Crónica (lamentable,penosa,patética) de Roger Alier
Espectáculo
Lulu Autores: Alban Berg, sobre texto propio basado en obras de Frank Wedekind. Intérpretes: Patricia Petibon (Lulu); Julia Juon (Condesa Geschwitz); Ashley Holland (Dr. Schön/ Jack el Destripador), etc. Orquestra Simfònica del Liceu. Dir.: Michael Boder. Dirección escénica: Olivier Py. Escenografía y vestuario: Pierre André Weltz. Luces: Bertrand Killy. Producción: Liceu/ Grand Théâtrede Genève. Lugar y fecha: Gran Teatre del Liceu (3/ XI/ 2010)
ROGER ALIER
El Liceu se sometió a la dura experiencia de presenciar la ópera inacabada de Alban Berg en su versión completada por Friedrich Cerha (que tuvo que esperar a que muriese la viuda de Berg, Hélène, que se negaba a que la concluyesen) y que ya se había visto en nuestro teatro en 1987. Dura experiencia, porque, al revés que Wozzeck, la otra obra de Berg, que nos narra de modo muy formal y esquematizado un drama humano de gran calado, Lulu es un amasijo de escenas bastante inconexas en torno al supuesto atractivo de una mujer fatal y sus efectos demoledores sobre quienes entran en contacto con ella (incluyendo una condesa lesbiana).
Se había anunciado por otra parte que la representación podía "herir la sensibilidad" de algunos espectadores, pero visto el modo grotesco en que se desarrollan las escenas de "sexo duro" ante el público - ya adulto-del Liceu, más bien parece haber sido un truco publicitario. La sala se llenó bastante (no así los pisos), aunque en el tercer acto hubo una huida masiva y el público pudo apreciar la extraordinaria movilidad de la escenografía, aunque hay que señalar el efecto negativo de las luces (brillantísimos neones) y un vestuario basado en el rojo que dificultaba en el primer acto seguir la verborrea argumental.
No olvidemos que la obra fue compuesta en 1935 y tiene tanto de contemporánea como los trajes de mi respetable abuelita; la obsesión por la inflación alemana todavía colea, así como la moral que reina en sus personajes. La obra refleja el conflictivismo de la Alemania de la época (se le escapa a Berg algún comentario despectivo sobre judíos y negros), y exige mucho del espectador que pueda colegir algo de ese caótico argumento. Como Berg sigue el lenguaje dodecatónico de su maestro Arnold Schönberg, pero lo dulcifica un poco, la música no resulta atractiva pero tiene pasajes en los que pudo apreciarse la buena labor del director Michael Boder, que puso todo su empeño en lograr un efecto consistente.
En el papel principal (que ya se ha cargado alguna voz en otros tiempos) se distinguió Patricia Petibon, que debutaba en el Liceu y que interpretó a la caprichosa protagonista con enorme esfuerzo vocal y un sentido dramático muy loable. En la medida en que puede apreciarse el canto en esta obra, se valoraron también Julia Juon como condesa, Ashley Holland como Dr. Schön y, aunque resfriado, el Alwa de Paul Groves. Señalemos el buen Schigolch del veterano Franz Grundheber y la eficacia de la mayoría de los otros cantantes. Algún exceso hubo en el vestuario (el lamé doradísimo de Lulu en París, y el traje de Papá Noel para Jack el Destripador) quedan compensados por la buena labor de Olivier Py, que debutaba en el Liceu y no merecía el intento de abucheo de un pequeño sector del teatro.
http://www.lavanguardia.es/premium/epap ... 96554.html
El desconocimiento, la ignorancia, unidos a su característica petulancia. Alier en estado puro. Sería deseable que este caballero limitase sus comentarios a lo que conoce, la ópera italiana, y no se adentrase por territorios ignotos para él.
En el tercer acto, un periodista (vaya por Dios) le dice al banquero:
Jetzt kriegt er kalte Füsse, der Saujud!
(Excuso la traducción)
Y en la respuesta del banquero se anota en la didascalia:
sich an die anderen wendend,mauschelnd
(imitando el acento yiddish)
El comentario y la anotación fueron la razón que adujo Schönberg para negarse a completar el tercer acto inacabado.