
Grabado con Gianandrea Gavazzeni en 1974, incluye además fragmentos, de las integrales de finales de los 70, de la Butterfly de Maazel, la Adriana Lecouvreur de Levine y el Segreto di Susanna dirigido por John Pritchard. Es para mi una piedra de toque dentro de los recitales sopraniles. Quizá la voz de la Scotto ya no está en su momento ideal, lleva cantando 20 años, el registro agudo está arañado y es sumamente cuidadosa con él y el vibrato empieza a ser pronunciado más se mantiene, pero la ARTISTA está en la plenitud de sus capacidades. Es capaz de construir retratos completos del personaje en un aria, la manera de decir, de colorear cada palabra (no queda ni una sola sílaba que no haya sido trabajada), de esfumar el sonido para cada sensación. Lo que podría parecer un delirio manierista queda como todo lo contrario, un discurso de una sencillez apabullante. Y éso es lo más dificil. Para mi la artista más distinta, versátil y poliédrica de la segunda mitad del siglo XX.
Y es que la heredera directa de la Storchio, la Bellincioni y la Olivero no fue otra que Renata Scotto.
Por cierto ¿está editado el citado
Segreto di Susanna? El baritono es Renato Bruson y en el disco sólo se incluye el final, en el que no pueden estar más adorables ambos.