Mi breve crítica del Acto I, teleservido ayer:
–Como ya era de esperar,
Plácido NO es Rigoletto, por más que se empeñe en demostrar que lo canta

, y por más que soborne con jamones a Papagena para que lo defienda de nuestras iras.

Que no suena a barítono, ya se sabe, porque no lo es. Festival de graves escamoteados, escandalosa su ausencia en "Quel vecchio maledivami", y vergonzoso "Pari siamo". Y muy llamativo su abuso del
ritardando, para lucir los sonidos que aún le salen timbrados, inflándolos con los pertinentes
crescendi fuera de lugar para que todos los oigamos bien.
Creo que le salió mejor el experimento Boccanegra; dentro de sus problemas, resultaba más convincente.
–Me gustó mucho, pero mucho, la soprano
Julia Novikova en una Gilda que hasta responde físicamente a la imagen frágil del personaje. El timbre es bonito, y los agudos suenan limpios y colocados, aunque se echó de menos alguna
puntatura admitida por la tradición. Hubo alguna toma que no la favoreció demasiado: cuando está sola en mitad del jardín, daba una imagen entre despistada, algo boba y
zombie.
–El petardo de los petardos fue
Vittorio Grigolo, que desmereció por completo como Duque. No sabe cuándo ni dónde respirar, apuradísimo en el "Questa o quella" y en casi todas sus intervenciones. Un timo.
–
Ruggero Raimondi también debería dejarse de estos juegos florales como bajo profundo. Su Sparafucile no asusta a nadie, como no sea por lo mal cantado que fue. El Fa grave…
–A pesar de lo dicho por otros foreros, los
tempi en la orquesta me resultaron raros. Para mí, faltaba nervio.
–En la fiesta del principio, el coreógrafo se "lució" del todo. Verdi no aspira a que su música de baile recree, ni siquiera recuerde vagamente a la del siglo XVI. Pero desde el punto de vista del movimiento en escena, esto puede resolverse de una manera más inteligente, sin poner al personal a bailar una polka del XIX, que era lo que se veía allí. Muy mal. Y las embobadas damas que van acercándose al duque… pfff…
Por otra parte, el vestuario en la fiesta tampoco resultaba muy conseguido, y sí algo vulgar. La Contessa di Ceprano, la más vulgar del muestrario. Poco ó nada aristocrática.
–Las localizaciones son muy bonitas, como no podía ser de otra manera. Eso sí, parece que la profesión de bufón en Mantua era muy lucrativa a juzgar por la preciosa casa de Don Rigoletto…
En resumen:
1) Que sigo viendo hoy los Actos II y III, a ver en qué para todo esto.
2) Que a pesar de todo,
Rigoletto es maravillosa y lo será eternamente. Siempre se me caen las lágrimas en el duo con Gilda, cuando él recuerda que la madre de ella fue la única persona capaz de amarlo, "solo, difforme, povero…".
3) En la "Vendetta" espero a Plácido…
