Esta tarde he escuchado
Le roi l'a dit, ópera cómica en tres actos, con música de Léo Delibes y libreto de Edmond Gondinet, estrenada en la Opéra Comique de París el 24 de mayo de 1873. Una operita entretenida, ligerita, muy próxima a la operetta. Lo más destacado, en mi opinión, el dúo que cantan casi al final
Benoit y Javotte. Eso sí, hubiese preferido otro tenor en lugar de Sénéchal ...

Después, cambio de tercio:
Die Verurteilung des Lukullus, (la condena de Lúculo), ópera recomendada en varias ocasiones por el marqués delaforce, con música de Paul Dessau y libreto en alemán del dramaturgo Bertolt Brecht. La obra consta de 12 escenas, fue estrenada en 1951 y dura alrededor de 100 minutos.

El argumento es el siguiente: Lúculo había sometido las regiones del este, derrocando a siete reyes y aumentando las riquezas de la ciudad de Roma. Un pomposo cortejo fúnebre acompaña su cadáver. Los esclavos portan un friso en el que se representan sus hazañas. Tras el entierro en la Vía Apia, todos vuelven a sus quehaceres cotidianos. Los soldados del cortejo se citan para acudir a un burdel. Un maestro enseña a sus alumnos las proezas del gran conquistador, que las repiten como si estuviesen recitando las tablas de multiplicar. Lúculo espera en la antesala del reino del Averno a que se autorice su entrada. No está acostumbrado a ser uno más, y menos a que le hagan esperar. Protesta, pero es en balde. Antes que él, una anciana es llamada a comparecer ante la audiencia. El proceso no tarda en resolverse; la mujer puede entrar en el reino de las sombras.

El tribunal interroga después a Lúculo sobre los hechos de su vida. A la pregunta de si ha servido a la humanidad o por el contrario ha actuado en su contra, Lúculo no encuentra quién testifique a su favor. El juez de los muertos ordena que traigan el friso, y llama a testificar a las figuras que están allí representadas. Contra Lúculo se pronuncian un rey, cuyo territorio ha conquistado el romano, una reina violada y asesinada por soldados a sus órdenes, dos niños muertos a raíz de la destrucción de una ciudad y una cortesana. El general trata de justicar la destrucción de 53 ciudades por las riquezas y la fama que cosechó Roma como consecuencia de ello. Pero ¿quién es Roma? El juez de los muertos ordena un descanso en la vista.

Sombras recién llegadas, en el otro mundo gentes pobres, se acercan hasta la primera fila y se quejan de la miseria de la vida en Roma. Para acelerar el proceso, una pescadera presenta su queja en nombre de todas las madres. Millares han muerto como legionarios en las tropas de Lúculo. Entonces el cocinero levanta la voz en defensa del acusado, pues ha de agradecerle a Lúculo el haber podido ejercer su oficio como un arte. Un campesino también habla a favor de Lúculo, pues sus tropas trajeron a Italia una rara especie de cerezo. Pero para conquistar el cerezo habría bastado con un hombre, y Lúculo los sacricó a miles. El veredicto: la nada y la destrucción para el acusado.

La obra constituye un hito en la historia de la ópera alemana de la posguerra, y fue un auténtico pelotazo en su estreno berlinés. A mí, sin libreto (no he sido capaz de encontrarlo por ningún lado,

) y habiendo olvidado el poco alemán que sabía, reconozco que se me ha hecho un pelín cuesta arriba, pero bueno, con el resumen del argumento y tal la he ido siguiendo como he podido.