No le quepa duda, mis aparentes detractores son mis más fervientes admiradores
Que quede claro, que a mí también me gusta el atún rojo, las tortillitas de camarones, el queso pecorino y el helado de nutella o el de liquirizia. Nos ha molao.
La presencia de Puccini en Torre del Lago se palpa, se siente y entre otras cosas, está su tumba en la capilla de la villa y su estatua con il capotto y el cigarrito en la boca al ladito del lago.
La labor de Muti en Nabucco fue fascinante. Ahora más mayor, más analítico, ya no hay ese ritmo frenético, esos tempi vertiginosos. En las cabalette ahora dirige la segunda estrofa más lenta (variación agógica), pero recreándose, haciéndonos oir cada instrumento con una limpieza claridad absolutas. Todo el concepto verdiano está presente, la grandiosità, el patetismo, la bravura, el aliento, la amplitud, los momentos de recogimiento y refinamiento orquestal (¡ese acompañamiento a la plegaria de Zaccaria!, pura filigrana) qué manera de generar clímax, qué obertura, qué construcción en el concertante del acto primero o en "s'appresan gli instanti"... qué sentido teatral, qué tensión siempre a más...En fin, uno se imagina al Maestro Verdi sonriendo desde el más allá: "Así, así, esto es así". Cantantes, pues la mejor la Serjan, ni el timbre es bello, la fonación eslava es la que es, un tantito extraña, le falta algo de anchura, de caudal y entidad en el grave, pero nunca lo fuerza, ni lo mete exageradamente en el pecho. El canto es siempre controlado, tiene legato, es capaz de apianar, de smorzare il suono, va bien al agudo y tiene garra, es lanzada en escena. Zanellato, uno de la calle. Un Zaccaria para arrojar al Tíber. Salsi es flojito. Intenta imitar a Bruson sin un átomo de su clase y elegancia. Guiado por la batuta consigue alguna frase legatillo, incluso pretende cantar a media voz, pero se queda en "cantar bajito" porque no hay el debido apoyo sul fiato. El sonido no tiene plenitud, ni empaste, ni redondez, ni esmalte. Meli acepta cantar el Ismaele para seguir bajo el manto Mutiano tanto para las duras como para las maduras, pero sigo diciendo lo mismo, está técnicamente en pañales. El primer contacto con la voz es grato, porque es bonita e italiana, pero se disipa a los segundos. No hay pasaje, no hay enmascaramiento, no cubre ni arrotonda las vocales, el fraseo es vulgar y pedestre. Sin ir más lejos, Berti que cantó Cavaradossi en Torre del Lago Puccini y hacía tiempo que no oía en vivo, es claramente superior, por robustez, plenitud, belleza y consistencia de su sonido de tenor lírico pleno y los sonidos squillanti, percutientes que aún prodiga.
A pesar del calor, es un placer inigualable ver a Muti dirigiendo Verdi después de disfrutar, por ejemplo, de los frescos de "San Ignacio de Loyola" o los de la Chiesa del Gesù
