¡Casualidades de la vida! En ese caso, seguro que tiene más elementos de juicio que yo, pero ya veo que quiere que me moje primero.

Cuénteme al menos algo de Solomon, que lo tengo menos escuchado.
Sobre lo de la sonoridad, claro que tiene una estrecha relación con la búsqueda de nuevas posibilidades expresivas, entendido esto a la manera romántica. Lo que pretendía decir es que el nuevo sonido tiene que ver también con la transformación del piano en un instrumento "sinfónico"; esa es una conquista que desborda completamente el contexto musical de la época y ahí queda para los restos.
En cuanto a la 29. ¡Qué voy a decir! J****a como ella sola desde todos los puntos de vista: tempo, articulación, dinámica... He leído por ahí que Beethoven la pensó para un instrumento que nunca se ha llegado a fabricar (de ahí, por lo visto, la denominación alemana del pianoforte). Además resulta dificilísimo equilibrar sus distintos movimientos: se escribe mucho de los dos últimos, pero el primero es un campo de minas. Kempff y Barenboim son muy grandes, aunque aquí ninguno de los dos parece cómodo (¿y quién puede estarlo?). Al alemán, que está muy bien en el allegro, se le suele reprochar falta de nervio, pero para mí el problema está en la fuga, donde tiene que renunciar al legato y dejar tranquilo el pedal, dos de sus puntos fuertes. Barenboim parece querer evitarse problemas y lo interpreta todo con muuucha tranquilidad, con una actitud de "voy a llegar al alma de la obra" que a veces me resulta un poco artificiosa. Tampoco estoy seguro de que no se tome algunas licencias con la partitura en los pasajes más comprometidos.
Para esta obra mi recomendación sería Gilels, por dominio técnico y versatilidad. Probablemente Richter también lo bordaba, pero hace demasiado tiempo que no escucho su versión.