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Yo también estuve ayer, y creo que disfrutamos de una interesante velada operística. Con el teatro tomado por unos señores muy serios con pinganillo en la oreja y chapita en la solapa, cámaras de televisión, fogonazos de flashes y runrún de voces y frotar de trajes, el ambiente era de espectación, de ocasión grande. Lo que luego sucedió dentro quedó quizá un poco por debajo de las espectativas.
Después de varios días de ruido mediático sobre las aspectos supuestamente escabrosos de la producción, aquello quedó en las evoluciones de unos señores y señoras desnudos o semidesnudos que simularon una serie de posturas sexuales al ritmo de la obertura sobre unas telas rojas y con una iluminación también rojo encendido. Vamos, que uno podía escandalizarse en la medida en la que ya viniese predispuesto a ello, pero que la cosa tampoco era para tanto, sobre todo cuando lo que se había prometido era una especie de ambiente irrespirable por la colisión de elementos en suspensión, particularmente el polvo y la caspa. El resto de la escenografía y de la dirección escénica, cero en originalidad: unos paneles móviles con ventanas, unas ramas de árbol que se mecían de un modo muy poco natural para dar sensación de exterior, un desfile de los invitados al baile reiterado hasta el infinito para llenar tiempo mientras sonaba la música a falta de otra idea mejor, un piano en lugar del arpa en coherencia con el encuadre decimonónico...
Tenía muchas ganas de ver/escuchar a Peter Seiffert en un papel de enjundia, sólo le había visto en el Erik del Holandés de Barenboim de hace unos años, y me había cancelado el Tristán de Berlín en mayo pasado. Es un gran cantante, de eso no hay duda. La voz es grande y el timbre es bello, pero dió algunas señales de deterioro, como el vibrato algo molesto sobre todo durante el primer acto, y cierta inseguridad en los agudos. Alguno de ellos resultó raspado, y en todo momento pareció a punto de quebrar cuando subía. Alguien comentó cerca de donde yo estaba que haber estado cantanto Tristan le había dejado bastante tocado. No lo sé, pero su actuación me dejó un cierto sabor agridulce, dentro, claro, de su enorme calidad. Christian Gerhaher me gustó muchísimo, es muy agradable encontrar una voz grave tan cálida, tan potente, tan firme, seguramente fue el cantante más inspirado ayer, y al que con mayor entusiásmo ovacionó el público. También Petra María Schnitzer fue muy aclamada, con todo merecimiento. Su actuación fue convincente, quizá dio vida a una Elizabeth más apasionada que cándida, más fogosa que virginal, pero, muy bien tratada además desde el punto de vista del vestuario, cantó con suficiencia este papel muy por debajo de las exigencias de otros roles wagnerianos. Lioba Braun, la reciente Brangäne del Tristan de la Scala, me ha producido la misma impresión que allí: voz pobre, inaudible, estridente a ratos.
El coro no desaprovechó la ocasión para el lucimiento que le ofrece esta obra, estuvo muy afortunado en todas sus intervenciones y en especial logró un momento de gran emoción e intensidad con el canto de los peregrinos del tercer acto. La orquesta no tuvo uno de sus peores días, pero no acaban tampoco de cuajar una actuación redonda. La obertura fue poco memorable, con esa falta de tensión que produce un sonido blando tan contrario a lo que la música de Wagner demanda. A lo mejor estaban distraídos con lo que sucedía en escena (yo tampoco escapo a esa pulsión landista, qué le vamos a hacer). Luego mejoraron bastante, bajo la batuta de un López Cobos más "alegre" que en otras ocasiones. Sobre él, la gran cuestión es en qué medida se le va a echar de menos. Yo sigo pensando que es un gran director que probablemente ha agotado un ciclo que ha sido muy positivo para el teatro, y me sumo a la preocupación que él mismo expresó en público hace pocos días por el hecho de que no vaya a haber un solo director para esta orquesta, con lo mucho que necesita mejorar. Veremos.
_________________ -Wer naht?
-Der König!
-Welcher König?
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