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Para mi, el reparto el último reparto de L’elisire d’amore fue el peor de todos y me quede realmente sorprendido por todos los aplausos y bravos que el publicó brindó, sobre todo, a ella.
Porque la verdad, ni Filianoti ni la Gheorghiu dieron una lección de bel canto.
No dudo que la soprano cante muy bien otros papeles, pero, en este, la verdad, estuvo fuera de lugar: ni fraseo elegante (muchas veces ni se le entendía) ni fiato ni virtuosismo ni adornos. Mil veces mejor cualquiera de sus antecesoras con sus voces cristalinas como el agua pura de una manantial: de Devia a Cantatero, pasando por Frutal o Bayo. Francamente, no creo que se recuerde a Gheorghiu como la mejor Adina ni de este Elisir ni de ningún otro. Pero ya se sabe, cuatro agudos bien disparados y el público enloquece, como si todo terminara allí.
Y si se criticó a Devia por no saber actuar, no creo que la Gheorghiu sea una gran actriz (aunque ella seguramente piensa que si lo es). No solo no hizo muchas cosas marcadas por el director de escena sino que seguramente piensa que con cuatro saltitos o moviéndose penosamente al ritmo de la música ya es una gran actriz. Al menos, la Devía es consciente de sus limitaciones como actriz y ya ni lo intenta. Por último, señalar que, como seguramente el vestuario de la producción no le gustaba, se trajo el suyo y, para el primer acto, nos eligió uno bien rojo, quizás, por temor a pasar inadvertida. Brava.
Y, ya que hablamos de ella, cabe decir bien fuerte y claro, que no cantó La Traviata del Real porque no quiso: lo de la producción e escandalosa es un puro disparate como bien sabemos todos los que la hemos visto.
Y del resto del reparto, pues lo mismo. Cualquiera de los anteriores fue mejor.
Filianoti, aunque no se hubiese quedado sin voz en la famosa aria del segundo acto, tampoco fue el mejor Nemorino, ni comparado con dos tenores que bordaron su papel, como Vilanzón o Giménez, ni con Secco o Calleja, memos acertados pero que al menos supieron cantar “Una furtiva lacrima” más o menos digna.
Rumetz y Schaldenbrand, mejor olvidarlos. El primero, ante una Alaimo o, incluso, un Praticò, que ya no es lo que era, sale mal parado. El segundo ya se vio que estaba fuera de lugar cuando cantó con Cantarero.
Pero, bueno, de la manera que respondió el público del Liceu, todos los cantantes pueden dormir todos tranquilos. Saben que a pesar de gallos y de estar fuera de lugar, se les aplaudirá a rabiar. Una diva es siempre una diva, sobre todo, cuando así lo establecen las discográficas.
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