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A mí esto del Boccanegra y del Rigoletto de Domingo me da pena.
¿Qué Domingo tiene 50 años de carrera y es un coloso, y por tanto puede hacer lo que quiera?. Sí. Y también podría pararse debajo de la Torre Eiffel vestido de payaso, y bajarse los pantalones. Y allí estaría la prensa para seguirlo, y habría seguro público que pagaría entradas para ver el espectáculo. Así que eso no me dice nada.
La pregunta , dejando a un lado el ejemplo grotesco que he puesto, y centrándonos nuevamente en Boccanegra y Rigoletto, es: ¿lo que está haciendo Domingo es serio? ¿Hace un buen servicio al compositor y al arte lírico? Y no me refiero a la demagogia de si un incauto va y oye el Rigoletto de Domingo y después compra la grabación de MacNeil y finalmente llega a la iluminación. Me refiero a servir a la partitura, al papel que está cantando, con un mínimo de objetiva decencia.
La respuesta, para mí, es negativa.
No he visto el Boccanegra de Domingo en el teatro (a lo mejor lo veo y acabo disfrutándolo), pero lo que he escuchado en las grabaciones es un tenor viejo, que todavía sorprende porque pueda cantar así a la edad que tiene, pero más nada. Un tenor queriendo pasar por Boccanegra, haciendo uso de mil trucos para salir adelante.
¿Que pueda ser preferible escuchar el Boccanegra de Domingo al de alguno de los barítonos "genuinos" de la actualidad?. Tal vez. Pero eso no habla de las bondades del Boccanegra de Domingo, sino de lo mediocre del panorama actual.
Francamente, no me imagino a, digamos, Giuseppe di Stefano en 1967, llamando por teléfono a Rudolf Bing diciéndole. "Rudolf, chico, tú sabes que yo perdí mis agudos hace rato, pero vamos a hacer una cosa: ¿por qué no me dejas cantar un par de Boccanegras en tu teatro, a ver qué tal, y después si sale bien, le damos con Rigoletto?". ¿Ustedes se imaginan eso?. Claro, Rudolf Bing tenía en su haber a MacNeil, al joven Milnes, al veterano Merrill, a Quilico (nunca santo de mi devoción, pero el tipo tenía un vozarrón) y habría tenido a Cappuccilli si hubiese querido, así que podía colgarle el teléfono a Pippo sin ningún problema. Vender las localidades no habría sido problemático, porque a dichos barítonos los podría haber acompañado con un Bergonzi, un Tucker o con el propio Domingo unos añitos después, un Ghiaurov, un Tozzi, un Siepi, y con una Caballé, Freni, Tebaldi, Scotto, Price (no todos los cantantes mencionados, sobre todo las mujeres, cantaron el papel en la era Bing, pero habrían podido hacerlo si se les llamaba).
Que a los administradores de las casas de ópera actuales les parezca fantástico un Boccanegra o un eventual Rigoletto de Plácido Domingo, habla a las claras de la decadencia del canto operístico, y de la pérdida de la seriedad de todos los jugadores en este mundo de la lírica.
Cierro con una anécdota de la vida real. En 1973, ya retirado Bing del MET, y habiendo asumido la dirección Schuyler Chapin (después del trágico fallecimiento del que iba a suceder a Bing, Goeran Gentele), Chapin llamó a Renata Tebaldi para decirle diplomáticamente que su registro agudo ya no era funcional, y que no sería contratada para nuevos papeles de soprano. El sujeto tuvo la brillante idea de decirle a Tebaldi que por qué no exploraba la posibilidad de cambiar de registro y dedicarse a cantar papeles de mezzo. Tebaldi se paró sin decir una palabra, se enrolló en su abrigo de piel y salió de la oficina. Termino su relación con el MET y un par de años después se retiró. Nadie vio a Tebaldi cantando Azucena, Eboli o Amneris.
Eso es lo que hacen los artistas serios.
Yo admiro a Domingo por muchas cosas, pero creo que ya se está pasando de rosca.
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