mitchum escribió:
señores todos, ¿merece la pena la "Carmen" de hoy desde la Scala con Juanito Kaufmann y Erwin "elmaridodelaNetre" Schrott? ¿es un riesgo necesario?
No crea, querido Sr. "Mitchum", que no me he hecho esa pregunta en estos últimos días, pese a tener un gran aprecio personal - fundamentalmente, dictado por las emociones y por algunas (que no todas) grandes experiencias como espectadora en el Teatro alla Scala de Milán (le aclaro que Nápoles es mi "patria chica" por lo que, en general, no me ha sido muy difícil subir al norte cuando verdaderamente me ha interesado...) pero de esto hace ya bastantes años. Hoy en día, no solo estoy lejos de allí, sino que ya no confío en casi nada y, menos aún, en las instituciones.
Respecto a "Juanito" Kaufmann, como Vd. simpáticamente le apoda, tengo bastante confianza en él. Por poner solo un ejemplo, considero que sus "Florestanes" han sido objetivamente muy dignos, siempre dentro de lo que se puede esperar en la actualidad en materia de tenores dramáticos...
En buena lógica, desde el punto de vista puramente vocal y musical, quien es capaz de afrontar con dignidad un "Florestán" ¡hablamos de Beethoven! tendría que poder con otros roles, pese a que estilística y, por tanto, interpretativamente, pueda haber una diferencia abismal.
Pero, como Vd. bien sabe, en una representación operística imperan muchos otros factores que pueden influir para bien o para mal en los cantantes, máxime si se trata de una primera figura: la direccion de la orquesta; la compenetración y el equilibrio de fuerzas con los cantantes con los que tiene que compartir música, texto y escena, etc., etc. Además de la absurda y, muchas veces, nociva tiranía que actualmente ejercen los directores de escena ¡ahora son ellos los señores feudales! Por lo tanto, el resultado de una representación operística no puede cifrarse en uno, dos o, incluso, tres cantantes principales.
Insisto e insistiré siempre en que la ópera , en su calidad de manifestación viva de la forma más completa de arte existente, debe ser una labor de conjunto.
Mientras no asumamos lo anterior seguiremos cojeando cada vez más. Se que no es nada fácil, pero estoy convencida de que no hay otro camino, aunque es necesario ser conscientes de que lograr una gran labor de conjunto es mucho más difícil e ingrato que mantenerse en la "cuerda floja" del divismo.
Curiosamente - digo "curiosamente", pues no deja de parecerme una paradoja en pleno siglo XXI... - aunque lo anterior sea mucho menos costoso económicamente es, también, mucho menos "glamouroso" que la citada "cuerda floja" del divismo y, al parecer, eso último es lo que prima en este gran "teatro del mundo" en el que vivimos.
Es como la vida misma, en sus manifestaciones más banales y cotidianas. Si, llegado el caso, un determinado señor lleva unos zapatos y un traje preciosos y, quizá, carísimos, pero la corbata, los gemelos y, sobre todo, sus maneras son "de juzgado de guardia", nada bueno se podrá decir ni de su forma de estar ni de su ser.
Volviendo al comienzo de su mensaje, le diré que sobre el "Erwin", no me pronuncio...
En cuanto a la representación de hoy, día de Sant'Ambrogio, no la he visto y no la he escuchado. Al final, no he tenido ni tiempo ni, tampoco, muchas ganas de hacerlo. No era tanto una cuestión de riesgo como más bien una manifestación natural de desidia hacia un mundo, "un mundillo", que me resulta cada vez más infumable, además de más enemigo..., por estar manipulando y, si me apura, corrompiendo lo más hermoso que, en mi opinión, ha salido de la mente y de la mano del ser humano: el
Arte.
Ahora bien, sería completamente felíz si Vd. o algún compañero del foro, me comentara que estuvo realmente bien; que no solo "i primi" cantaron e interpretaron muy bien, con el mayor de los respetos a la partitura y al texto, sino que la representación fue un gran trabajo de conjunto: desde el primer violín hasta el último corista, así como la peluquera y el regidor, por supuesto.
No le puedo pedir que comparta mis opiniones al respecto, pero sí le agradecería que me entendiera y que entendiera también el dolor que me supone confesarme a mi misma - además de públicamente - la desidia que, a veces, me invade respecto a lo que más amo.
¿Un abrazo? Por mi parte, sí.
