La OFM cierra su serie dedicada al Mahler de la trilogía final, iniciada en septiembre con la Novena.
La orquesta sigue demostrando su buena disposición hacia esta autor, puesto que todas las Sinfonía en los últimos años (Cuarta, Novena, Décima y "Canción") se cuentan entre los mejores conciertos ofrecidos.
http://www.teatrocervantes.com/es/gener ... taculo/940Este conunto tiene muchos problemas para ofrecer el sonido de Mendelssohn, Bruckner o Brahms pero debe de ser que en Mahler el trabajo de cada sección basta y no se precisa un legato orquestal tan bueno como en los Románticos.
Dirigió Juanjo Mena mostrando varias ideas claras: esto no está hecho para sonar bonito, lo cual se agradece cuando la tónica es un Mahler de timbres bellísimos y puliditos, y es deseable un extra de convicción que roce la histeria. Un Mahler áspero, conscientemente terrible, a veces un poco demasiado conscientemente (transiciones lentas y con las voces más siniestras destacadas) . Buenas elección de tiempos, acentuando la ligereza en las canciones del tenor y la solemnidad de la "Despedida", quizá un poco caída hacia el final. En el "Trinklied" incluso consiguió una cuerda (la sección habitualmente más floja de la orquesta) intensa y enérgica. Apuntó con fortuna el tono febril de este número.
Tenor de la nueva escuela canaria que parece estar establecida: ignorancia del redondeo de vocales en el pasaje, a partir de donde se limita a nasalizar y a estrechar el sonido. Voz endeble, con mucho vibrato y evidentes defectos de apoyo y legato (las frases "Dunkel ist das Leben, ist der Tod" salieron siempre a trozos y en otros momentos la impostación se perdía). Por supuesto, el "Trinklied" imposible, y eso que cantaba desde el borde del escenario con la orquesta detrás, gallito incluido que no se notó mucho porque el timbre ya es chillón. Del sentido que le diera a los sonidos y palabras no sabría qué decir.
Iris Vermillion es una soprano corta que accede a la tesitura con resonancia falsa. Algunas frases fueron ventrílocuas y la zona alta está desgastada. La voz es discretita, aunque aún se percibe un color agradable en la franja media-alta tras el moderado velo que la cubre. Sin embargo es una profesional competente en cuanto a legato y acentuación musical y poética (otro mundo comparada con el tenor). Consciente de que su extremo alto carece de metal, el director la protegió demasiado en las frases grandes que acompañan los violines. Emocionantes minutos finales con una intérprete implicadísima e íntima. Por cierto que cantó la "Abcshied" descalza, generando cuchicheos irrefenables entre el público más provecto.
En la primera parte se ofreció el Adagio de la Décima, cosa que no figuraba en la programación. No sé si es cosa de la música o no, pero los motivos de violas y violines sonaron un poco edulcorados, en plan banda sonora de Korngold. Sin embargo el famoso pasaje del acorde de nueve notas creó una eficaz impresión de desasosiego.
No servirá de nada, pero yo vuelvo a quejarme de la organización. Aparte del error del Adagio de la Décima no anunciado en la web, no parece que recibo que siga siendo imposible empezar un concierto a su hora y que uno eche una hora entera en el teatro para escuchar sólo 23 minutos de música gracias a la inevitabale pausa de media hora. Al público hay que disciplinarlo un poco.
Por cierto que la crisis se ha cobrado los programas de mano, reducidos a un díptico. Y se han escuchado rumores: el año próximo no habrá ópera.