Tras la reposicion anteayer (7 de enero) de La Fille du Regiment por Florida Grand Opera uno tiene sentimientos mixtos. Por un lado quiere agradecer el regreso de una obra no vista localmente desde 1973 y que hoy dia se considera de repertorio. En una deliciosa y brillante pieza en la mejor linea de las comedias donizettianas, que ademas es vehiculo de lucimiento de dos estrellas.
Por otro lado dado el resultado de una acercamiento completamente equivocado a la obra uno se pregunta si valio la pena. La totalidad de la produccion se creo y desarrollo teniendo en cuenta un sector muy especifico del publico al cual estaba destinada, se apunto al exito facil con ese sector del publico y en ello se lograron las metas. Fue un exitazo. Exitazo con el cual comparto muy poco.
Una vez mas y peseme como me pesa, debo centrarme en la figura que deberia ser del director de escena pero que se ha convertido en el Kaiser (incluso por encima del director musical) en el mundo operistico. Dorothy Danner se llama la culpable en este caso.
Para empezar, la Sra. Danner se permitio lo que hasdta ahora nunca habia visto hacer en una produccion operistica salvo en la Turandot que firmo Nuria Espert. Se cambio el final de la obra. Pero aqui se escribio texto nuevo que convirtio la comedia de enredo en un asunto de bebes cambiados que riase usted de Il Trovatore. Resulta que en su dia la Duquesa de Krakenthorp tambien tuvo un encuentro amoroso con el Capitan Robert, fruto del cual nacio un niño. Ambos bebes estaban a cargo del padre, que al morir ordeno a Hortensius, su asistente, a llevar la niña a un convento de monjas, donde seria educada en la regla del mas riguroso silencio, y el niño al regimiento, para ser criado por los soldados. Hortensius confundio los niños y al final se descubre todo el pastel, con lo que Marie y el Duque son hermanos, haciendo imposible la boda, sus madres no son damas tan honorables dando via libre al enlace de Marie con Tonio. Admito que me rei con el sorprendente desarrollo de la trama, digna del propio Scribe. El problema es que se tomaron demasiadas libertades para llenar la accion y salpicarla de humor judio. Este es un tipo de comedia diferente, y ese tipo de humor no cabe aqui. El resultado fue una sensacion de vulgaridad y aburrimiento de la cual apenas se salio en toda la noche.
A ello se ha de añadir la escenuficacion. En primer lugar, es tan dificil hacerñes comprender a los directores que las oberturas no son pegotes que haya que escenificar? La obertura es una pieza sinfonica que precede a la opera y los operofilos la disfrutamos por si misma. No hay ninguna necesidad de escenificarla, mas cuaando va en contra de lo que luego se vera y cuando se genera tanto ruido que imposibilita disfrutar del trabajo orquerstal. Las oberturas pueden escenificarse (de hecho casi siempre es necesario) en locales abiertos donde no hay telon para crear el primer cuadro. Pero siempre se corre el riesgo de resultar intrusivo. Quizas es hora que los directores de orquesta se empiecen a imponer y no permitan que su trabajo se empañe con accion escenica.
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Luego la produccion en si. Tanto los decorados como el vestuario eran de brocha gorda . El vestuario es muy parecido si no el mismo que se ve en el video del NYCO. Esos pantalones fucsias de los hombres son de escandalo. Hay tantos colores en escena que parece que estemos viendo trabajar una troupe de payasos en un circo. Los decorados no eran mucho mejores y la iluminacion en que imperaban los palidos tonos dorados y marrones no ayudo, faltando calidez y sensualidad.
El desarrollo de la accion se baso en efectos y ticks repetidos (el de la bufanda entre la Marquesa y Sulpice se repitio hasta la saciedad y casi no funciono en ninguna de ellas) y no existia la verdadera gracia y diversion. En una obra como esta se ha de trabajar con los personajes Y EL TEXTO para encontrar el verdadero humor. La artista a cargo del personaje protagonista carecia de gran personalidad, pero creo que un buen director y un trabajo inteligente hubieran obtenido mejores resultados. Y desde luego todoas esos recursos de humor judio estaban fuera de lugar y todos hubieramos estado mejor sin ellos. No tengo nada en contra del humor judio y mas de una vez me he reido y me rio con el. Pero aqui no tiene sitio.
La direccion musical corrio a cargo de Peter Leonard, que obtuvo cierto rendimiento y brillo de la orquesta. El coro sono bien. Uno apenas pudo apreciar su labor enmascarada en la astracanada que ocurria sobre la escena, pero al menos cabe el consuelo de saberq ue el coro esta en buenas manos (tienen grandes intervenciones la proxima temporada) y que este año la orquesta parece funcionar mejor a pesar de algunos fallos del viento
Chen Reiss fue Marie. La suya es una voz de autentica ligera, muy asoubrettada, sin muco color y con facilidad al sobreagudo (a pesar de que uno le salio evidentemente calado). La voz no es grande, pero se proyecta bien y tiene facilidad para la coloratura. El problema es que la artista carece de personalidad. Su prestacion quedo vulgar (el personaje lo es, una vivandiere, pero la artista no puede serlo) y plano. No es ciertamente timida en escena con lo que una mejor direccion la habria ayudado mucho. Cuando Maria aparece la escena se ha de iluminar y transmitir la sensacion de una diva divirtiendose. Este no fue el caso.
Tengo entradas para una funcion mas y lo unico que me estimula a regresar es el Tonio de John Osborn. La suya es una voz de lirico ligero mas bien seca y sin una particular belleza. Pero canta con gran elegancia y linea en la mejor tradicion belcantistica... y se dispara esos dos agudos con una tranquilidad pasmosa. En el ultimo hace una variacion con subida a re bemol y regreso al do que deja al oyente asombrado y entusiasmado. Y luego canta la bellisima aria del segundo acto con una linea, belleza y elegancia que solo los mas grandisimos nombres asociados a este rol pueden superar. BRAVO!!!
Timothy Nolen es un gran cantante de caracter y su Sulpice escenificado diferentemente podria ser modelico. Lo mismo aplica a la Marquesa de Joyce Castle que tiene la voz perfecta para la parte. Otro director le haria sacar maas punta al papel y lo haria mas divertido. Se perdieron muchas oportunidades para ello, por ejemplo, en la escena de la leccion. Libby George se encargo de la expandida Duquesa de Krakenthorp y David Crawford del ahora muy importante Hortensius. Hicieron lo que pudieron pero no encontraron el tono adecuado que faltaba en la produccion. Y para no avergonzarlo publicamente me reservo el nombre del comparsa que encarno el Duque de Krakenthorp.
En pocas palabras, fue un acercamiento completamente equivocado a una de las comedias mas deliciosas del genero operistico.
HAPPY LISTENING / FELIZ ESCUCHA /FELICE ASCOLTO / FELIÇ ASCOLTAR
Luis Angel Catoni
barbiere@bellsouth.net
Ho da fare un dramma buffo e non trovo l'argomento.