I puritani de fin de curso
Pongo como premisa que es una ópera que no me gusta y que salvo que viniesen Callas y Kraus redivivo, para mí es siempre una inmensa cuesta arriba escucharla. Por eso, no opinaré sobre la dirección: yo me aburrí muchísimo, pero puede que sea cosa mía.
Empecemos por lo mejor de la función: la puesta en escena. El traslado a la I guerra mundial funciona y nos permite meternos más en el ambiente bélico (después de todo, cómo se representa una guerra de la época de los Estuardo? El traslado funciona como referente visual de una guerra que todos conocemos).
La estética es hermosa, los movimientos escénicos logrados (esa mochila de guerra zapateada por Elvira) y tiene muchos momentos de gran impacto, sobre todo Elvira derribando el altar ante el que se iba a casar para luego, ya alucinada, volver a poner en pie la cruz. También el velo que se enreda y se desgarra en la trinchera, Elvira cantándole a un cadáver de soldado...en fin, una puesta en escena detallista, que sabe lo que cuenta, sabe lo que quiere y logra dejar un buen sabor de boca incluso a los que opinamos que esta ópera no la levanta ni el más grande escenógrafo (incluso me gustó el cambio de final, con los amantes siendo fusilados y la noticia de la llegada del heraldo sólo una alucinación más de la pobre Elvira).
Los cantantes:
-Rancatore...idem de lo que me pareció las otras veces que la he escuchado. Esta mujer es ventrílocua. No es que los registros sean desiguales, es que incluso dentro del mismo registro a veces le sale una voz como de haberse tragado un globo de helio y a veces otra en la que parece la Horne doblando un disco de Boris Christoff. La coloratura no siempre es segura y su sentido de las largas frases bellinianas es un tanto discutible, pero es una profesional, saca el papel adelante sin tener demasiados problemas y tiene un sobreagudo penetrante y poderoso. Bien.
-Albelo...sigue habiendo mucho que pulir en este tenor. Por ejemplo, los sobreagudos los lanza como si fuesen piedras, absolutamente desconectados del resto de la frase. Además, la emisión no siempre es estable y algún afalsetamiento no me acaba de encajar. De todos modos, es joven, tiene madera y sobre todo ángel. Su canto encandila, pese a sus imperfecciones. Su "credeasi misera" fue de altísimo nivel y su famoso Fa, si no impresiona mucho por su capacidad de penetración (en esto Rancatore le ganó la partida sistemáticamente en los dúos), sí por la nitidez de la nota, lo poco forzada que suena y cómo la mantuvosin despeinarse. En cuanto siga puliendo y gane algo de peso en la voz (es decir, no ahora) será un grandísimo Arturo.
-Capitanucci: cantar después del recital de Nucci (parece un juego de palabras) el "Ah, per sempre io ti perdei" es una putad*. Pero, además, la voz no corre, el estilo está prácticamente ausente... Regular. Tirando a mal.
-Marco Vinco: un cantante con voz correcta, canto correcto, algún detalle de buen gusto, alguna perlita suelta (la última nota de "cinta di fiori" fue de una afinación perfecta). Bien. Sin alardes.
-De los secundarios, mención especial para María José Trullu en el papel de Enrichetta: tenía más voz que Albelo, Rancatore y Capitanucci juntos.
En resumen: una función de nivel irregular, con un momento estelar (el credeasi msiera) y muchos momentos de hastío y canto desenfocado. Lo mejor, insisto, la puesta en escena, por encima dle nivel medio de los cantantes.
¿Qué me indignó a mí? Os cuento.
Desde la primera salva de aplausos, entendí lo que me habían comentado los compañeros de la primera función: se aplaudía mucho e injustificadamente. Incluso, había un sector (C2 pares, para más señas) en el que sistemáticamente se gritaba "Bravo!!" a todo. Y cuando digo a todo, me refiero a absolutamente todo.
Que Capitanucci pasa por encima del aria? gritos, histeria, bravos, más que con Nucci. Que Albelo hace un "A te o cara" bastante bueno? Más gritos, más bravos (siempre dle mismo sector) y...Albelo saluda, mientras Rancatore le da palmaditas en la espalda, en plan "muy bien, chaval".
Mirad, a mí no me gusta que los cantantes saluden durante la función. Dijo una vez bayista que hay más gente a la que le gustan las voces que gente a la que le guste la ópera. A mí me gusta la ópera (más que las voces) y aunque sea una ópera ya de por sí inverosímil no me gusta que los cantantes se muestren como tales y no como sus personajes.
Pero bueno, eso son manías mías (como lo de saludar en los entreactos...otra cosa que no me agrada).
Lo que no es de recibo es que llegue el segundo acto y siga esa euforia, esos gritos, esos bravos, en una función como la de ayer. Con esto no quiero decir que la gente no pueda aplaudir si le da la gana, que para eso ha pagado, sino que me daba la desagradable sensación de que era gente muy concreta la que lo aplaudía y braveaba todo. Y que había venido predispuesta a hacerlo. No quiero pronunciar la palabra, pero ya me entendéis.
El despropósito llega acto seguido: dúo Capitanucci-Vinco. Flojo (en mi opinión). Aplausos, gritos, vítores, lo de siempre...y un grito: "bis!". Segundo grito (de la misma persona): "bis!". Tercer grito y...bisan!
Vamos a ver...vale que a mí me había parecido una interpretación mediocre y que a mis compañeros de teatro pudo haberles parecido la releche, pero que se bise un dúo porque se oigan tres o cuatro gritos de bis (y al menos dos de ellos de la misma persona) en un teatro de MIL personas, después del irracional comportamiento de ese sector del público me huele a chamusquina...

.
Seguramente será paranoia mía, pero fue todo tan raro...de hecho, en mi zona (aledaña a la del sector braveador) varias personas dijeron: "ah, pero van a bisar?? y eso???".
El despiporre llega ya con el "Vieni fra queste braccia". Termina: gritos, histeria colectiva...Albelo saluda, Rancatore saluda...más saludos...se van al otro lado del escenario a saludar...

...se van al otro...

...siguen saludando...saludan a la orquesta...

...el director levanta a los músicos...
Tal fue el momento "saludos" que incluso algunos espectadores se marcharon, pensando que la función había terminado (tuve que decírselo a unos pobres señores, que me contestaron: "pero sí que acabó, no?? si hasta está saludando la orquesta!"...
En fin...al final de la obra, más gritos, palmas al unísono y gritos de "fuera! vete a decorar a tu casa!" etc. para el escenógrafo (los comentarios de peor gusto los omito porque me da vergüenza que gente tan maleducada pueda acudir a mi teatro...

).
En resumen, un sector del público, con la anuencia de los artistas (que los entiendo: a nadie le amarga un dulce, pero un poco de templanza ante el delirio -predispuesto o no- del público no venía mal) convirtieron un festival de ópera, en una función de fin de curso de un conservatorio.
Al menos es mi opinión.