pucciniana escribió:
No he visto el Scarpia de Terfer, pero ¿cuál es tu idea del personaje?
No me quiero meter en camisas de once varas, pero no creo que se pueda reducir a Scarpia a un tótem del mal absoluto. Sencillamente porque tal cosa no existe. Puccini tenía una visión bastante simplista de las mujeres y de los héroes, pero dibujando princesas de hielo y barítonos lujuriosos (Jack Rance tampoco está mal) era único
Scarpia se relaciona claramente con Iago, incluso hay una referencia directa en el libreto (
Iago tenía el pañuelo, yo tengo un abanico, más o menos, al final del I Acto). Inspirándose en un personaje tan complejo como Iago, Scarpia no puede serlo menos. La clave para entender a Scarpia, además de su papel político, es su religiosidad beatera, un católico de misa y Te Deum, pero también de falda y escote

Terfel, que declama bastante y no da precisamente ninguna lección de canto en este papel (y a mí Terfel me encanta), comprende perfectamente esos rasgos de personalidad, y se ven en cada detalle del fraseo. Sólo me remito a su Te Deum de los últimos Proms, un recital, sin caracterizas. No se puede entender mejor al personaje con cada palabra (por no hablar de cada gesto).
Gobbi, que tenía unas buenas dotes teatrales y capacidad para el fraseo (no hablo de sus dotes como cantante, que es otro tema), dibujó siempre un Scarpia malvado hasta los tuétanos. Y con eso lo único que se consigue es tapar sus verdaderas motivaciones, que no son menos humanas (no digo buenas o malas) que los celos de Tosca o el apasionamiento de Mario (que es capaz de entregar su vida en 5 minutos, en si natural, además

). Gobbi deshumaniza a Scarpia convirtiéndolo en un malo con los calzoncillos de azufre. Warren, por ejemplo, coquetea con Tosca, la seduce, la acaricia con la voz en los duos del II Acto, hace un pianísimo cuando evoca los ojos de Tosca durante el Te Deum. Gobbi camufla todos esos matices que hacen a Scarpia un humano, miserable, pero humano, y lo convierte en un títere demoníaco.
Ahora, a quien le guste, estupendo

Luego no digamos que Puccini era poco profundo, que era simplón y no sé qué.
