
Por supuesto, me enloquece el Barroco, y muy especialmente Monteverdi (soy más del Barroco inicial que de sus postrimerías). Pero no sólo me gusta el Barroco.

Superfan de María Callas. Con todos sus defectos y virtudes.
Santuzza, tu imagen de las cuerdas vocales de la Callas "recubiertas de plástico", es entre anatómico–forense y gráficamente vomitiva

Prefiero las voces graves, quizá por la excesiva adoración del público de mi ciudad por los tenores.

Y al lado de esto, adoro los contratenores…
excepto a Scholl. Jaroussky me encanta.

Me encanta Rossini. La languidez que vino luego –Bellini, Donizetti–, desde luego que no.

Hay dos óperas que aborrezco:
La Bohéme y
L'elisir d'amor.

Y en cambio, me encantan
Tosca y
Don Pasquale, de los mismos autores.

Mozart es para mí una necesidad vital.

Detesto a los
pelmazos profesionales de camerino, esperando para la foto ó el autógrafo. Con el desgaste físico y emocional que provoca el canto, compadezco a los pobres cantantes que tienen que soportar a los pesados de la fotito, ó que piden que les firmen programas para todos sus amigos y parientes. Hay veces que rayan en la falta de respeto.

Me encanta bravear en el teatro y me despellejo las manos aplaudiendo.

Por otra parte, no me corto lo más mínimo para lanzar miradas asesinas a quienes hablan ó hacen ruido (percusionistas de bolso, abanico, papel de caramelo, carraspeadores inclementes, solistas de pulsera–maraca, etc…). Voy al teatro a ver y oír a los que están en escena y en el foso, no al público.

Mi primera ópera en teatro fue
Traviata.

Jamás me he salido de una representación, por mala que fuese. Mi curiosidad es tan grande, que no me voy, porque quiero saber hasta dónde se puede llegar haciéndolo mal…