Vamos con la Jenufa de marras con un poco más de calma.
Baja entrada (menudo farol lo del periódico de que apenas quedaban localidades) para lo que estamos acostumbrados en óperas en viernes. Lo más florido de la crítica nacional en el Hall. Perlas, boas, encajes, fermosas mozas, mucho glamour y la gente pimplando más de lo acostumbrado al descanso.
Incertidumbre. Se notaba que los espectadores habían ingerido Tanagel por barriles para estar preparados.
Empieza la música. Sinceramente, lo del xilófono rompedor parecía sacado de una composición de Mancini. Bueno, como soy un ignorito lo pasaremos por alto.
El montaje. Tierra. Sacos de tierra. Carretillas de tierra. Pensamiento inquisitorial: ¿será la misma tierra en todos los montajes o la compran en el Leroy Merlin en cada ciudad? Siguiente pensamiento inquisitorial: menuda lata tener que lavar toda esa mugre entre cada función para que parezcan limpitos.
Además de la tierra, piezas de la casa rural de Playmobil que resultan monas vistas desde arriba, pero que llenan de incertidumbre a los espectadores del patio de butacas, que no se enteran de la misa la media. En medio, un romero (pensamiento inquisitorial: los romeros de los montes le besan la frente, y está ornado de amapola y aceituna), dos sillas y un caldero vacío, uno con patatas y otro con agua. ¿Por qué las patatas, cuando el montaje es más desnudo que un San Sebastián? Libertà e patate, que dicen en Andrea Chenier...
Ni fu, ni fa, sinceramente. Cuando en la hermosa escena final se pone a llover, lo primero que se me pasó por la cabeza fue el castañazo que se iban a dar como resbalaran en el barro...
Empieza el canto. La amabilidad del checo sorprende a más de uno. Entre los sorprendidos, un ciudadano situado en la última fila del anfiteatro, exactamente 5 sitios por delante y a la izquierda de Monseñor, que se sacó una flema (la primera de la noche) de las que hacen época.
Conclusión inquisitorial: para cantar ópera checa no hace falta una buena voz. La parte aguda de la voz de Amanda Roocroft es de juzgado de guardia. Por lo demás, canta bien, se mueve muy bien por la escena, hace un personaje muy muy muy creible
Siento disentir de Bel667 en la valoración de Josephine Barstow. Es una gran actriz, y maquillada parece más fea que Belcebú. En los dos primeros actos su voz se limitó a un pito repugnante que en el gallinero no se oía apenas (otra característica de la ópera checa, aunque no se te oiga arriba sirves). En el tercer acto, de repente, sacó la voz que le queda, con lo que mejoró la valoración. Eso sí, sigue siendo la voz cansada y en ocasiones gritona de una mujer que ya está mayor. De ahí mi sorpresa ante lo puesto por escrito por el cronista local, señalando que no grita ni sobreactúa...
Entre los hombres, ex-tra-or-di-na-rio el Laca de Stefan Margita. Buenísimo. Impecable. Braveado por Monseñor, en un arrebato de emoción.
Ian Storey, como el antipático Steva, no gozó tanto de mi aprobación. Notable parecido con Tim Robbins en Alta Fidelidad. Si alguien le hubiera pegado con un teléfono me habría reído mucho.
Secundarios, un tropel. Unos dignos, otros no tanto. Intentar valorarlos individualmente debe estar entre las tareas de reserva de Hércules.
El coro cumplió. Hermosa canción folkórica con baile sicalíptico.
Pocos desnudos.
La orquesta, para mí impecable. Pero claro, insisto, no conozco la obra.
Valoración general: satisfacción. Sé que puedo volver a ver un Janacek sin atiborrarme de Tanagel (que todavía me duran los efectos, y es muy incómodo). Infinitamente mejor que Elektra. Cienes de veces mejor que Tannhäuser.
Eso sí, addio Jenufa, soave sia il vento que te lleve lejos de mí. Si alguien está interesado en adquirir una versión en DVD que se ponga en contacto conmigo
