Yo he estado esta tarde, y en general coincido con lo que se ha dicho por aquí de que la función no acaba de prender por falta de tensión y de atmósfera. Para empezar, creo que un teatro como el Real no vale para una ópera recogida como ésta. Y por otro lado, la puesta en escena, bonita y funcional, peca de “racionalidad”. Le falta la fantasmagoría e irrealidad que pide la obra. Esos cambios continuos de muebles a vista por medio de unos figurantes, las salidas y entradas de los personajes, y esas apariciones de los fantasmas en plan “Hola, buenas tardes, soy el fantasma”, desconcentran y restan capacidad de sugerencia y poder atmosférico. Y en parte falla también el foso que, aunque la orquesta suena en general bastante bien (si bien con un comienzo pelín seco), está falto (como ha apuntado Carestini) de mayor incisividad y contraste en algunos momentos. En una palabra, que está falta de teatralidad.
Los cantantes cumplen con correción, aunque sin deslumbrar. Emma Bell, con la voz destemplada que se conoce, funciona en un personaje como éste. Ainsley, mientras canta en la zona central, da el pego. Otra cosa es cuando tiene que ascender por la tesitura (afortunadamente pocas veces) donde el desastre, a partir del paso, es absoluto. Bastante mejor la McLaughlin, aunque en la parte alta ya se nota el paso de los años. Aceptable el resto, excepto el niño que interpretaba a Miles que era para salir corriendo. Y los graves de Daniela Sindram, que interpretaba a Miss Jessel, se aceptan porque hacía de fantasma, porque aquello de persona normal no era.
