Además del olvido imperdonable de Fleta, el Sr. enciclopédico no ha nombrado a otro gran tenor español de esa época, Antonio Cortis, ni a Lauri Volpi o estupendos tenores como Dino Borgioli, Francesco Merli, Antonio Melandri, Ettore Bergamaschi, Giuseppe Taccani, José Riavez.... y de la generación anterior nada menos, que a Anselmi.
Yo sí tengo más de tres óperas cantadas por Tagliavini
Excepto la frase de Bostridge y Padmore, el escrito de Siddharta es muy lúcido y suscribible. Afortunadamente el "orco" Cura ya es casi historia, ya no canta en casi ningún sitio de nivel y lo hace berreando-declamando-hablando como puede el Canio u Otello, aprovechándose de que no hay tenores spinto ni dramáticos. Yo tuve el dudoso placer de verle en vivo Pagliacci en Viena (en la maravillosa producción de Ponnelle) sustituyendo a Domingo. Eso sí, le abuchee de lo lindo y le grité de todo.
La situación, efectivamente, es paupérrima. Puedes tirar del carismático
Alagna, la voz de tenor más bella y de calidad surgida en los últimos 25 años, bastante recuperadillo respecto a años atrás, para repertorio de lírico pleno y lírico-spinto (ya no los de lírico puro).
Vargas, decadente, aún canta muy bien, pero está sin agudo y ha perdido ductilidad con lo que es difícil que aborde ya muchos papeles belcantistas, que son los más afines. El Rodolfo, Riccardo y Don Carlo le van muy grandes.
Flórez se mantiene como valladar del belcanto, especialmente el Rossiniano. Perdida ya hace tiempo la espontaneidad de los primeros años, siempre excesivamente sacaroso y lineal, pero manteniendo frescura de timbre, extensión y factura del sobreagudo, legato, nitidez en la emisión y fraseo compuesto, aunque no variado. Parece que llega a una encrucijada en su carrera. Al parecer, "cansado" él y sus seguidores (o eso piensan) de sus repetidas interpretaciones de los papeles Rossinianos más adecuados a sus medios, renunciado un repertorio que le iría muy bien (el que más, pero no le daría popularidad o bien, se representa poco) como sería el Settecento (Cimarosa, Paisiello, Mozart), va a encaminarse en papeles de más fuste y que le pondrán en el límite. Veremos.
José Bros se mantiene como referencia en el repertorio Belliniano-Donizettiano, aunque el ensanchamiento del centro y perdida de agudo le están llevando a repertorio de más peso.
En este terreno belcantista, los también españoles
Celso Albelo e Ismael Jordi, con materiales más propios de tenor comprimario, están buscando su hueco. El canario, mediante brillantez en el agudo (aunque sea la mayoría de las veces emitido a la buena de Dios) y una supuesta (desquiciada e insostenible) equiparación con el Maestro Kraus. El Jerezano, apoyado en su apostura física (que cautiva a ellas y ellos) y un indudable buen gusto y finura como fraseador.
Kauffmann tiene sus virtudes (timbre y acentos viriles, agudo desahogado, preparación musical), pero esa voz de Wotan que se ha fabricado hacen difícil incluso encuadrarlo como tenor. Además, de esos pianos blancuzcos y falseteros, la emisión y articulación le hacen totalmente extraño al repertorio italiano que tanto aborda.
Ese repertorio spinto tan maltratado, además de los últimos zarpazos del orco

, está defendido por los italianos
Marcello Giordani y Marco Berti junto a la incorporación del español
Jorge De León. El primero en clara línea descendente, apenas ofrece una voz aún de protagonista y con agudos rutilantes, pero con el centro áfono y fraseo destartalado, cuando no burdo. El segundo es irregular y monótono donde los haya.
De León, un lírico pleno con entusiasmo, ardor y algunas notas altas timbradas y squillanti con gran impacto en teatro, junto con un fraseo de brocha gorda, está decidido a lanzarse sin red por esta senda spinto-dramática tan desierta y aprovecharla, dure lo que dure.