No creo.
Aprovechando uno de esos agujeros de gusano que conseguí localizar en mi viaje anterior por el tiempo, he conseguido vislumbrar algunas noticias de la Gaceta Lírica, ejemplar de Octubre, 2205:
El Lunes tendremos una magnífica representación de
La Traviata, del amado y venerado Giuseppe Verdi, cantada con voz impostada, por la extraordinaria soprano Sofia Mboka, que podrá ser seguida en todo el mundo de forma simultánea, con las mismas sensaciones que los espectadores en el teatro. También lo disfrutarán en la Ciudad Estelar, en Marte, aunque en este caso con un desfase de entre cuatro y veinte minutos.
El Martes, una esperada reposición: nada menos que
Doctor Atomic, dos siglos después de su creación, se representará con voz amplificada según las técnicas vigentes a principios del siglo XXI. Una demostración de auténtico historicismo, ese movimiento venerable que sigue constituyendo la base de las interpretaciones en estos primeros años del siglo XXIII.
El Miércoles, el estreno de una nueva ópera, para celebrar los seiscientos años de vida de este género inmortal. El gran compositor Olaf Silverberg ha escrito una obra maestra, una épica destinada a ser un nuevo hito operístico:
Amada Tierra, ambientada entre los mineros del cinturón de asteroides, trata de un enfrentamiento entre dos clanes enemigos, por la relación amorosa de dos jóvenes. La voz será objeto de un tratamiento especial, basado en ultrasonidos, que precisará un casco especial en los espectadores para ser apreciada en su totalidad. Algunos aficionados a la ópera se han quejado, y amenazan con abrir una asociación de "Verdaderos Amantes de la Opera Genuina", para denunciar lo que consideran el comienzo del fin de la ópera, tal y como la conocemos.
Por último, el Jueves, en un oscuro lugar de la Tierra llamado Bayreuth, se llevará a cabo el rito anual, de origen desconocido, en que un grupo de seguidores de un olvidado compositor del siglo XIX se reúnen para escuchar sus obras. Ante la continua pérdida de audiencia de este Festival su presidente, Richard Le Gouverneur séptimo, ya predice que tal vez sea la última que pueda celebrarse.