1. Para eso ya está la radio o Internet, evita la visión de una producción que no me convence y me deja con la interpretación vocal; además, gratuita.
Pasmado me quedo. Lo mismo es escuchar una interpretación vocal en teatro que por radio o internet. Para morirse. Entonces esa Lucia o Lucrezia que viste en elLiceu con Kraus y SUtherland, yo como las ví en directo por TV... Fué lo mismo...
2. Pues sí, ¡toma boniato! Por gritar más no se tiene más razón, solo se hace más ruido.
NO, es mucho mejor ver una ópera como un bolardo o como un puerro. NI se siente ni se padece. Acabar con la pasión de la ópera y las manifestaciones a favor o en contra es lo que se pretende y parece que a muchos les parece bien. Eso sí luego los teatros sacan videos de promoción de su propio teatro y usan las noches de vítores, gritos y pancartas,como hace el LIceu con las veladas de Gruberova.3. Claro, solo en Italia conocen la ópera, en España no(donde escriben mucho y seguimos la escuela de canto italiana), ni en Francia, ni en Covent Garden, ni en Berlín, ni en Viena, ni en Salzburg, ni en el MET...
¡¡ANda que no he visto yo buenos abucheos en Viena!! Ahí tienen la Elektra de Kupfer, Marton y Abbado donde recibe hasta el Milanés.4. Axioma falso. Según eso, a Bieito, K. Wagner y otr@s bastaría con el abucheo para que cambiaran y es más, disfrutan con el abucheo y les refuerza diciendo que son unos incomprendidos por un público poco cultivado. La falacia del abucheo por acabar con la gente a la que no se aguanta(vocalmente, claro)queda demostrada. Nada mejor que el silencio sepulcral. Así, fría y educadamente, se le demuestra lo poco que ha gustado y no se le da cancha para protestar.
Lo que queda demostrado es que CUra tenía varias óperas firmadas en Madrid y no ha vuelto. Eso sí es un hecho. El silencio sepulcral es imposible porque el nivel y cirterio del público es ínfimo y así nos luce el pelo. Pero si se ovaciona a una cantante como Kasarova ¿qué se puede esperar? Esperar silencios es de ilusos o desconocedores de la realidad.
En fin, el que no quiera abuchear que no lo haga, pero dejen en paz a los que lo hacen o han hecho y guárdense sus adjetivitos. Yo ya ni siquiera abucheo porque ya paso, a no ser que esté muy, muy cabreado (como por ejemplo en la Salomé del Liceu)