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Por si no lo sabíais, es muy difícil negarse a una sugerencia, propuesta o requerimiento del Forero más Divertido. Ya es difícil negarse una vez; doblemente difícil hacerlo dos veces; pero si a la tercera, además, viene con refuerzos, es imposible. Por eso, y porque en definitiva, si asistí a "La forza del destino" del día 5 fue por su sugerencia y porque se ocupó de todos los trámites, y por tanto creo que algo le debo, voy a escribir algunas líneas, contrariando mi resistencia fiera a poner aquí reseña alguna.
Esa resistencia no se debe a egoísmo a la hora compartir con los foreros las impresiones causadas por la función, sino a mi total y varias veces confesada incapacidad para juzgar sobre voces y estados de forma vocales, que realmente, a la hora de escribir aquí una reseña, es casi lo único que importa. Por eso, cuando al acabar la representación dije a mis acompañantes que me había gustado mucho, sabía que estaba quedando como lo que soy: un aficionado de bajo nivel, sin conocimientos ni fundamentos (con decir que era la primera vez que entraba al Liceu...) Cosa que me ha quedado bien clara, si no lo tenía ya, después de leer la espectacular reseña de Peter Quint, que junto con Le Gou creo que son los mejores cronistas del foro.
Me descubro ante quienes saben. Lo digo sinceramente. Pero, aunque alegrarse de la propia ignorancia es lo más estúpido que uno puede hacer, a veces compensa, porque donde los entendidos sufren y se desesperan, yo obtengo disfrute y satisfacción. Por decirlo de otra forma: si sólo aceptase comer caviar me moriría de hambre.
En fin, para cumplir con mi compromiso ante el Forero más Divertido, indicaré que hasta yo noté que el tenor era el talón de Aquiles de la noche, y que el dúo del Acto I había quedado bastante desangelado. No suscribo, a menos que alguien me dé razones para ello, la ubicación de obertura al comienzo del acto segundo; no sé a qué viene. Pero lo demás me gustó, sobre todo fray Guardián (quizá porque me tiran más las voces graves que las agudas) y fray Melitón. La puesta en escena, como bien dice Johnny Guitarr, vale igual para esta ópera que para "La Dolorosa", pero yo prefiero eso, que no aporta mucho pero tampoco molesta, a una puesta en escena desquiciada y aberrante que no valga para ninguna de las dos. El coro, del que me parece que aún no ha hablado nadie, me pareció bien conjuntado, y lo digo no sólo en el aspecto vocal sino, sobre todo, en el de los movimientos en escena.
El "¡Viva Verdi!" del espontáneo al final también lo hubiera gritado yo si no fuese tan cortado en público. Verdi es realmente inmenso.
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