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NotaPublicado: 31 Jul 2009 21:29 
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Ubicación: In partibus infidelium
:D :D :D

No conozco Gloriana pero Devereux me encanta. Seguiremos atentos :wink:


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NotaPublicado: 31 Jul 2009 21:45 
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Mili

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Ubicación: Haciendo que suba el pan
A mí sabes que sí

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Ser guapa lo es todo


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NotaPublicado: 02 Ago 2009 22:50 
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Ubicación: Foro nuevo, vida nueva
Por aclamación popular :lol: aquí estoy de nuevo con el tema:

<center>GLORIANA

y

ROBERTO DEVEREUX</center>

En esta ocasión nos ocupa el:

<center>PRIMER ACTO</center>

Como en todo primer acto que se precie (de una ópera de tres) lo que toca es introducir la acción e introducir a los personajes principales. De eso nos vamos a ocupar hoy: de analizar cómo se retrata a Essex y a Gloriana, a Roberto e Isabel, en estas dos visiones tan diferentes.

<center>
Imagen
</center>


Comenzamos por Gloriana, más que nada porque la acción es anterior. Nos situamos alrededor de 1588, en plena efervescencia del romance real. Al abrir el telón nos encontramos una disputa en la corte: el conde de Essex se pelea con otro lord y acaba con algunas heridas. La pelea resulta en la amonestación pública por parte de la reina, que demuestra su magnanimidad con los dos nobles. Gloriana está prendada de los encantos de Essex y, ya en sus aposentos, éste se los enseña... :lol: corteja a la reina con dos canciones de laúd, de las cuales escuchamos la segunda:

<center>


Feliz, feliz sería él
si terminara sus días
en un apacible desierto
donde, lejos de toda compañía,
del amor y el odio del gentío mundano,
pudiera dormir a salvo.
Para luego despertar
y alabar siempre a Dios.
Contento con escaramujos
y espinos y zarzamoras.
Contemplativo transcurriendo sus días.
Y teniendo pensamientos sagrados
para alegrarse.
Donde, cuando muriese,
su tumba fuera un arbusto
donde habitara un petirrojo
con un dulce tordo.
Feliz, feliz sería.


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Como podéis escuchar se trata de una sencilla melodía, con algunos melismas aquí y allá, de indudable sabor renacentista muy en la línea de esa recreación que, por momentos, Britten parece interesado en realizar (más en el segundo acto ;)).

Essex, por su edad, está deseoso de realizar grandes hazañas militares y así, cuando la reina corta de repente el cortejo (aun deseosa de complacer sus deseos sensoriales), éste le pide ser designado para pacificar Irlanda. Sin embargo, la reina le ordena retirarse, lo que lo deja con una gran frustación. Y esta es una de las claves del drama que plantea Britten: la reina se consume entre sus sentimientos como mujer y su deber como monarca. Una vez despedido el conde ahoga su dilema en una plegaria a Dios que ocupa el final de este primer acto.

<center>

En rivalidades pueden los reyes basar su poder.
Pero su espíritu anhela armonizar
y suavizar las violentas discordias,
los agravios reales e imaginarios.
Si la vida fuera amor
os podría amar profundamente.
Pero Dios me dio un cetro,
la responsabilidad y la gloria.
No puedo abandonarlos.
Vivo y reino siendo virgen,
moriré con honor.
Oh Dios, mi rey, único soberano del mundo,
que me sacaste de una prisión para llevarme a un palacio
donde fuera una princesa soberana
y gobernara al pueblo de Inglaterra
Me has colocado muy alto,
pero mi carne es frágil.
Sin ti mi trono es inestable,
mi reino tambaleante, mi vida incierta.
Mantén en esta débil mujer el corazón de un hombre.
Errores y faltas me han acosado desde mi juventud.
Me inclino ante el trono de tu gracia.
Perdóname y protégeme, oh Dios, mi rey.
Para que pueda gobernar
y proteger a mi pueblo para que viva en paz.
Amén.


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</center>

Se trata de un pasaje típicamente britteniano, con esa alternancia entre el recitado acompañado y el arioso, en donde la música se pliega a las intenciones del texto y se construye un interesante retrato de las frustaciones de la reina.


<center>Imagen</center>

Cambiamos de rumbo y nos dirigimos al mundo que construye Donizetti para nuestros dos amantes. La acción se sitúa en 1599, ya a la vuelta de Roberto Devereux de Irlanda (ya que finalmente es enviado allí, como veremos en el segundo acto de Gloriana). Una reina totalmente consumida por el amor le espera todavía. A pesar de su traición, de la que todo el mundo se hace eco, todavía vive por él. Su corazón palpita, lo desea, y se niega a ver la realidad. Confiesa sus sentimientos en su primer aria:

<center>


Su amor me hizo feliz,
me pareció un regalo del cielo
y para mi alma enamorada
era un bien mayor que el trono.
¡Ah! ¡Si he sido, si he sido traicionada,
si ese corazón ya no es mío,
las delicias de la vida
luto y llanto serán para mí!


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</center>

La voz de la reina, absoluta protagonista de la pieza, nos desplega todo el anhelo, la añoranza y la incertidumbre de la reina en este aria donizettiana de regusto belliniano. La orquesta, siempre en un segundo plano, acompaña con delicadeza todos los recursos expresivos que el compositor le concede a la protagonista, para su lucimiento.

Llega Roberto y con él el escándalo :lol: Se produce un diálogo entre la reina y el conde y surgen las chispas. No se trata de traición política, sino de traición amorosa. La reina, consumida por los celos, desea vengar el más que probable engaño de Devereux. Aquí no se trata de su fracaso como gobernante sino su infidelidad. El personaje de Roberto no se nos dibuja en este primer acto a través de un aria (tendremos que esperar al tercero para que nos cuente sus cuitas antes de la muerte), algo que sí se le concede al barítono, sino a través de dos dúos. Escuchamos aquí el final del primero de ellos, en su reencuentro con Isabel.

<center>


ISABEL
Un tierno corazón me hizo feliz,
sentí una felicidad que no se puede expresar.
¡La vida me parecía un sueño de amor!
¡Pero el sueño desapareció...
pues desapareció aquel corazón!

ROBERTO
(para sí)
En vano la fortuna me ofrece un trono.
Para mí la vida no sonríe con esperanza.
Para mí el universo es mudo y desierto
y las joyas de la corona
no tienen resplandor.

ISABEL
¿Permaneces callado?

(en tono de reproche en el que se respira
toda su ternura)

¡Entonces es verdad!
¡Has cambiado!

ROBERTO
No... ¿Qué dices?
Una sola palabra y el guerrero se levantará
y hará desaparecer a tus enemigos.
Prueba tendrás de obediencia
y de valor.

ISABEL
(para sí)
¡Pero no de amor!

(con calma disimulada)

¡Quieres luchar! Pero di,
¿no piensas que harías bañar aquí unos ojos
en lágrimas?

ROBERTO
(para sí)
¡Ah, qué palabras!

ISABEL
¿Que la sola idea de que estás en peligro
haría palpitar un corazón?

ROBERTO
¿Palpitar?

ISABEL
Aquel al que el amor
unió al tuyo.

ROBERTO
¡Ah! ¿Lo sabes entonces?

(para sí)

¡Cielos, qué he dicho!

ISABEL
¿Y bien?... Termina.
Termina de abrirme tu alma.
¿Qué temes?... Vamos, vamos.
Nombra entonces a tu amada
y yo la llevaré al altar.

ROBERTO
Te engañas...

ISABEL
(para mí)
¡Oh, venganza mía!

(con un tono de terrible grandeza)

¿Entonces no amas a nadie?
¡Habla!

ROBERTO
¿Yo? No.

ISABEL
(para sí)
¡Un relámpago, un relámpago terrible
ha estallado ante mis ojos!
La pérfida no podrá escapar
a mi furia vengadora.
Morirá el infiel,
el traidor tendrá una muerte cruel
y en él será castigada
la soberbia rival.

ROBERTO
(para sí)
Esconde, frena tus latidos,
¡oh, pobre corazón, mío!
te alimentas sólo de lágrimas,
¡oh, desventurado amor!
Que sólo yo caiga víctima
de sus sospechas fatales...
Conmigo el amor secreto
encontrará la muerte y la tumba.

(a Isabel)

¡Reina!

ISABEL
¿Y bien?... ¡Termina!
¡Conde!

ROBERTO
¡Reina!

ISABEL
¿No amas a nadie?

ROBERTO
No amo.

(para sí)

Esconde, frena tus latidos,
¡oh, pobre corazón, mío!
te alimentas sólo de lágrimas,
¡oh, desventurado amor!
Que sólo yo caiga víctima
de sus sospechas fatales...
Conmigo el amor secreto
encontrará la muerte y la tumba.

ISABEL
(para sí)
Caerá.
Sí, en él será castigada
la soberbia rival.


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</center>

Esta parte de la partitura está tratada como la salida del personaje de la reina pero, de todas formas, todavía se nos concede un hueco a entrever el carácter de Devereux. Sus disculpas entrecortadas, sus ambiguas respuestas, le hacen ver como un traidor... sentimental a ojos de Isabel, político a ojos de los demás. En un característico ascenso a los altares del sobreagudo sopranil, escuchamos al tenor dándole la adecuada respuesta en el código belcantista en una pieza, creo yo, más pensada para la reina que para el conde. A la salida de la reina, Roberto tendrá ocasión de tratar con su amante y con el marido de ésta, para que interceda por él. Pero eso es algo que ya cae en los asuntos de la trama que trataremos en el segundo acto. Así que aquí lo dejamos por ahora...

_________________

Zu neuen Taten,
teurer Helde


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NotaPublicado: 05 Ago 2009 18:39 
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Registrado: 31 Dic 2007 16:07
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Continuamos con

<center>GLORIANA

y

ROBERTO DEVEREUX</center>

en concreto con el

<center>SEGUNDO ACTO</center>

Veremos en esta ocasión el problema que hace avanzar la acción y cómo es abordado, en cada caso, por nuestros dos compositores. Al centrarse cada ópera en un período distinto los conflictos son de distinta naturaleza pero el segundo acto es, curiosamente, tratado de forma parecida. Así, nos fijaremos en dos escenas de conjunto (con coro incluido) con las que acaba el segundo acto de ambas óperas.


<center>
Imagen
</center>


Vuelta al pasado (con respecto al Devereux): al acabar el acto habíamos dejado a Gloriana negando a Essex su destino como pacificador de Irlanda. En las dos primeras escenas de este segundo acto se nos presentan dos situaciones que nos ayudan a entender el camino que seguirá la ópera. Por un lado, en la primera, se muestra lo querida que es la reina por su pueblo. En la segunda, por contra, se nos presenta la insatisfacción de algunos nobles (uno de ellos es Essex) con el comportamiento de la reina, llegándose a hablar de traición. Así las cosas, se llega a la tercera escena del segundo acto, un baile en donde chocan las tensiones de los personajes: el orgullo de la reina y las frustaciones de Essex.

La escena me recuerda al enfrentamiento femenino de las dos orgullosas reinas en Maria Estuarda (no entiendo muy bien por qué, en realidad) y pivota en torno a un vestido que luce la mujer de Essex (por expreso deseo de éste) y que la reina estima como demasiado llamativo. Se produce el robo de la prenda tras lo que la reina aparece ataviada con el vestido, que le queda excesivamente corto. Humilla a Lady Essex y entonces los personajes cantan un número de conjunto en el que expresan su sentimiento de rabia. En un golpe de efecto la reina, finalmente, acaba por apaciguar todas estas tensiones apuntando a Essex como gobernador de Irlanda.

La música, como veréis, es muy descriptiva. Britten sigue recreándose en ese renacimiento idealizado, con una sucesión de danzas típicas excelentemente orquestadas que dan color a la escena. El tratamiento vocal de los conjuntos es muy interesante, auténticos números concertantes en los que se deja sitio a la expansión vocal. Por su parte, los discursos de la reina siguen en ese tono de arioso con el que Britten se siente tan cómodo para describir el carácter regio. Atención al uso de la tuba en la bufonesca entrada de la reina.

<center>

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Introducción (Pavana)

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Nobles:

En homenaje a la reina, sin duda, milady Essex está tan bella esta noche.
En homenaje a la reina, por su señor, mi hermano, para honrarnos a todos.
Y cómo resplandece milady.
Frances, brillante estrella de la noche, todas las miradas se vuelven hacia vos.

Lady Essex:

Robert quería que resplandeciera con semejante colorido pero, ¿le agradará a la reina?

Lord Essex:

Como conde mariscal de Inglaterra, exijo que mi señora aparezca en la corte.
Con un vestigo digno de su rango y su belleza.

Maestro de ceremonias:

Tened a bien bailar una gallarda.

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(Bailan una Gallarda)

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(La reina entra en escena, ve el vestido de Lady Essex y apenas puede camuflar su indignación)

Gloriana:

En noches cálidas y en ocasiones solemenes
las pavanas y las gallardas están muy bien.
Esta noche el arie es frío, así que calentemos nuestra sangre
bailando animadamente al estilo italiano.
Anunciad una lavolta.

Maestro de ceremonias:

Tened a bien bailar una lavolta.

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(Bailan una Lavolta)

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Gloriana (exhausta tras el baile):

Con pasos de danza
se renuevan las fuerzas
y para una larga vida
los sabios recomiendan
sudar con frecuencia.
Las damas cambiarán su lencería.
Y enseguida me reuniré con vos.

(Las mujeres salen de escena)

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(Entretenimiento bufonesco)

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(Lady Essex entra apresuradamente en escena, sin su vestido)

Noble:

Frances, ¿tan sobria ahora?
¿Tan tarde ysin aliento?

Lady Essex (angustiada):

Mientras me cambiaba desapareció mi nuevo vestido.
La doncella vino corriendo
y dijo que no estaba en ninguna parte.

Noble:

Te han gastado una broma.
¡Ah!

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(La reina entra ataviada con el vestido de Lady Essex, que le queda excesivamente corto)

Gloriana (irónica):

Bien, damas,
¿qué opináis de mi nuevo atavío?
¡Ah!, milady, ¿qué opináis vos?
Demasiado corto, ¿no?
¿Y no me favorece?

Lady Essex (sufriente):

Tenga a bien su majestad.

Gloriana (cruel):

Tenga a bien su majestad...¡no!
Sí, al ser demasiado corto no me favorece.
En mi opnión no os puede favorecer
pues es demasiado llamativo.
¡Escogednos otro!

(Sale)

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Nobles:

Dulce Frances, no llores.

Lord Essex:

La reina ha quedado en evidencia.

Lady Rich:

La envida y el orgullo la corroen.

Lord Essex:

La vergüenza recae sobre ella y no sobre mi señora.

Lord Mountjoy:

Milady, culaquiera que sea el vestido que luzcáis ningún hombre osa dirigir una mirada
desdeñosa,

Lord Essex:

Cierto, pero ningún hombre lo ha hecho.

Lady Rich:

Ya veis lo que ocurre al ser gobernados
por un rey con faldones.

Lord Essex y Lord Mountjoy:

Por un rey con faldones.

Todos:

Dulce Frances, no llores.

Lady Essex

Amigos míos, tened cuidado.
Su repentina ira se ha aplacado.

Lord Essex:

El año pasado me golpeó con la mano ante su consejo.
Se mofa de mi esposa ante su corte.

Lady Essex:

Es la reina.

Lord Essex:

Ninguna maliciosa mujer jamás nacida
hará algo semejante impunemente.

Lady Essex:

Robert, cuidado, es la reina.
Y como reina, tiene su temperamento.

Lord Essex:

¡Temperamento!¡Temperamento!
¡Su temperamento es tan deshonesto como su cuerpo!

Criado:

Milores y miladys, abrid paso a la reina y a sus consejeros.

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(Entrada de la reina: Marcha)

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Consejero:

Milord of Essex,
me ordena la reina que acudáis a su presencia
para escuchar un asunto
de suma importancia.

Gloriana:

Milord de Essex,
caballero de la más noble
Orden de la Jarretera
conde mariscal de Inglaterra
nuestro leal
y bienamado primo.
Aquí, en presencia de nuestro consejo
del capitán de la guardia,
y de nuestra corte aquí reunida.
Os hacemos saber:
que por nuestra letras patentes,
en el día de hoy,
se os nombra lord diputado de Irlanda.
Derrotaríes al rebelde Tyrone,
que incita a nuestros enemigos de España,
y derrocha nuestras riquezas,
¡Marchad! Marchad a Irlanda
y traed la victoria y la paz
¡Victoria y paz!
Marchad. Marchad.

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Nobles:

Vencedor de Cádiz,
derrotad a Tyrone.
Toda España se acobardará
cuando caiga el rebelde.

(Ensalzado entre sus semejantes)
(Se ha salido con la suya y le aguarda la muerte)
(Podrá al fin caer en desgracia, en desgracia)

Vencedor de Cádiz,
derrotad a Tyrone.
Toda España se acobardará
cuando caiga el rebelde.

Regresará pronto con ejércitos a sus espaldas
y tendrá el reino en sus manos.
Marchas, conde guerrero.
¡Por Gloriana, marchad!

(Ensalzado entre sus semejantes,
podrá al fin caer en desgracia.)

Vencedor de Cádiz,
derrotad a Tyrone.
Regresad triunfante para ser aclamado en estos parajes.

Lord Essex:

Armado con el favor
de su graciosa majestad
estoy armado como un dios.
Mi determinación y mi deber
son mi yelmo y mi espada.
Las esperanzas de mis compatriotas
son mis espuelas.
Y así, a Irlanda parto,
parto a derrotar para siempre a esos
soldados rebeldes.
Con la ayuda de Dios
obtendre la victoria
y tendréis la paz.

Gloriana:

Mañana a vuestro deber.
Esta noche bailemos.
Que suene la música.

Criado:

Tened a bien bailar una corranda.

Gloriana:

Robert, vuestra mano.

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(Bailan una Courant)

</center>

<center>Imagen</center>

Más adelante en el tiempo nos encontramos, al comienzo del segundo acto de Roberto Devereux, al conde ya condenado por traición. Su vida pende de la voluntad de la reina, ya que es ésta quien puede elegir entre firmar su sentencia de muerte o aplazar sine die dicha firma. Sin embargo Isabel está corroída por los celos. A sus sospechas de infidelidad se une una prenda femenina encontrada entre las pertenencias de Roberto. La reina ya no tiene ninguna duda: es culpable, la ha traicionado y ni siquiera cede a los ruegos del Duque de Nottingham por su amigo Devereux (todavía no es consciente de que la mujer con quien Roberto engaña a la reina no es otra sino su esposa Sara).

Aparece Roberto en escena y la reina lo interroga sobre la prenda encontrada. Nottingham se da cuenta de que es la prenda de su esposa y se siente, también, traicionado. La reina, al confirmar sus sospechas de infidelidad, firma al instante la sentencia de muerte.

Musicalmente el final de este acto está también pensado como una gran escena de conjunto, con las intervenciones de soprano, tenor y barítono, además del coro. Un trío, en el que confluyen los sentimientos encontrados de los personajes (la reina y Nottingham cegados por los celos, Roberto resignado a su suerte), da paso a un grandioso número final, de un impulso rítmico notabilísimo, muy inspirado en lo que a efectos de empuje musical se refiere. Es interesante guardar en la memoria este episodio de la firma de la sentencia, pues tendremos ocasión de ver cómo se aborda en el tercer acto de Gloriana.

<center>

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ISABEL
(para sí)
¡Aquí llega el indigno!

(A Roberto)

Acércate.
Levanta tu frente altiva.
¿Qué te pregunté? Recuérdalo.
¿Amas a alguien? te pregunté, ¡oh, conde!
No, respondiste...
Eres un pérfido, un hombre vil, un mentiroso...
Contempla al mudo acusador
de tu engaño,
y que el frío cruel de la muerte
penetre en tu corazón.

(Le muestra el pañuelo)

NOTTINGHAM
¡Qué!...

(Reconociendo el pañuelo de su esposa)
(Para sí)

¡Una luz horrenda
brilla en mis ojos! Sara...

ISABEL
¡Al fin tiemblas!

ROBERTO
(Para sí)
¡Oh, Cielos!

ISABEL
Alma infiel, ingrato corazón...
¡Que te alcance mi furor!
Antes de que un dios enemigo
encendiese en tu pecho una llama culpable,
antes de ofender a quien nació
del temible Enrique VIII,
tú debías ¡oh, traidor!
haber descendido vivo al sepulcro.

NOTTINGHAM
(para sí)
¡No es verdad... delirio es esto!
¡Sueño horrible, funesto!
¡No, jamás el corazón de un hombre
encerró tanta maldad!
¡Y en cambio se cubre de palidez!
¡Ah, qué mirada me dirige!
Cien culpas me desvelan
esa mirada y esa palidez.

ROBERTO
(para sí)
¡Mi destino está cumplido!
Y no es por mí, no es por mí por quien temo.
El peligro de la desdichada
ha extinguido en mí todo el valor.
En sus ojos amenazadores
brilla un rayo sanguinario.
¡Ah, la infeliz prenda
fue de muerte y no de amor!

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NOTTINGHAM
¡Infame! ¡Malvado!
¡Y guardabas tanta perfidia en tu corazón desleal!
¿Y has podido traicionar tan vilmente
a la reina?

ROBERTO
(para sí)
¡Suplicio infernal!...

NOTTINGHAM
¡Ah! ¡Que le den la espada,
al cobarde, al infame!..
Que caiga atravesado a mis pies,
que yo lave la ofensa en su sangre.

ISABEL
¡Oh, mi hombre fiel!
¿Estás furioso por el ultraje que he recibido yo?

(a Roberto)

¡Escúchame!
El hacha amenaza ya tu execrable cabeza.
Nombra a la osada rival,
di solo eso y, lo juro, vivirás.
¡Habla, ah, habla!

(Un instante de silencio)

NOTTINGHAM
(para sí)
¡Momento fatal!

ROBERTO
¡Antes la muerte!

ISABEL
¡Obstinado!... La tendrás.

(A una señal de la reina, la sala se llena
de caballeros, damas, pajes, guardias, etc.)

ISABEL
¡Oid todos! El Consejo de los Pares
me ha entregado la condena de Essex.
La firmo. Que todos lo sepan.
Cuando el sol, que ya ha comenzado
su recorrido, haya llegado a su cénit,
al sonido del cañón guerrero,
que golpee el hacha.

CORO
(para sí)
¡Triste día precursor de la muerte!

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ISABEL
¡Vete!
La muerte pende sobre tu cabeza,
y el deshonor desciende a tu nombre.
Mi cólera te prepara tal sepulcro
que no lo calentarás ni con lágrimas.
Tus cenizas se confundirán
con las cenizas de los peores criminales.

ROBERTO
El hacha manchada con mi sangre
no será manchada por la ignominia.
Tu furia cruel e implacable,
me quita la vida, no el honor.
Donde yazcan mis restos mortales,
allí habrá un altar de gloria.

NOTTINGHAM
(para sí)
No, que el malvado no muera a espada,
que caiga humillado sobre el patíbulo.
Ni el suplicio reservado a este indigno será
suficiente para la ira que me consume el pecho.
¡Para saciarla, para extinguirla del todo,
otra sangre será derramada!

CECIL, GUALTIERO
El hacha ya cae sobre tu cabeza...
Tu nombre será maldito.

CORO
(para sí)
Ni la tumba será un asilo
de paz para el condenado.

(A una señal de Isabel, Roberto
es rodeado por los guardias.)

</center>

Continuaremos con el tercer, y último acto, un día de estos ;)

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Mili

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Lo estoy leyendo con detenimiento, a ver si algún día saco tiempo para escuchar todas las audiciones

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currante de base
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Eso
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Jar Jar Binks
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Luego me pongo al día con este hilo. MUCHÍSIMAS gracias, Emarty :D


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Neno
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Vaya, me lo estaba perdiendo... :shock: ...podría algún moderador incluirlo en el título? Me pongo a la escucha :D (porque, aunque parezca raro, no he oído nunca Gloriana, pero si el Devereux -y hasta lo he visto en directo, con la Gruberova).


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NotaPublicado: 07 Ago 2009 11:54 
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Hecho ;)

Ayer mismo, gracias a angelparsifal :D, me enteré de que hay grabación del estreno de Gloriana. El sonido, lamentablemente, es muy deficiente (vamos, que en el acto segundo casi hay que imaginárselo todo) pero si alguien está realmente interesado ya sabe lo que tiene que hacer.

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NotaPublicado: 07 Ago 2009 14:32 
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Hoy finalizamos con nuestro pequeño recorrido por

<center>GLORIANA

y

ROBERTO DEVEREUX</center>

evidentemente toca hablar del

<center>TERCER ACTO</center>

Momento de la conclusión de las óperas, momento de la confluencia de acciones: la ejecución de Devereux tras firmar la reina su sentencia de muerte, a pesar de que ha sido su amante. Me parece interesante que comentemos, en cada caso, la distinta naturaleza del drama: en el caso de Donizetti, el amor pasional que la reina todavía siente por Devereux; en el caso de Britten, el conflicto entre la Elizabeth reina y la Elizabeth mujer.

<center>
Imagen
</center>

En el tercer acto de Gloriana la acción avanza hasta casi alcanzar la de Roberto Devereux. En una primer escena (alucinante, pero que aquí no comentaré), Essex regresa de Irlanda de madrugada, sucio, lleno de barro y maloliente, e irrumpe en el gabinete de la reina, que todavía no se ha arreglado (este suceso, al parecer, ocurrió realmente así). Se produce un enfrentamiento entre la monarca y el conde al término del cual Gloriana ordena que el conde sea puesto bajo custodia.

Tras una escena de transición en la que se nos narra el avance de los acontecimientos a través de un músico callejero (nuevamente ese renacimiento idealizado), se llega a la escena final de la ópera, en la que Essex ha sido condenado a muerte por traición y la reina se niega a firmar dicha sentencia, aun a pesar de la presión de sus consejeros. Se produce la llegada de la mujer, hermana y cuñado de Essex para interceder por su vida ante la reina. Tras esuchar a Lady Essex la reina sólo acepta a proteger la vida de los hijos de la pareja, no le garantiza que aplazará la firma (aunque en sus palabras se deja entrever que ese es su deseo). Pero las orgullosas súplicas de Lady Rich son las que indignan a la reina quien, en un acto visceral, firma la sentencia de muerte. Tras lo cual asistimos a una especie de flash-forward, en la que se nos presenta a una Gloriana ya más anciana, justo al final de su reinado, sola salvo por el cariño de su pueblo.

Musicalmente nos encontramos ante una auténtica escena dramática en la que tiene más importancia el resultado final (la emoción que recibe el espectador y el dibujo dramático de la reina) que los elementos individuales. En concreto la voz es relegada en última instancia a un segundo plano: la reina recita todo su discurso del final de la ópera. Así, vocalmente lo más interesante son los momentos del trío de suplicantes y la aterradora confrontación entre Lady Rich y Gloriana. Por lo demás toda la escena flota sobre una base orquestal muy britteniana, no especialmente inspirada (recuerda demasiado a Billy Budd, la ópera inmediatamente anterior, me parece a mí), pero sí que muy efectiva en lo que a altura dramática se refiere.
<center>


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Lady Essex, Lady Rich, Mountjoy:

Gran reina
vuestro defensor
en la celda de una prisión
yace y languidece.
Venimos a suplicaros.
A interceder por él,
a implorar vuestro perdón,
a exhortaros a que prestéis ayuda a aquel
cuyo amor y valor
todavía podrían serviros.

Mountjoy:

Para pediros clemencia, señora,
la condesa baja la cabeza y se arrodilla.

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Lady Essex:

Mal aconsejado, cometió un grave error,
pero dejad que viva el padre de mis hijos.

Gloriana:

Escuchad, os habla un monarca.
Un monarca se halla solo en un escenario,
a la vista de todo el mundo,
solo, y no debe fracasar.

Lady Essex:

Si ha de morir,
os pido clemencia por mis hijos.

Gloriana:

Frances, habla una mujer.
Decida lo que decida,
y aún he de nombrar el día,
firmar su sentencia,
la de aquel que traicionó a su reina,
decida lo que decida,
vuestros hijos, Frances,
estarán a salvo.

Mountjoy:

Su hermana, señora, desea hablaros.
Dignaos a escuchar su súplica.

Gloriana:

¡Qué! ¡Lágrimas de esos ojos osados!
¡Lágrimas de Lady Rich!

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Lady Rich:

El noble conde de Essex
nació con fama y fortuna,
mas no sólo su rango
ha dado a conocer su grandeza.

Gloriana:

Yo le di honor, le otorgué poder.

Lady Rich:

Ha prestado un gran servicio al Estado
y los ejércitos le siguen a través del fuego.
Señora, le necesitáis.
Dejad que demuestre su grandeza.

Gloriana:

Tocó mi cetro, y su grandeza se volvió intolerable.

Lady Rich:

Habría gozado de la misma grandeza
sin la gracia y el favor de una reina.
La misma grandeza.

Gloriana:

¡Mujer!
Cómo osáis interceder por la vida de un traidor,
¡vos, esposa infiel!

Lady Rich:

No es un traidor. Él no.

Gloriana:

Eso ha dictaminado la justicia.

Lady Rich:

Sed compasiva. Sed prudente.

Gloriana:

Obedeced. Guardad silencio.

Lady Rich:

Merece vuestro perdón.

Gloriana:

¡Insolente! ¿Cómo os atrevéis?

Lady Rich:

Merece vuestro amor.

Gloriana:

No me importunéis más. ¡Fuera!

Lady Rich:

Dios os perdone.

Gloriana:

Dadme la sentencia.
La firmaré ahora.

(Firma la sentencia, no sin dolor)

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Lady Rich:

¡Ah!

(Se van)

Gloriana (reflexionando):

Ahora he obtenido la victoria en dos aspectos
que los más grandes príncipes no pueden someter a voluntad.
Una de ellas es la fama,
la otra, una gran mente.
El mundo estará ahora, espero, satisfecho.

(Nostálgica)

En un apacible desierto...

(Se oye la voz de Lord Essex:

Me arrojan a un rincón como un cadáver
y os negáis incluso a saber de mí, algo que nunca
hicisteis con los traidores.
Sólo me queda imploraros que pongáis fin a mi castigo,
mi sufrimiento y mi vida.)

Gloriana:

Allí podrá dormir,
dormir a salvo.

Consejero:

¿No habría que informar al rey de Escocia de los deseos de su majestad?
¿No le agradaría a su majestad nombrar al sucesor al trono?

Gloriana:

¡No puedo tolerar que me pongan un sudario ante los ojos
estando aún con vida!

(Años después, en una recepción, a sus súbditos)

Gloriana (anciana):

Siempre he puesto el día
del Juicio Final ante mis ojos,
y cuando tenga que responder
ante el juez supremo
alegaré que jamás albergué
pensamiento alguno en mi corazón
que no mirara por el bien de mi pueblo
Considero la gloria de mi corona
el haber reinado con vuestro amor,
y no hay joya más valiosa para mí.
Tampoco deseo vivir más días
sino para ver vuestra prosperidad
y ése es mi único deseo.

(Para sí, indescifrable)

Consejero:

Para contentar a vuestro pueblo,
señora, debéis acostaros

Gloriana:

A un manorca no se le dice lo que debe hacer.
Hombrecillo, no osáis decirlo,
pero sabéis que debo morir.


No veo razón alguna de peso
para amar la vida
ni para temer la muerte.

Pueblo:

Verdes hojas somos,
rosa roja,
nuestra reina adorada.
Oh rosa coronada
entre hojas
tan verdes.

</center>

<center>Imagen</center>

La acción del último acto de Roberto Devereux, nos presenta a Nottingham impidiendo la salvación de Roberto (éste se podría salvar si le devuelve a la reina el anillo que le ha dado en el primer acto: nuevamente elementos introducidos por el libretista para hacer avanzar el drama, como la prenda del segundo acto) y, al propio Roberto, a las puertas de su ejecución (momento en el que puede, por fin, cantar su aria).

Pero nos centramos en el tercer cuadro, en los aposentos de la reina, consumida por la dolorosa decisión que ha tomado (lo ama como nunca). Al llegar Sara y entregarle finalmente el anillo, la reina descubre quién es la amante de Roberto y se arrepiente de haber firmado su sentencia. Trata de impedir su ejecución pero ya es tarde: Devereux acaba de ser ejecutado. Finalmente, Isabel, asediada por los remordimientos ya sólo desea su muerte y nombra a Jacobo sucesor al trono.

Donizetti deja, para este final de la ópera, una gran escena para la reina (como no podía ser de otra forma). Así nos encontramos con un aria de Isabel (en el estilo belcantista más canónico) en la que, a través de la estilización de la línea melódica, se descubren todos sus sentimientos (sin duda la fuerza dramática de este momento es muy distinta a la que Britten pone en circulación). Tras el inevitable intercambio entre los distintos personajes en el que se descubren, finalmente, los misterios de la acción, nos encontramos ante la cabaletta del aria anterior, conclusiva de la ópera, con la inconfundible intervención del coro y sobreagudo estratosférico.

<center>



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(Gabinete de la reina)

ISABEL
(para sí)
¿Y Sara me abandona en estos momentos?
En su Palacio Ducal
donde a buscarla se apresuró Gualtiero
no fue hallada...
Que me ayude el consuelo de la amistad,
no necesito más... al fin y al cabo soy mujer.
El fuego de mi ira se ha apagado...

DAMAS
(para sí)
Huellas de gran sufrimiento
se ven en su turbado aspecto.
Ya no brilla en su frente
su acostumbrada grandeza.

ISABEL
(para sí)
Que mi esperanza no sea en vano...
cercano a la muerte, él me entregará
el augusto anillo...
Arrepentido le veo ante mi presencia...
Y sin embargo... el tiempo se escapa.
Quisiera parar el tiempo...
¿Y si prefiriese morir para seguir fiel a mi rival?
¡Oh, atroz idea funesta!
¿Y si marchase ya hacia el patíbulo?...
¡Ah, cruel!... ¡Detente!

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Vive, ingrato, a su lado,
mi corazón te perdona...
Vive, ¡oh, cruel! y abandóname
para siempre a mis suspiros!...
¡Ah, escondamos estas lágrimas!
¡Ah, que no se diga en la tierra:
que a la reina de Inglaterra
se la ha visto llorar!

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Escena Séptima

ISABEL
¿Qué me traes?

CECIL
El indigno ya se encamina al suplicio.

ISABEL
(para sí)
¡Cielos!..

(a Cecil)

¿No dio ninguna prenda
para entregar a la Reina?

CECIL
Nada dio.

ISABEL
(para sí)
¡Ingrato!
Alguien se acerca.
¡Dios! Veamos...

CECIL
¡Es la duquesa!...

Escena Octava

(Sara entrega a la reina el anillo de Essex)

ISABEL
¿Por qué tienes este anillo?
¡Qué agitación! ¡Qué palidez!
¿Qué sospecha? ¿Has podido?...
¿Acaso?... ¡Ah, habla!

SARA
Mi terror... lo dice... todo...
Yo soy...

ISABEL
Acaba.

SARA
Tu rival...

ISABEL
¡Ah!...

SARA
Castígame pero asegura los días del conde...

ISABEL
(a sus Caballeros)
¡Ah, corred!... ¡Ah, volad!...
¡Quien me lo traiga vivo
suya será la corona!

CABALLEROS
¡Cielos, tu favor nos sonríe!...

Escena Última

(Resuena un cañonazo)

NOTTINGHAM
Él ha muerto.

LOS DEMÁS
¡Qué horror!

ISABEL
(Se acerca a Sara,
convulsa de ira y dolor)
¡Tú, perversa!...
¡Sólo tú lo empujaste a la tumba!
¿Por qué has tardado tanto
en entregarme este anillo?

NOTTINGHAM
¡Yo he sido, reina, he sido yo!
Mi honor fue traicionado.
Sangre quería y sangre conseguí.

ISABEL
(a Sara)
¡Alma culpable!

(a Nottingham)

¡Corazón despiadado!

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Esa sangre derramada sube al cielo
y pide justicia y venganza.
¡El ángel de la muerte, airado os perseguirá!
¡Suplicio inaudito os espera a ambos!
¡Sí, traición tan vil, delito tan culpable,
no merece clemencia, no merece piedad!
En el último momento dirigiros a Dios,
quizá Él pueda concederos el perdón.

CORO
Cálmate, piensa en el consuelo del trono.
Quien reina, lo sabes, no vive para sí.

ISABEL
¡Callad; no reino, no vivo!
¡Dejadme sola!...

CORO
¡Reina!

ISABEL
¡Callad!

(Como aterrorizada por visiones espantosas)

¡Mirad como ese patíbulo enrojece de sangre
y esta corona está toda bañada en sangre!
¡Un espectro terrible recorre la corte
llevando en la mano su cabeza cortada!
¡Resuenan gemidos y gritos en el cielo!
¡La luz del día empalidece!
¡En el lugar del trono se erige una tumba!
A ella desciendo, fue abierta para mí.
¡Dejadme sola, os lo ordeno!
Que Jacobo sea el rey de Inglaterra.

</center>

Y esto es todo, ya lo dejo aquí :D Antes de dejaros os recomiendo alguna otra versión. Por lo que respecta a Gloriana hay dos videos de youtube con Sarah Walker en la última escena que son un must see:

<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=8u8LaNoW76c[/youtube]
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=jS9fUMICgEM[/youtube]</center>

Tampoco os podéis perder al película realizada sobre la ópera (prescindiendo de algunas escenas hasta alcanzar la hora y media de duración) con Josephine Barstow como protagonista. Maravillosa:

<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=S9yBoECDRbA[/youtube]</center>

En cuanto a Roberto Devereux conozco el DVD de Gruberova (en donde no está especialmente bien, creo yo), desde Munich, con montaje moderno (algo feillo para mi gusto :?):

<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=0yJqQeBPp6w[/youtube]</center>

y otro :lol:. En youtube también tenéis alguno de Sills:

<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=KnmivlmQA2Y[/youtube]</center>

Espero que estos posts os puedan ayudar a repasar o conocer un poquito estas dos obras. Al menos tanto como me ha ayudado a mí la excusa de hacerlos ;)

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NotaPublicado: 07 Ago 2009 14:39 
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Pili
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a mi Sills en ese Devereux me pone muy nervioso
entre el vibrato y que estas siempre pendiente de que casque la voz porque ya la tesitura le supera... le pilla mayor
Gruberova es Gruberova, y creo que es lo que más se puede resaltar de ese dvd.
gracias por el currazo


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NotaPublicado: 07 Ago 2009 15:10 
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Elektricista
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En cualquier caso, aun siendo Grube, me parece que está bastante descafeinada en ese DVD. Yo me quedo con la Sills del CD y bueno... ya habrá oportunidad de discutir con quién más :lol:

Quería comentar dos aspectos que se me pasaron. Por un lado, si os fijáis, en el distinto final en relación con el destino de la reina. El de Gloriana, más acorde a la realidad, en el que la reina aguanta hasta el final y el de Devereux, en el que la reina cede el trono.
Por otro lado el tema de la mala recepción que tuvo Gloriana en su estreno: crítica, público (a pesar de los bravos que escucho en este preciso momento en la grabación del estreno) y rechazo de Isabel II. En este último caso se dice que fue porque le pareció inapropiado ver a una reina debatiéndose con asuntos amorosos en escena. Yo, más bien creo, que fue por la escena del vestido del segundo acto :rolling:

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NotaPublicado: 07 Ago 2009 21:12 
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El Gran Inquisidor escribió:
I Capuletti e i Montechi, Bellini; Roméo et Juliette, Gounod; Giulietta e Romeo, Zandonai; Giulietta e Romeo, Vaccai... y así hasta veintitantas, creo

Entre ellas un dúo de Romeo y Julieta de Chaikovski, de una ópera que no compuso y que tiene mucha música en común con la famosa obertura.

Y, se no se mencionó todavía: "Giovanna d'Arco" de Verdi, "Орлеанская дева" ("Orleánskaya deva") o sea "La doncella de Orleans" de Chaikovski, con en el siglo veinte "Jeanne d'Arc au bûcher" y "Szenen aus dem Leben der Heiligen Johanna" de Braunfels, aunque las dos últimas no se inspiran tanto en la obra de Schiller cuanto en otras fuentes.


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NotaPublicado: 07 Ago 2009 21:36 
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Gualtier Malde escribió:
Pero, por ejemplo, si nos vamos a la era del belcanto, hay compositores como Ricci, Coccia o el mismo Mercadante, que no resisten la comparación con Rossini, Bellini o Donizetti. Es interesante escucharlos, pero es obvio por qué sus contemporáneos más famosos han sobrevivido y ellos no.


No conozco ninguna ópera de Ricci o Coccia, pero Mercadante, me parece, sí merece alguna atención, y fuese por "Elena da Feltre" o "La vestale" (no digo "Il giuramento", porque no me entusiasmó, ni conozco todavía "Il bravo").


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Rinaldo escribió:
Usted menciona Siegfried y obviamente, como todo un defensor wagneriano tengo que salir, :P la verdad Siegfried puede resultar posiblemente la jornada más pesada de toda la tetralogía, porque son pocos los personajes, porque Siegfried no es un personaje que agrade sino todo lo contrario, muchas personas le tienen lástima a Mime, pero superando esos dos obstáculos es una obra gigantesca y lo digo abiertamente una de mis jornadas favorita. Bien si no quiere oír un Siegfried completo sólo tiene que escuchar el duo final entre Brünnhilde y Siegfried y comprenderá porque se mueve en un plano completamente superior, uno de los momentos más bellos y poéticos, impresionante la forma como Wagner comprende completamente el corazón femenino, y la desproporción de sentimientos entre el hombre y la mujer en aquel momento.

Puede que sea una cosa superior, pero ese dúo final es precisamente lo que me aburrió en mi única escucha (hasta ahora) de esa ópera. Para ser preciso, la escucha hubo lugar en el cine, cuando en Alemania se mostró en todas las grandes ciudades la tetralogía completa en la puesta en escena de Boulez/Chéreau.
También me aburrieron el dúo de Siegfried y Brünnhilde el "El ocaso de los dioses", la primera escena de los Gibichungos" y no recuerdo na' de la conclusión del primer acto...


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