Gino escribió:
Brahms, Cuarta. Toscanini y la Philharmonia.
Grabación que pone en evidencia que la sequedad de sus grabaciones con la NBC en gran parte se debe a la cercanía de los micrófonos, las descarnadas tomas y la acústica de la sala. Toscanini aquí tiene un sonido profundo, matizado y con cuerpo que no está reñido con la claridad (una demostración de que para ser profundo no hay por qué ser brumoso), pero además el empaste es lírico y cálido y el fraseo flexible (al final del Finale hay un rallentando genial). Lo que no significa que cuando hay que ser implacable lo sea de una forma telúrica, devastadora, con una percusión arriesgada como sólo Furtwängler podía igualar y energía a raudales, que es lo que pide en muchos momentos esta partitura. En particular la inexorable Passacaglia, quizá el mayor movimiento sinfónico de la historia. Aquí T. sólo tiene un rival.
Una grandísima versión sobre la cual no se puede repetir la misma cantinela antitoscaniniana de siempre a la que son tan aficionados en algunos círculos.
Aquí leespero, don Fernando. Firme.
Por cierto que esta integral londinense la pueden descargar del blog del "Criminoso". ¿Sabían que Karajan fue quien le preparó la orquesta al Maestrissimo para estos conciertos míticos?
Con esto y un té de Ceylán fuerte con limón ya hemos hecho la tarde.
Bueno, me limito a copiar lo que he escrito por ahí -en mi blog- sobre esta integral en general y sobre esta
Cuarta en particular, que por cierto es lo que menos me gusta de la misma. No tenía idea de que Karajan andara por aquí en medio: curiosísimo. Por cierto que por aquella época aún se percibía en sus interpretaciones cierta herencia toscaniniana. Bueno, vamos a por Toscanini y su integral londinense en el Royal Festival Hall.
"¿Virtudes de este Brahms? Sin duda, la energía y electricidad que desprende una batuta de técnica extraordinaria que, aun no conociendo apenas a la orquesta que tenía delante, se mostró capaz de proyectar a la perfección una personalidad musical arrolladora, volcada a la extroversión, a la teatralidad y -a veces-a la rebeldía, aunque no siempre con la sinceridad deseable.
¿Defectos? El maestro, haciendo gala de su habitual rapidez en los tempi, se precipita en demasiadas ocasiones, cuando no cae abiertamente en la rigidez marcial. La fuerza interna que proyecta, inmensa, no suele está bien dosificada y le hace resultar con frecuencia machacón y hasta vulgar. Los excesos de la percusión, seguramente alentados por el propio Toscanini, son numerosos. Pero lo peor es la total ausencia de cantabilidad y vuelo lírico de estas interpretaciones: un Brahms sin ternura ni poesía no es Brahms.
(...)
El nivel vuelve a caer en picado con la
Cuarta, cuyo primer primer movimiento es el colmo de la vulgaridad e incluso llega a presentar alguna chapuza. El segundo resulta muy aséptico hasta que llega a un clímax interesante por su carácter encrespado. El tercero, como en las sinfonías
Primera y
Segunda, estaría muy bien por su electricidad si no fuera por los excesos de percusión. En el cuarto vuelve la contundencia made in Toscanini."