
Cuando en un Faust con tres estrellas rutilantes, quienes más sobresalen son los secundarios, algo pasa. Y es que Margreta Elkins, la fiel Margreta, casi siempre relegada a comparsa de la diva (bien Montse, bien Dame J) hace un precioso Siebel, terriblemente charmant, si bien con un algún leve deje gutural, muy bello su airoso del tercer acto y estupenda (

) en un
Si le bonheur en el que destila un verdadero y sincero amor por Marguerite (creo Bonynge lo incluye en esta edición casi por primera vez). El Valentín de Robert Massard, de voz modesta y timbre algo impersonal, está muy bien . Joan Sutherland frecuentó muy poco la Marguerite, la cantó en la gira australiana de 1965 (sin Pavarotti) y lo debutó en Philadelphia en 1965. El últimamente mencionado De Schauensee escribe:
Miss Sutherland presented her new role with all the eclat and personal stamp of the star performer she assuredly is. It was carefully planned and sung with a brilliance that had been anticipated. What had not been anticipated was the soprano's complete suitabily for the role and the dramatic power that raised her acting high above the norm of what one generally sees in grand opera. Another surprise was Miss Sutherland's excellent french diction
Ciertamente la Marguerite es un papel a priori
muy Sutherland. Creo que hay grabación de la serata del 65, pero lo que en el disco muestra no es tan elogioso como lo que el crítico dice. Sí, bellísima voz y canto superlativo (es 1967 y es Joan Sutherland, no se podía pedir otra cosa) pero va bastante a lo suyo, dramáticamente muy despegada y con cosas de diva DIVA (el aria de las joyas dura así como 37 minutos entre gorjeos y trinos, mucho mejor en la milagrosa versión de
The art of the prima donna) que en una integral no pegan. De Franco Corelli no podiamos esperar mucho cantando una ópera como Fausto, da lo que tiene, la voz, voce e solo voce, y los agudos ahí están, pero el rollo ese del conflicto faustiano y similar, le da bastante de lado. Nicolai Ghiaurov lleva cantando el Mephistophele desde 1959. La voz, otra vez la voz, es el prodigio de belleza y de rotundidad que todos conocemos, pero ay los acentos. Si a Ghiaurov no le amarraban corto pues sale ésto. ¿Divertido y cínico? Sí y mucho, pero también bastante muy truculento (la escena de la Iglesia) con una especie de indigestión christoffiana que puede agotar. Personalmente, frente a Mephistos casi monacales, como los de Van Dam o Soyer, me quedo con Nicolai. Muy bien Bonynge en las escenas de conjunto y corales, y los valses suenan a vals! pero eso de guiar a los cantantes pues esta vez, le queda bastante grande. Incluye el ballet en el quinto acto.