verdad piensa usted que se nace verdiano?... Esta circunstancia que apunta, se puede trabajar para fortalecer y darle mayor consistencia esa zona de la voz. No veo ninguna razón para que se deba a algo natural. Sin ir más lejos, Bergonzi, paradigma de tenor verdiano, no era una voz robusta ni poderosa. Era más bien el resultado del estudio y del trabajo serio y riguroso. Por otra parte, retomando un argumento histórico, fueron los mismo intérpretes donizettianos, por ejemplo, los que fueron estrenando y dando carácter a las obras verdianas: Loewe, Frezzolini, Fraschini, Ronconi, Varesi, etc... Y la alternancia de papeles verdianos y donizettianos (y de otros autores coetáneos) fue una constante en la mayoría de estos intérpretes. Por supuesto que no es lo mismo las primeras épocas verdianas que las últimas, y por supuesto también que la orquesta va adquiriendo una densidad mayor a medida que va avanzando en su producción, pero lo que es común en todo Verdi es el elemento expresivo (matizadísimo hasta lo maniático por el propio compositor), perentorio, incisivo, lleno de claroscuros y de nuevos vigores, y que es, precisamente, lo que otorga el auténtico "sello verdiano", más allá de la voz en sí misma. A propósito de todo esto, recuerdo ahora una entrevista con Sesto Bruscantini en la que comentaba que uno de los papeles más terribles del repertorio baritonal, y que desaconsejaba por completo a los jóvenes, era el Enrico, de
Lucia, papel durísimo e incomodísimo. Yo creo que Verdi siguió una senda que ya estaba empezada, y de ahí marchó hacia el infinito, pero no quebró nada, ni partió de cero.