Una velada llena de sorpresas en el Teatro de la Zarzuela.
Dado que tenía una cena de negocios con unos señores centroeuropeos, de esos que encuentran deliciosamente exótico empezar a las nueve el ágape, reservé a dicha hora en un restaurante de la cercana calle del Marqués de Cubas. Como la ópera dura escasamente 50 minutos, hasta me sobraba algún ratillo para los aplausos.
A las 19:45 me presento en taquilla. Primera sorpresa. Según la taquillera, sólo quedan a la venta unas pocas entradas. Compro una, y paso al teatro pensando que por fin se ha producido la reconciliación entre la música "contemporánea" y el público madrileño.
Naranjas de la China.
Resulta que, debido a las necesidades de la producción, se han puesto a la venta unicamente las seis últimas filas del patio de butacas, y algo de la primera planta. Y ni siquiera están llenas.
Bueno, me digo, a escuchar la obra en familia, como siempre.
Siguiente sorpresa. Nos avisan por megafonía que, tras el intermedio, se soltará durante la segunda parte confeti y humo, en la zona del público. ¿Intermedio?. ¿Segunda parte?. Preocupado por si me he vuelto a equivocar de día o de teatro, pregunto al acomodador y me confirma que la obra dura ¡135 minutos!. Tras una primera parte de 50 minutos, un descanso a conciencia y otros 50 minutos del ala. Con mucha paciencia y cortesía le informo que
Neither dura precisamente 50 minutos, y pregunto si después van a repetir la obra, por si alguien no se ha enterado en la primera audición.... Ni idea. El hombre pasaba por allí, y no le han informado sobre los intringulís de la función.
Empieza la ópera con el fantástico pedal ideado por Feldman. La escenografía: un telón de estos medio transparente, que tanto le gusta a Mussbach, y luces. Cuando empieza a cantar la soprano, la voz parece incorpórea. No está mal la idea. El problema viene cuando se levanta el telón, y aparece un decorado a medio camino entre la bodega del
Nostromo y la propia salida de emergencia del teatro, ambientado con colores cambiantes, extraídos de un manual de iluminación para la sala de espera de un dentista. A la soprano se la sigue sin ver, pero ahora sabemos que simplemente canta fuera de escena.
Hay que agradecer el esfuerzo de la orquesta y de Pilar Jurado (que sustituyó a la cantante prevista por enfermedad de ésta) para presentar una obra como
Neither. Es cierto que el canto melismático que pide Feldman en algunos pasajes, se confundía a veces con unas gárgaras, y las vocalizaciones desgarradas del final, con gemidos lastimeros de algún cachorrillo. Pecadillos veniales.
Cuando terminó la obra, abruptamente como la concibió Feldman, un silencio sepulcral que, como tenía prisa, rompí con algunos aplausos que fueron timidamente secundados por parte del público.
¿Qué demonios pasará en la segunda parte?. ¿Realmente repetirán por si algún espectador no ha captado el mensaje?. ¿Tocarán otra vez la obra, pero al revés?. ¿Será el
Words and Music que comentaba WAM?. ¿Hará un striptease la Jurado?. Sobre todo, ¿habrá algún espectador alérgico al confeti y el humo?. No puedo esperar a que nuestros corresponsales nos aclaren estos puntos el próximo sábado.
Neither es una ópera, o una obra para soprano y orquesta, preciosa. Realmente merece la pena escucharla. Anímense.
p.d.: Se me olvidaba. La tercera sorpresa me la llevo al llegar a casa y enterarme que el Barcelona ha perdido el primer partido con el Tau en casa.
