http://open.spotify.com/track/1yCWpaO57hRKiH1nPjO9nu2. Una sangrienta historia: Sicilia, año 1282..."Guerra, morte, sterminio", como gritaría Norma...Más o menos, eso sucedió en los hechos que voy a contar y que sustentan la base histórica de las
Vísperas Sicilianas, así denominadas por los historiadores de común acuerdo. Paciencia, que no fue tan simple como se cree y de ahí la explicación...
a) Precedentes: Sicilia, una fecunda y ambicionada tierra..A comienzos del siglo XI los árabes fueron desplazados de la isla por un contingente de tropas aventureras procedentes de Normandía, que establecieron un reino que abarcaba también el sur de la península italiana. Tras más de un siglo de dominación normanda, el reino de Sicilia pasó por derecho de sucesión a la casa de Hohenstaufen, cuyo heredero -Federico II- era además emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, enfrentado con la Santa Sede desde dos siglos atrás. Güelfos y gibelinos encontraron pues en Sicilia una buena excusa para recrudecer su enfrentamiento.
Federico II era un poderoso monarca contra el que el Papa poco podía hacer aparte de excomulgarlo, pero a su muerte en 1250 Inocencio IV decidió librarse del dominio de los Hohenstaufen en Sicilia y colocó en el trono siciliano a un príncipe güelfo, a un partidario y vasallo suyo. La corona de Sicilia recayó en el francés Carlos de Anjou, hombre ambicioso que pretendía tomar Sicilia como punto de partida para su proyecto: la conquista del imperio bizantino. Pero una cosa es ser nombrado rey y otra muy diferente es ser obedecido como tal...
A la muerte de Federico II, sus sucesores reclamaron la corona siciliana. Muerto de fiebres el hijo y sucesor de Federico II, Conrado IV, fue el trono ocupado por su hermanastro Manfredo, hijo ilegítimo de Federico, contra el que tuvo que enfrentarse Carlos de Anjou para conquistar la isla. Al frente de un poderoso ejército, Carlos avanzó hacia el sur, derrotó a los gibelinos en la batalla de Benevento, donde murió Manfredo, y acabó con los últimos coletazos de resistencia germana en torno al jovencísimo Conradino -nieto de Federico II- al que venció, capturó e hizo decapitar. Carlos de Anjou era rey indiscutible de Sicilia… ¿O no?
b) La relación Sicilia y su rey. Pues no. Apenas llegó a Sicilia Carlos sembró el resentimiento y el odio entre los sicilianos gracias a su actitud arrogante y despótica.
Aplicó una presión fiscal abusiva, obligó a la nobleza a presentarle los documentos acreditativos de sus posesiones territoriales (en una época en la que los pactos se hacían más de palabra que por escrito) y a los que no lo hicieron les confiscó las tierras y se las quedó, trasladando además el centro de poder y la vida pública a Nápoles, con lo cual Palermo quedaba desplazada de esa esfera de poder. Funcionarios, nobles y soldados franceses trataban a la población autóctona con desprecio, ofendiéndola constantemente y obligando a muchos notables sicilianos, entre ellos
Roger de Lauria y Juan de Prócida, a huir de la isla y refugiarse en la corte de Jaime I de Aragón, convirtiendo a Barcelona en un poderoso centro político gibelino.
c) La corona aragonesa. Pintaba y mucho. Jaime I acababa de conquistar las tierras mallorquinas y valencianas y su hijo y sucesor, Pedro (el futuro Pedro III el Grande) había contraído matrimonio en Montpellier con la princesa Constanza de Hohenstaufen, hija del fallecido Manfredo y nieta, por tanto, del emperador Federico II. Es decir: la Corona de Aragón contaba con la legitimidad necesaria para que la resentida nobleza siciliana se aglutinase en torno a los derechos sucesorios de doña Constanza, representados y defendidos por su esposo el infante don Pedro y por su suegro el rey don Jaime. Y estos apoyos, en 1270, eran palabras mayores en la política europea…
Pasaron los años, y mientras se iba consolidando y fortaleciendo desde Aragón esa oposición a la casa de Anjou, el rey Carlos no había olvidado la principal razón que le había llevado a aceptar y defender la corona de Sicilia: la cruzada contra el imperio bizantino y la toma de Constantinopla.
d) Los hechos.Carlos de Anjou, ambicioso, ególatra y arrogante, se consideraba heredero de los grandes príncipes cruzados y pretendía restaurar el Imperio Latino en Tierra Santa. En las aguas del puerto de Mesina esperaban para zarpar a comienzos de abril de 1282 los escuadrones napolitanos y provenzales que constituirían la IX Cruzada de la Cristiandad, esta vez contra Bizancio. Y ahí se esfumaron sus ambiciones...

La leyenda. La chispa se encendió al atardecer del
30 de marzo de 1282, lunes de Pascua, en la iglesia del Santo Spíritu de Palermo, ante la cual esperaba una multitud el toque vespertino para entrar en el templo. Apareció entonces en la plaza una patrulla de soldados franceses borrachos cuyo sargento empezó a molestar a una joven esposa siciliana, pretendiendo abusar de ella con la excusa de que podía llevar un arma escondida entre sus ropas y debía cachearla. Su marido, furioso, arrebató su espada al sargento y lo ensartó con ella. Los demás franceses acudieron a socorrer y vengar a su oficial, pero los palermitanos que allí estaban reunidos eran mucho más numerosos, de manera que les rodearon, les arebataron sus armas y les dieron muerte justo cuando la campana de la iglesia empezaba a tocar a vísperas, lo que explica el nombre con que fue conocida la revuelta: las Vísperas Sicilianas.

La historia verdadera. Lo más probable es que todo estuviese preparado para que la campana de la torre tocando a vísperas fuese la señal para iniciar la rebelión. En cualquier caso, una vez dada la primera cuchillada se produjo una verdadera explosión de ira popular que recorrió primero las calles de Palermo y luego toda Sicilia, dando salida al odio acumulado. Al grito de “¡Muerte a los franceses!” , los palermitanos masacraron a 2000 galos en la ciudad, incluidos ancianos, mujeres y niños. El levantamiento se extendió por toda la isla y sólo Mesina permaneció fiel a los angevinos, si bien sólo por unas semanas.
e) Consecuencias.Las
Vísperas Sicilianas fueron un éxito: cogido completamente por sorpresa, Carlos de Anjou tuvo que huir de Sicilia y los rebeldes obtuvieron la independencia de la isla que, en un principio, pensó ser administrada por un gobierno republicano a través de comunas o ciudades libres, a la manera de las repúblicas italianas del norte (Florencia, Pisa, Siena, Milan,Venecia…), pero pronto la amenaza de un retorno del rey expulsado hizo necesario ofrecer la corona a un rey que la defendiese. Y los sicilianos decidieron ofrecérsela al que desde 1276 era rey de la Corona de Aragón, don Pedro III y su esposa doña Constanza Hohenstaufen. La solución contó con el apoyo mayoritario de toda la población siciliana, de todas las clases sociales.

La guerra entre franceses y aragoneses por la posesión y control de Sicilia fue larga, costosa y complicada, y en ella no hubo un vencedor claro. La compleja política de alianzas y contraalianzas llegó a producir situaciones como un enfrentamiento entre la Corona de Aragón y la de Sicilia. En esta guerra brillaron unos guerreros: los almogávares, tropas mercenarias que se enfrentaron con gran éxito a los caballeros franceses en los numerosos escenarios de estas vísperas sicilianas, encabezados por capitanes extranjeros como Roger de Flor o el de Lauria, entre otros. Pero esta, ya es otra historia...