Por cierto, en los resúmenes de ayer me gustó enterarme de cosas que demuestran la eficacia, organización e inteligencia de nuestra delegación, más allá de los méritos de los deportistas laureados o en vías de serlo. Ejemplos:
- los eficaces sistemas de motivación de los/las entrenadores/as del equipo de waterpolo femenino y de la sincronizada.
A las primeras al parecer les pusieron un vídeo de cuando el equipo de waterpolo masculino perdió el oro ante Italia donde pudieron ver comportamientos y actitudes de ambos equipos (el español y el italiano, que obtuvo la victoria) y trasladarlas a ellas mismas y sus rivales húngaras. Más concretamente, Daniel Ballart les contaba que ellos estaban tan nerviosos en la final de los juegos del 92 que se pusieron a gritar antes del partido para tratar de asustar a los italianos, y estos en cambio se mantuvieron fríos y callados y ganaron. Resultó que antes del partido de ayer, las húngaras empezaron a chillar como cerdas en el matadero (perdón por el símil) y ellas se miraron y se rieron entre dientes, pensando: “están nerviosas”.
A las segundas le pusieron un vídeo que se hicieron cuando hicieron el Camino de Santiago juntas que les recordó el trabajo que habían hecho estos años, sus experiencias en equipo, etc. y las motivó para salir, como dijo Delaforce, “a comerse el mundo” y superarse en el ejercicio haciéndolo mejor aún que el día anterior.
- la eficacia del meteorólogo de Marina Alabau, que según ella misma explicaba, le daba un parte absolutamente detallado y preciso de cómo iba a funcionar el viento durante cada momento de sus regatas, con lo que ella se sentía con ventaja sobre sus competidoras.
Bueno es conocer estas cosas para tener más tranquilidad y confianza, sabiendo que los éxitos que estamos viendo no se deben sólo al talento y esfuerzo de sus protagonistas, que, como pasa en el deporte, tienen una carrera efímera, sino que se sustentan en una organización eficaz que igualmente puede apoyar a sus relevos mañana.
