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El Belén viviente del Nimitz</center>
REPORTAJE PARA LA REVISTA ¡¿QUÉ ME CUENTAS?! - 25 de Diciembre del año 1 de la Era Chronos
Un año más, la tripulación del Nimitz ha organizado su tradicional Belén viviente, destinado a recoger fondos para una organización benéfica, "Chinchetas sin Fronteras", que revindica un papel más importante para las chinchetas, y acoge a cuantos han sufrido trastornos psicológicos, sociales, económicos y hasta físicos por causa de su desconocimiento o ninguneo. Desde la Revista, queremos unirnos a la causa bajo el lema "Chinchetas no hay paraíso".
Para la realización del pesebre, la tripulación del Nimitz ha contado con la desinteresada colaboración de las mejores voces líricas del siglo XX, doce cantantes que con suma generosidad se han prestado a meterse en la piel de los más entrañables personajes de la tradición navideña, pasando por alto con buen humor pequeños inconvenientes como que unos canten en la Tierra y otros en el Cielo o la necesidad de ser ubicuos.
Las malas lenguas dicen que en el mundo de la ópera hay rencillas y rivalidades. Este periodista ha podido comprobar que nada más lejos de la realidad; con toda sencillez se han repartido los papeles principales, renunciando muchos de ellos al protagonismo para vestirse con las ropas de los más humildes.
El papel de
Niño Jesús ha recaído, por aclamación, en el tenor
Juan Diego Flórez; la tripulante Antxi, su principal valedora, defendió con gran elocuencia que la personalidad achuchable del tenor tenía su máxima expresión en un tierno recién nacido. A juzgar por los resultados, ningún otro cantante hubiera encarnado con más propiedad el difícil papel.
Para interpretar a la
Virgen María nadie mejor que la soprano
Victoria de los Ángeles; la dulzura de su voz, de su mirada, su emotiva interpretación de una de las más bellas canciones de cuna bastarían para justificarlo, pero si tienen alguna duda recuerden que ninguna otra cantante ha sido más pura encarnando Suor Angelica.
El papel de
San José estaba destinado a uno de los dos tenores restantes; tras una larga discusión del tipo "por favor, hazlo tú - no, mejor tú - te lo ruego, eres el mejor" se decidió que fuera Carlo Bergonzi quien encarnara al santo varón, por representar la figura paterna indiscutible, Il Padre Raffaelle, en
La forza del destino.
Incluso con los papeles que más dificultades plantean en su interpretación, como animales, travestidos y demás, ninguno de los cantantes ha dado el más mínimo problema a la hora de desempeñarlos, haciendo todos gala de una dignísima profesionalidad.
Es el caso de
Bryn Terfel, quien desempeña orgulloso el papel de
Buey. El galés rememoró ufano cuando cantaba aquello de "Un buuuuuue, un bueeeeee!" en
Falstaff. Más tarde, el cantante confesó emocionado que su padre había sido granjero, y que la cosa venía de largo. Fue un momento sobrecogedor. No podemos dejar de recordar tampoco que Terfel es un padrazo que en contadas ocasiones se aleja de su familia, y no quiso perderse la oportunidad de dar cobijo y calor al Niño.
Birgit Nilsson, terca como ella sola, interpretó magistralmente a la
Mula. Y es que nadie más pertinaz, obstinada e irreducible que su
Elektra.
Iluminando el cielo con su irresistible resplandor, la
estrella de Oriente, ¿podría ser alguien más que
Maria Callas?. Ningún otro cantante de ninguna otra
entidad promotora de actividades benéficas (léase
equipo) podría ocupar este lugar. Y punto.
Siguiendo la estela de la estrella más Divina, Sus Majestades los Reyes Magos, acompañados de sus serviciales pajes. Interpretaron los reales papeles tres cantantes habituados por su repertorio a tan altos honores;
René Pape y
Cesare Siepi, ambos admirados Felipe II en
Don Carlo, asumieron, respectivamente, los papeles de
Melchor y
Gaspar, mientras que
Piero Cappuccilli, al que recordaremos como rey Amonasro en
Aida, fue Baltasar.
Vesselina Kasarova, tantas veces encantador Cherubino, se metió en la piel del
paje del rey Melchor; se da la circunstancia de que en 1989 fue Vesselina quien ocupó el puesto principal al quedar ganadora del concurso de canto internacional Neue Stimmen, mientras que René Pape quedó en segunda posición. Con este bonito gesto, Vesselina reconoció la gran valía de su compañero acompañándole en su camino hacia el portal de Belén.
Giuseppe di Stefano se puso en manos de Cappuccilli como Edgardo queda a merced de Enrico Asthon, aunque esta vez con alegre camaradería como
paje del rey Gaspar, mientras que Juan Diego Flórez, que ya fue paje en
El tutore burlato sirvió como
paje al rey Baltasar, el preferido de los niños.
Y en último lugar, pero encabezando la regia comitiva, el
príncipe Aliatar, encarnado por una habitual de los papeles nobles en el sentido más amplio del término (como Tancredi o Arsace),
Marilyn Horne.
La propia
Marilyn vistió nuevamente los mantos reales y en un papel masculino, esta vez el malvado rey
Herodes. Para escoltarla contó con la colaboración de
Juan Diego Flórez, en tantas ocasiones el guerrero Corradino, y
Birgit Nilsson, quien ya había demostrado en
La Walkiria su arrojo en el combate; ambos constituyeron una gallarda pareja de
soldados.
Tampoco se les cayeron los anillos a nuestros cantantes a la hora de interpretar a las más humildes clases sociales belenísticas. Haciendo una Interpretación Cuántica del Tiempo y del Espacio, el célebre tenor
Juan Diego Flórez, ora
cuidando vaquitas tirolesas, ora
lavando la ropa en el río (cómo dejar de mostrar a nuestros lectores esa sorprendente imagen!) ora imitando en lo
granjero a Nemorino, supo compaginar su bucólica afición con los papeles de Niño Dios y de
soldado. Le acompañaba en el río como
lavandera la sin par
Nilsson, que había demostrado sobradamente en
La mujer sin sombra su conocimiento de los productos químicos inherentes a los servicios de lavandería y tintorería.
También
pastorearon Marilyn Horne, recordando su papel de Háta, esposa de un granjero en
The Bartered Bride,
Cesare Siepi, tantas veces pastor de almas sobre el escenario (Baldassare, Padre guardiano, Raimondo Bidebent),
Carlo Bergonzi, quién ya había interpretado al pastor Metifio en
L'arlesiana y
Bryn Terfel, quien demostró verdaderas habilidades trashumantes manejando un enorme cayado (una pequeña lesión sin importancia en el ojo fue la causa de que tuviera que utilizar un parche).
Vesselina Kasarova también quiso vestirse de pastorcita, rescatando para ello de su baúl el vestuario de la simpática Cenerentola. Fue la aclamación popular, y no megalomanía ni divismo, como se ha rumoreado, la causa por la cual
María Callas asumió mayor protagonismo en la zona pastoril, interpretando ella solita a tres pastorcillas vistiendo deliciosos y coloristas trajes.
Anunciando a los pastores reunidos la Buena Nueva, el
ángel Gabriel; ocupó su lugar de nuevo
Marilyn Horne; la mezzo rogó que le dejaran interpretar el papel pese a no contar con más aval que su recreación de Angelina en
La Cenerentola, en su larga carrera había interpretado muchos papeles masculinos, algunos femeninos, pero ninguno sin sexo.
Completaron el reparto un
pescador, a cargo de
Cesare Siepi,cuyo apellido proviene del oficio de sus antepasados, pescadores de siepias en Milán (ah, ¿que en Milán no hay mar? ¿y que en el río del Belén sólo se pescan peces? ¿Y que se dice "sepia"? Lo corregiremos en la fe de erratas del próximo número, gracias por advertirnoslo), dos
peregrinos egipcios recién llegados de Aida,
Marilyn Horne y
Giuseppe di Stefano.
Por supuesto, no pudo faltar la imprescindible figura del
caganer, que deseamos que traiga buena suerte a todos los espectadores del Belén y a nuestros lectores; el elegido fue, de manera azarosa,
Bryn Terfel. Su gran profesionalidad le llevó a comer la comida del buey para dar más realismo a su actuación, lo que devino en ciertos problemas... ustedes me entienden.
Finalmente, el Belén contó con una novedad que, si bien al principio resultó algo extraña, acabó siendo muy alabada por el público asistente:; supervisándolo todo, con bonachona sonrisa y en zapatillas (fiel lector de la revista amiga El Jueves), nada más y nada menos que el mismísimo
Dios; le prestó su imagen, por supuesto,
Giuseppe di Stefano. ¿Acaso podría cantar Nuestro Señor con otra voz?
El Belén viviente fue inmortalizado por nuestros fotógrafos; eran tantos los participantes y la foto es tan grande que hay que hacer zoom para verla en detalle.
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La iniciativa fue todo un éxito, como no podía ser menos dada la categoría profesional y humana de los actores. La tripulación del Nimitz les da las más expresivas gracias por su colaboración y les ruega que la disculpen si en algún momento se han sentido incómodos o molestos. Fue por una buena causa!
(Si desean saber más sobre el Belén viviente del Nimitz, no dejen de consultar nuestra edición on-line. Y si la consultan, no dejen de encender los altavoces de su ordenador.)
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