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Como estuve el 28 pasado, aquí dejo mis notas al respecto:
Iolanta (P.I. Chaikovsky) Persephone (I. Stravinksy) Teatro Real (Madrid). 28 de Enero de 2012 Iolanta: Ekaterina Scherbachenko / Rey René: Dimitry Ulyanov / Pavel Cernoch: Vaudemont / Roberto de Borgogna: Maxim Aniskim / Ibn-Hakia: Willard White / Marta: Ekaterina Semenchuk / Brigita: Irina Chulirova / Laura: Leticia Singleton Persephone: Dominique Blanc / Emolpe: Poul Groves Coro Intermezzo y Orquesta Sinfónica de Madrid. Dirección musical: Teodor Currentzis (Iolanta) / Vicente Alberola (Persephone). Dirección escénica: Peter Sellars. Cal y Arena. Ultimamente estoy buceando mucho en el repertorio lírico o eslavo en general, y no hago más que descubrir tesoros. Por supuesto, no tengo ni papa del idioma ruso, checo u otros en que estén escritos los textos, pero la propia fonética y calor del idioma es el conducto ideal del melodrama romántico escrito en esas áreas de helado clima. Qué mejor abrigo que esa inspirada orquestación o lo idiomático de su libreto, con esas voces eslavas tan características o esos coros que a buen seguro un buen trago de vodka es la mejor pastilla para traducir este maravilloso patrimonio de la ópera al que se circunscriben desde un Chaikovsky o Mussorgsky a un Shostakovich, pasando por un Prokofiev o un Janacek, a través de una evolución natural y suave, fiel a un patrón de expresión. Hace apenas un mes disfrutábamos en el Real de un temperamento lírico similar con una magistral ejecución de "Lady Macbeth de Minsk" (Shostakovich), que pese a estar escrita mucho después y con evidentes cambios estilísticos y apuestas armónicas, sí se percibe esa idea e intención lírica de fondo de forma muy similar. No conocía la ópera "Iolanta". Precioso argumento, estructura exacta, personajes dibujados con esmero, situaciones descritas con sensibilidad digna de las mejores plumas musicales, como es la del Chaikovski más inspirado y dramático, notable sobre todo en el adagio final de su sexta sinfonía. Con tales armas pintó con notas la historia de una joven aislada del mundo, por la que el oyente siente compasión y le eleva el corazón en un final feliz que por desgracia no fue el caso de su creador. El formato de la obra es muy “a la italiana”, se suceden arias, previos a arias que podrían asimilarse al llamado “recitativo”, hay dúos, tercetos, números corales, concertantes, y una introducción orquestal muy original, sobre todo el inicio, manejándose solo los instrumentos de viento con melodías celestiales, hasta el muy tardío ensamblaje con la cuerda. Destacable de todo ello el aria del “Rey René” y la del curandero moro “Ibn-Hakia” (esta quizás más un "arioso") o la romanza a su amada de “Roberto de Borgogna”, el dúo romántico de los dos protagonistas (que siguiendo con la analogía italiana culmina en algo similar a la idea de cabaletta), y la grandeza del concertante final. Según parece, en la representación de Madrid, se ha añadido un gran número coral a capella procedente de otra partitura de Chaikovsky. El coro es fantástico pero sin desmerecer su sobrecogedora calidad, no parece sumar nada que fuera necesario a una partitura lírica que ya viene equilibrada, con contenido, y completísima como ópera. Ni siquiera de duración, ya que unos 90 minutos viene a ser un tiempo normal para una función de ópera, no pide más ni menos. Es precisamente este perfecto equilibrio el que nos deja completamente "atónitos" por la aparición en programa de otra obra más, que junto a la magistral de Chaikovsky conformó un “doblete”, algo raro, pero que sí suele hacerse entre títulos más cortos o algunos concretos en los que la tradición así lo ha prescrito como son el archiconocido binomio de “Pagliacci” y “Cavalleria” o la terna pucciniana de “Il Tabarro”, “Suor Angelica” y “Gianni Schicchi”. Pero en este caso, la cosa no va más allá que una caprichosa “mortierada” que lejos de sumar al brillante resultado de la “Iolanta”, le resta, y mucho. "Persephone" es una obra con texto francés, cuyo parecido, nexo o excusa para emparejarla con “Iolanta” es pura coincidencia. Para empezar, pese a ser de Igor Stravinksy, rompe completamente con esa sensación envolvente de la lírica eslava. Nos vemos ante una obra que ni es ópera ni lo espera, un experimento musical estrenado en los años 50 parisinos para satisfacer a los más cotillas del Garnier a ver una bailarina de renombre hacer declamaciones con música de fondo. En ausencia de tal anécdota, en interés del tema cae directamente al cero. Musicalmente, pese a que la cosa no va más allá de 50 escasos minutos, el ladrillazo de Stravinsky es magna tela, aburre a las ovejas, cabras y gallinas, y lo que es más penoso es que de haber salido del recinto exaltado de romanticismo y con ganas de repetir asistencia al día siguiente, te quedas con la triste sensación de haber perdido casi una hora de vida. Cal y arena. Pasemos a los intérpretes. De los de “Persephone”, estamos ante una de esas partituras que sinceramente, ora esté el mejor cantante del mundo, ora el peor, poco o nada vamos a notar el resto de los morales, así que pasamos página, eso sí, comprometiéndose uno a escuchar la “Consagración de la Primavera” y sus ragtime en casita los próximos días para poder olvidar cuanto antes esta obra y hacer debida justicia a un gran creador musical como fue Igor Stravinsky. “Iolanta” como gran ópera tiene mucha miga canora, e implica cantantes de verdad, como pasa siempre con los grandes títulos de oro del género. El bajo Dimitry Ulyamov (“Rey René”), fue el cantante más destacable, dejó claro que su medio vocal era el más rico tanto por su amplio caudal como ese calor tímbrico apropiado, ese aliento a buen “vodka” que desprenden esas pastosas voces graves eslavas cuando se ponen a ello. Ekaterina Scherbachenko realiza una “Iolanta” juvenil, apasionada por momentos, con un bello instrumento y línea clara, pero sin llegada contundente al agudo. Destacable también su talento teatral. El doctor “Hakia” fue encarnado por el ilustre Willard White (memorable su “Porgy” en la reapertura del Real), de voz algo erosionada y leñosa pero con mucha carne. Maxim Aniskin, "Robert", tiene escuela y quizás refinamiento, similares activos a los que porta el tenor protagonista Pavel Cernoch ("Vaudemont"), pero a ambos les falta llegada vocal y huella interpretativa. Las féminas asistentes de “Iolanta” empastan de forma ideal en sus bellísimas intervenciones a trío. El coro estuvo brillante, tanto el mentado y exigente añadido, como el puramente incluido en la obra, enorme trabajo y oficio; tampoco cabe duda del tremendo esfuerzo que les ha debido implicar para la “Persephone”, pero ahí queda tal inversión en agua de borrajas, pero no es culpa de ellos/as ni de su maestro. En cuanto a la dirección musical, el joven Teodor Currentzis sacó la mejor pátina de la orquesta madrileña, participativa a inspirada. Bellísimos, por cierto, sus gestos direccionales. La “Persephone” no la llevó él, si no su asistente Vicente Alberola… (favor o castigo? ). Finalmente, en el aspecto visual funcionó la teatralidad impuesta por Peter Sellars que no firma aquí un trabajo especialmente rebelde como suele hacer, si no una apuesta minimalista más que resulta válida y muy digna. Más allá de purismos, al responsable escénico se le exige que su trabajo para con la obra sea legible, claro y bueno como guía incluso para los que como servidor, nos poníamos por vez primera ante esta ópera. Si esto funciona, y es lo importante y difícil por encima de cualquier cosa o tendencia, su trabajo merece un bravo, y si no merece un reproche. Funcionó bien, así que bravo por Sellars, con su pinta de Pumuki y todo. El público ovacionó y braveó la función de Chaikovsky, y dio tímido y gélido aplauso de desagravio acompasado con algún pateo la obra de Stravinsky: totalmente lógico. Cal y Arena. Para finalizar, en otro orden de las cosas, agradecer de forma muy positiva al Teatro Real la inclusión del idioma inglés además del español en las traducciones simultáneas, esperemos se perpetúe tal decisión, así como el nuevo look de los acomodadores que reemplaza al rancio previo y de olor a naftalina. Sin embargo, continuamos recibiendo un ofensivo papelajo como programa de mano, encima la mitad de publicidad, y de lo escueto y poco interesante de su contenido concluimos que estamos muy cerca de que un día nos den una servilleta de papel en la que ponga a boli “Hoy, aquí, ópera; toca la orquesta y cantan los cantantes”. Cal y Arena. NICO
_________________ Harmoniously, NICO
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