Un poco picado (b

) me puse después de comer a escuchar versiones y me lancé a escribir algunas cosas sobre el
Pour me rapprocher de Marie de Flórez en el Liceo. Al final le he dado forma y lo cuelgo (con un poco de pudor, debor reconocer

), con el fin de estimular un poco el debate. No sé nada de armonía, así que al comentario se le escapan todas esas cuestiones que b explica tan bien. Así que a lo mejor una nota que a mí me parece falta de apoyo, o incómoda, es en realidad un detalle de intensidad tonal. Por eso me he centrado en cosas puramente vocales, y en especial en mi obsesión con Flórez: la regulación del sonido. Espero que haya debate (y de paso que los florezidos me saquen de la lista negra, aunque no sé yo

) y me enmendéis. Perdonad el atrevimiento, pero aún no sé tanto como para darme cuenta de cuánto no sé
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La grabación es de la semana pasada del Liceo.
Ya en 0:16 encontramos su primer rasgo de estilo, ese miniportamento en la “m”, estirado a la “e”, recurso más dulzón que lírico, que es sin embargo apropiado para el tono del aria. De nuevo, por ejemplo en la i de Marie (0:22). Además del efecto estilístico, refuerza la sensación de legato y ayuda a mantener el color. Se puede decir que es la base del “canto bonito” típico de Flórez: no hay cambios bruscos, ni juegos con el color, ni nada que rompa una interminable línea cosida por el fino hilo del portamento. Tras la breve respiración en 0:24, la segunda frase es mucho más expresiva, culminada por el precioso acento lánguido en “-dat” (0:32), a través de una sutil regulación del sonido. Sin embargo, decide no esfumar y cortar la nota. ¿Apuro en el fiato o es que ya consideraba excesivo regalar otra regulación? En la tercera frase, es elocuente la primera nota, “je”, casi inaudible, primera muestra de algún problemilla con la tesitura, en efecto, algo grave del aria. Al llegar a “vie”, desplegada con un portamento, uno echa en falta un arco más pronunciado, aunque se ve la intención. Sigue un expresivo rubato en “et je disais”, tras el que respira rápidamente para preparar la siguiente frase (maravillosa) y también para crear un bello efecto de nerviosismo, de celeridad. La nota perfecta, en el siguiente “disais” (0:50 ¿por qué no comenzarlo ahí? Aaaah) da paso a un conseguido diminuendo (precioso el vibrato en la “e”), que no llega a filado. Bello.
En la siguiente frase un interesante toque nasal en “-ais”, de jamais (1:00), demostrando que su dicción es francés no sólo es clara, sino que busca el estilo. La construcción de la frase es idéntica a las anteriores, aunque aquí hay una manchita, la última nota, apresurada (1:04), que emborrona un poco. Entre que es grave y no vamos sobrados de fiato... Y sin embargo, tras la respiración, otro detalle, realmente
enivré, al aligerar al límite la emisión en 1:07-1:10 (en una colocación tan alta como la de Flórez casi se hace imposible pensar en el mixto, pero el efecto es precioso). Interesante también lo liberado de la “a” en 1:13. Ahora viene otra oportunidad perdida de filar, el suspiro. Coloca la nota con un portamento (1:15) y va regulando, muy poco a poco, aunque sólo notamos un verdadero cambio de colocación en 1:19, justo al cerrarlo. Es una regulación del aire, que logra el efecto, pero no se lanza a filarlo (si escuchamos otras versiones -en especial el maravilloso Mcormack, pero también la de Alagna o, y ésta es una buena comparación, la de Camarena- vemos la enorme diferencia en este momento concreto). A mí me parece una oportunidad perdida, aunque se agradece de nuevo la intención. Pero, ¿por qué no fila? ¿Porque no quiere?
Nueva frase, ligada maravillosamente con el suspiro, en un mismo fiato (a lo mejor era por eso...). Esta vez la frase acaba en agudo, y la “e” de vivre piensa en la “a” (1:30), normal. Muy gracioso cómo deja ir la colocación en los “cesser, cesser” (1:36...), muy monos. El
Ah (no tengo la partitura, no sé la nota) atacado con un portamento di sotto, que sobra un poco, pero perfecta de colocación y sonoridad. Y la frase que cierra la primera parte, de nuevo regulada, y otra vez sólo notamos un verdadero cambio de colocación al final (aimer, 2:00). ¿Por qué el miedo a cambiar el color?
El crescendo con el que comienza la segunda parte sí que es maravilloso (2:07...), progresivo, hasta llegar a la “o” de “adore”, que vuelve a ser una “a” bastante luminosa. Y de nuevo un bonito toque nasal al final de la siguiente (bien, 2:27). Mismo esquema en la siguiente, que comienza con un “fuis-je” desmayado (2:33), que se pierde con delicadeza poética, y termina con una sfumatura (“a-me”, 2:41) - o al menos el efecto lo consigue. Un “bonheur” lleno de sonido, y otro puntín nasal en “sien”. Chapó.
El paso cambia, y encadena las frases en crescendo, hasta llegar muy bien al agudo (3:04). Se nota que aquí la tesitura es mucho más cómoda para él... La escala que lo cierra está ejecutada con delicadeza, aunque de nuevo a medio camino en la regulación (ya mucho pedir, lo reconozco). Volvemos al spianato, ya más desmelenado por las variaciones (¡estupenda la “i” en “s'il me fallait”!), tanto que la colocación le abandona un poco en “cesser” (3:30), cosa que casi se agradece. Pausa preparatoria (meditativa) y agudo algo tirante, y aunque duda un poco, nunca corre riesgo. Más peligroso el color blanquecino en la “d'ai-” (4:00), que le juega una mala pasada en 4:01, pero que luego cierra a placer.
Vamos, que está muy bien cantado, muy lírico y tiene momentos preciosos. Pero no arriesga tanto como podría. Parece conformarse con un timbre bellísimo (a mí hay momentos, cuando suelta un poquito el vibrato, que me arrebatan), y todo gira alrededor de mantenerlo y lucirlo: todo está cosidito, para que no haya brusquedades, para que el color se mantenga limpio. Eso es en principio una virtud, claro, pero también es verdad que le corta un poco el vuelo a su interpretación.