Hoy finalizamos con nuestro pequeño recorrido por
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GLORIANA
y
ROBERTO DEVEREUX</center>
evidentemente toca hablar del
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TERCER ACTO</center>
Momento de la conclusión de las óperas, momento de la confluencia de acciones: la ejecución de Devereux tras firmar la reina su sentencia de muerte, a pesar de que ha sido su amante. Me parece interesante que comentemos, en cada caso, la distinta naturaleza del drama: en el caso de Donizetti, el amor pasional que la reina todavía siente por Devereux; en el caso de Britten, el conflicto entre la Elizabeth reina y la Elizabeth mujer.
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En el tercer acto de
Gloriana la acción avanza hasta casi alcanzar la de Roberto Devereux. En una primer escena (alucinante, pero que aquí no comentaré), Essex regresa de Irlanda de madrugada, sucio, lleno de barro y maloliente, e irrumpe en el gabinete de la reina, que todavía no se ha arreglado (este suceso, al parecer, ocurrió realmente así). Se produce un enfrentamiento entre la monarca y el conde al término del cual Gloriana ordena que el conde sea puesto bajo custodia.
Tras una escena de transición en la que se nos narra el avance de los acontecimientos a través de un músico callejero (nuevamente ese renacimiento idealizado), se llega a la escena final de la ópera, en la que Essex ha sido condenado a muerte por traición y la reina se niega a firmar dicha sentencia, aun a pesar de la presión de sus consejeros. Se produce la llegada de la mujer, hermana y cuñado de Essex para interceder por su vida ante la reina. Tras esuchar a Lady Essex la reina sólo acepta a proteger la vida de los hijos de la pareja, no le garantiza que aplazará la firma (aunque en sus palabras se deja entrever que ese es su deseo). Pero las orgullosas súplicas de Lady Rich son las que indignan a la reina quien, en un acto visceral, firma la sentencia de muerte. Tras lo cual asistimos a una especie de
flash-forward, en la que se nos presenta a una Gloriana ya más anciana, justo al final de su reinado, sola salvo por el cariño de su pueblo.
Musicalmente nos encontramos ante una auténtica escena dramática en la que tiene más importancia el resultado final (la emoción que recibe el espectador y el dibujo dramático de la reina) que los elementos individuales. En concreto la voz es relegada en última instancia a un segundo plano: la reina recita todo su discurso del final de la ópera. Así, vocalmente lo más interesante son los momentos del trío de suplicantes y la aterradora confrontación entre Lady Rich y Gloriana. Por lo demás toda la escena flota sobre una base orquestal muy britteniana, no especialmente inspirada (recuerda demasiado a Billy Budd, la ópera inmediatamente anterior, me parece a mí), pero sí que muy efectiva en lo que a altura dramática se refiere.
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Lady Essex, Lady Rich, Mountjoy:
Gran reina
vuestro defensor
en la celda de una prisión
yace y languidece.
Venimos a suplicaros.
A interceder por él,
a implorar vuestro perdón,
a exhortaros a que prestéis ayuda a aquel
cuyo amor y valor
todavía podrían serviros.
Mountjoy:
Para pediros clemencia, señora,
la condesa baja la cabeza y se arrodilla.
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Lady Essex:
Mal aconsejado, cometió un grave error,
pero dejad que viva el padre de mis hijos.
Gloriana:
Escuchad, os habla un monarca.
Un monarca se halla solo en un escenario,
a la vista de todo el mundo,
solo, y no debe fracasar.
Lady Essex:
Si ha de morir,
os pido clemencia por mis hijos.
Gloriana:
Frances, habla una mujer.
Decida lo que decida,
y aún he de nombrar el día,
firmar su sentencia,
la de aquel que traicionó a su reina,
decida lo que decida,
vuestros hijos, Frances,
estarán a salvo.
Mountjoy:
Su hermana, señora, desea hablaros.
Dignaos a escuchar su súplica.
Gloriana:
¡Qué! ¡Lágrimas de esos ojos osados!
¡Lágrimas de Lady Rich!
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Lady Rich:
El noble conde de Essex
nació con fama y fortuna,
mas no sólo su rango
ha dado a conocer su grandeza.
Gloriana:
Yo le di honor, le otorgué poder.
Lady Rich:
Ha prestado un gran servicio al Estado
y los ejércitos le siguen a través del fuego.
Señora, le necesitáis.
Dejad que demuestre su grandeza.
Gloriana:
Tocó mi cetro, y su grandeza se volvió intolerable.
Lady Rich:
Habría gozado de la misma grandeza
sin la gracia y el favor de una reina.
La misma grandeza.
Gloriana:
¡Mujer!
Cómo osáis interceder por la vida de un traidor,
¡vos, esposa infiel!
Lady Rich:
No es un traidor. Él no.
Gloriana:
Eso ha dictaminado la justicia.
Lady Rich:
Sed compasiva. Sed prudente.
Gloriana:
Obedeced. Guardad silencio.
Lady Rich:
Merece vuestro perdón.
Gloriana:
¡Insolente! ¿Cómo os atrevéis?
Lady Rich:
Merece vuestro amor.
Gloriana:
No me importunéis más. ¡Fuera!
Lady Rich:
Dios os perdone.
Gloriana:
Dadme la sentencia.
La firmaré ahora.
(Firma la sentencia, no sin dolor)
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Lady Rich:
¡Ah!
(Se van)
Gloriana (reflexionando):
Ahora he obtenido la victoria en dos aspectos
que los más grandes príncipes no pueden someter a voluntad.
Una de ellas es la fama,
la otra, una gran mente.
El mundo estará ahora, espero, satisfecho.
(Nostálgica)
En un apacible desierto...
(Se oye la voz de Lord Essex:
Me arrojan a un rincón como un cadáver
y os negáis incluso a saber de mí, algo que nunca
hicisteis con los traidores.
Sólo me queda imploraros que pongáis fin a mi castigo,
mi sufrimiento y mi vida.)
Gloriana:
Allí podrá dormir,
dormir a salvo.
Consejero:
¿No habría que informar al rey de Escocia de los deseos de su majestad?
¿No le agradaría a su majestad nombrar al sucesor al trono?
Gloriana:
¡No puedo tolerar que me pongan un sudario ante los ojos
estando aún con vida!
(Años después, en una recepción, a sus súbditos)
Gloriana (anciana):
Siempre he puesto el día
del Juicio Final ante mis ojos,
y cuando tenga que responder
ante el juez supremo
alegaré que jamás albergué
pensamiento alguno en mi corazón
que no mirara por el bien de mi pueblo
Considero la gloria de mi corona
el haber reinado con vuestro amor,
y no hay joya más valiosa para mí.
Tampoco deseo vivir más días
sino para ver vuestra prosperidad
y ése es mi único deseo.
(Para sí, indescifrable)
Consejero:
Para contentar a vuestro pueblo,
señora, debéis acostaros
Gloriana:
A un manorca no se le dice lo que debe hacer.
Hombrecillo, no osáis decirlo,
pero sabéis que debo morir.
No veo razón alguna de peso
para amar la vida
ni para temer la muerte.
Pueblo:
Verdes hojas somos,
rosa roja,
nuestra reina adorada.
Oh rosa coronada
entre hojas
tan verdes.
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</center>
La acción del último acto de
Roberto Devereux, nos presenta a Nottingham impidiendo la salvación de Roberto (éste se podría salvar si le devuelve a la reina el anillo que le ha dado en el primer acto: nuevamente elementos introducidos por el libretista para hacer avanzar el drama, como la prenda del segundo acto) y, al propio Roberto, a las puertas de su ejecución (momento en el que puede, por fin, cantar su aria).
Pero nos centramos en el tercer cuadro, en los aposentos de la reina, consumida por la dolorosa decisión que ha tomado (lo ama como nunca). Al llegar Sara y entregarle finalmente el anillo, la reina descubre quién es la amante de Roberto y se arrepiente de haber firmado su sentencia. Trata de impedir su ejecución pero ya es tarde: Devereux acaba de ser ejecutado. Finalmente, Isabel, asediada por los remordimientos ya sólo desea su muerte y nombra a Jacobo sucesor al trono.
Donizetti deja, para este final de la ópera, una gran escena para la reina (como no podía ser de otra forma). Así nos encontramos con un aria de Isabel (en el estilo belcantista más canónico) en la que, a través de la estilización de la línea melódica, se descubren todos sus sentimientos (sin duda la fuerza dramática de este momento es muy distinta a la que Britten pone en circulación). Tras el inevitable intercambio entre los distintos personajes en el que se descubren, finalmente, los misterios de la acción, nos encontramos ante la cabaletta del aria anterior, conclusiva de la ópera, con la inconfundible intervención del coro y sobreagudo estratosférico.
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(Gabinete de la reina)
ISABEL
(para sí)
¿Y Sara me abandona en estos momentos?
En su Palacio Ducal
donde a buscarla se apresuró Gualtiero
no fue hallada...
Que me ayude el consuelo de la amistad,
no necesito más... al fin y al cabo soy mujer.
El fuego de mi ira se ha apagado...
DAMAS
(para sí)
Huellas de gran sufrimiento
se ven en su turbado aspecto.
Ya no brilla en su frente
su acostumbrada grandeza.
ISABEL
(para sí)
Que mi esperanza no sea en vano...
cercano a la muerte, él me entregará
el augusto anillo...
Arrepentido le veo ante mi presencia...
Y sin embargo... el tiempo se escapa.
Quisiera parar el tiempo...
¿Y si prefiriese morir para seguir fiel a mi rival?
¡Oh, atroz idea funesta!
¿Y si marchase ya hacia el patíbulo?...
¡Ah, cruel!... ¡Detente!
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Vive, ingrato, a su lado,
mi corazón te perdona...
Vive, ¡oh, cruel! y abandóname
para siempre a mis suspiros!...
¡Ah, escondamos estas lágrimas!
¡Ah, que no se diga en la tierra:
que a la reina de Inglaterra
se la ha visto llorar!
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Escena Séptima
ISABEL
¿Qué me traes?
CECIL
El indigno ya se encamina al suplicio.
ISABEL
(para sí)
¡Cielos!..
(a Cecil)
¿No dio ninguna prenda
para entregar a la Reina?
CECIL
Nada dio.
ISABEL
(para sí)
¡Ingrato!
Alguien se acerca.
¡Dios! Veamos...
CECIL
¡Es la duquesa!...
Escena Octava
(Sara entrega a la reina el anillo de Essex)
ISABEL
¿Por qué tienes este anillo?
¡Qué agitación! ¡Qué palidez!
¿Qué sospecha? ¿Has podido?...
¿Acaso?... ¡Ah, habla!
SARA
Mi terror... lo dice... todo...
Yo soy...
ISABEL
Acaba.
SARA
Tu rival...
ISABEL
¡Ah!...
SARA
Castígame pero asegura los días del conde...
ISABEL
(a sus Caballeros)
¡Ah, corred!... ¡Ah, volad!...
¡Quien me lo traiga vivo
suya será la corona!
CABALLEROS
¡Cielos, tu favor nos sonríe!...
Escena Última
(Resuena un cañonazo)
NOTTINGHAM
Él ha muerto.
LOS DEMÁS
¡Qué horror!
ISABEL
(Se acerca a Sara,
convulsa de ira y dolor)
¡Tú, perversa!...
¡Sólo tú lo empujaste a la tumba!
¿Por qué has tardado tanto
en entregarme este anillo?
NOTTINGHAM
¡Yo he sido, reina, he sido yo!
Mi honor fue traicionado.
Sangre quería y sangre conseguí.
ISABEL
(a Sara)
¡Alma culpable!
(a Nottingham)
¡Corazón despiadado!
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Esa sangre derramada sube al cielo
y pide justicia y venganza.
¡El ángel de la muerte, airado os perseguirá!
¡Suplicio inaudito os espera a ambos!
¡Sí, traición tan vil, delito tan culpable,
no merece clemencia, no merece piedad!
En el último momento dirigiros a Dios,
quizá Él pueda concederos el perdón.
CORO
Cálmate, piensa en el consuelo del trono.
Quien reina, lo sabes, no vive para sí.
ISABEL
¡Callad; no reino, no vivo!
¡Dejadme sola!...
CORO
¡Reina!
ISABEL
¡Callad!
(Como aterrorizada por visiones espantosas)
¡Mirad como ese patíbulo enrojece de sangre
y esta corona está toda bañada en sangre!
¡Un espectro terrible recorre la corte
llevando en la mano su cabeza cortada!
¡Resuenan gemidos y gritos en el cielo!
¡La luz del día empalidece!
¡En el lugar del trono se erige una tumba!
A ella desciendo, fue abierta para mí.
¡Dejadme sola, os lo ordeno!
Que Jacobo sea el rey de Inglaterra.
</center>
Y esto es todo, ya lo dejo aquí

Antes de dejaros os recomiendo alguna otra versión. Por lo que respecta a
Gloriana hay dos videos de youtube con Sarah Walker en la última escena que son un
must see:
<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=8u8LaNoW76c[/youtube]
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=jS9fUMICgEM[/youtube]</center>
Tampoco os podéis perder al película realizada sobre la ópera (prescindiendo de algunas escenas hasta alcanzar la hora y media de duración) con Josephine Barstow como protagonista. Maravillosa:
<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=S9yBoECDRbA[/youtube]</center>
En cuanto a
Roberto Devereux conozco el DVD de Gruberova (en donde no está especialmente bien, creo yo), desde Munich, con montaje moderno (algo feillo para mi gusto

):
<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=0yJqQeBPp6w[/youtube]</center>
y otro

. En youtube también tenéis alguno de Sills:
<center>[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=KnmivlmQA2Y[/youtube]</center>
Espero que estos posts os puedan ayudar a repasar o conocer un poquito estas dos obras. Al menos tanto como me ha ayudado a mí la excusa de hacerlos
