La mía fue una Traviata en una de las temporadas de ópera que produjo José Luis Moreno (sí, el de los muñecos) en el Teatro Calderón de Madrid.
Aparte de que la escena era muy típica (y tópica) la recuerdo con cariño por una serie de anécdotas que allí ocurrieron:
- Todos los acomodadores iban vestidos de época, como si participaran de la escena del brindis
- Una vez que todos estábamos sentados, las acomodadoras de mi zona (con vestido de baile rosa con lazo) se sentaban en la última fila y empezaban a cuchichear sus historietas mientras los demás escuchábamos (o al menos lo intentábamos) la ópera
- En la escena de la casa de campo con Germont Padre, Violeta iba de un lado a otro del escenario y no paraba de engancharse el vestido con un clavo mal clavado en el escenario
- Y el detalle final. Era verano y el teatro estaba de reformas por lo que el piso superior estaba cerrado y las ventanas que daban a la plaza de Jacinto Benavente y a Dr. Cortezo (la calle de los cines Ideal) estaban abiertas. De esta manera, en la escena final, con la orquesta en pianísimo y Violeta, moribunda, cantando con un hilillo de voz de repente se oye.....
¡¡¡¡¡¡¡UUUUUUUUUUUUUAAAAAAAAAAAAAAAAAAUUUUUUUUUUU!!!!!!
De la calle entra el estruendoso sonido de una sirena de ambulancia. Tal cual pareció que alguien no supiera que Violeta DEBÍA morir y llamó al 112.
En resumen. Pese a lo que os dije al principio, mi primera ópera fue más que un dramón, una ópera bufa en toda regla.
Un saludo,
Marke