
Cerca del monasterio de Vyšší Brod se levanta sobre el río Moldava un paredón rocoso, denominado “Paredón del Diablo”.
Cuenta la leyenda que el poderoso noble
Petr Vok (1539 - 1611), el último de los Rožmberk, buscaba un día un vado para cruzar el río. Su caballo resbaló y fueron arrastrados por la corriente. Nadie podía ayudarlos. El noble encomendó su alma a Dios. Sin embargo, en el último instante el caballo encontró fondo y consiguió, a duras penas, salir del cauce. En señal de agradecimiento Petr Vok decidió edificar en el lugar un monasterio y se puso manos a la obra de inmediato. Los demonios, que se habían establecido en la región, no comulgaban con la idea. El más experimentado propuso construir un dique para acumular la mayor cantidad de agua posible, rompiendo la presa posteriormente de tal manera que las impetuosas aguas se llevaran por delante monasterio e iglesia.
Esa misma noche los demonios empezaron a acarrear piedras para la construcción del dique. Parecía que nada podía salvar el monasterio porque faltaban todavía varias horas para que amaneciese, momento en el que los demonios perderían su poder. No obstante, en un pueblo cercano se despertó casualmente un gallo y comenzó a cantar. Fue la señal de que empezaba a amanecer y de que a los demonios se les había agotado el tiempo para la edificación del dique. Enfurecidos, abandonaron la obra y el dique inacabado se derrumbó. El agua en el cauce del Moldava subió un poco, pero sin hacer daño al monasterio.

Esta leyenda sirvió a Eliška Krásnohorská (1847 – 1926) como base para el libreto de la octava ópera (última completada) de Bedřich Smetana (1824 – 1884), en el que sería su tercer trabajo juntos, tras
Hubička (El Beso, 1876, a partir de una novela de Světlá) y
Tajemství (El Secreto, 1878):
Čertova stěna (El Muro del Diablo), Ópera cómico-romántica en tres actos, estrenada el 29 de octubre de 1882, en el Divadlo České Nové (Nuevo Teatro Checo) de Praga.
El estreno no tuvo éxito. Algunas dificultades en la puesta en escena, así como diversas modificaciones en el libreto hechas por el compositor sin el beneplácito de la Krásnohorská contribuyeron a que Smetana se llevase un nuevo disgusto, otro más en una vida ciertamente desgraciada. Completamente sordo desde 1874, fue internado a principios de 1884 en el manicomio de Praga, falleciendo pocos meses después.
LibretoPartituraPersonajes:
VOK VÍTKOVIC: Mariscal Bohemio, Barítono.
ZÁVIŠ VÍTKOVIC: Sobrino de Vok, Contralto.
JAREK: Noble Bohemio, Tenor.
HEDVIKA: Condesa de Sauenburk, Soprano.
MICHÁLEK: Mayordomo del Castillo, Tenor.
KATUŠKA: Hija de Michálek, Soprano.
BENEŠ: Un Ermitaño, Bajo.
RARACH: El Demonio, Bajo.

Dos horas y cuarto de una obra muy disfrutable. En opinión de Fernando Fraga, El Muro del Diablo tiene en su totalidad un carácter ambiguo; el texto es de un sarcasmo hiriente, pero la música que lo sostiene es de una dulzura extraña. Texto y partitura parecen ir por caminos distintos. Smetana, perfectamente consciente de esta diversidad, aseguró a la Krásnohorská que su último trabajo siempre sería un enigma. Tal vez tenía in mente a Mozart y su Flauta mágica, cuando podría haber escrito su Falstaff. Lo que sí está por encima de cualquier consideración es que El Muro del Diablo musicalmente representa el más alto nivel expresivo de un compositor en plena madurez. La música posee una intensidad, un calor y una homogeneidad extraordinarias.
La acción de la obra gira en torno a Vok, una especie de holandés errante en broma, a quien sus súbditos quieren casar a toda costa. El diablo Rarach, disfrazado de ermitaño, llega al lugar y encuentra en él terreno propicio para ejercitar su menester de tentador, motivo que aprovecha la libretista para dar un repaso a todas las pasiones humanas, desde el egoísmo del monje Benes hasta la ambición del burgrave Michalek.
Como figura positiva de todo el entramado de personajes aparece la joven Hediska, figura paralela a la santa wagneriana, que redimirá por amor al protagonista.
Acto 2, Escena 1.
Acto 3, Escena 5.
Por cierto, hay que ver qué bonita que es
Český Krumlov, la ciudad de los Rožmberk.
