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AL DÍA SIGUIENTE, EN SEVILLA:
Yo no lo ví en la Plaza Mayor, pero sí al día siguiente en el Maestranza de Sevilla, en la fila 2 del Patio de Butacas, a 3 metros de los cantantes y de Barenboim... ¡EXTRAORDINARIO! ... Seré incapaz de encontrar las palabras adecuadas para dar a entender la emoción que me produjo la velada.
El programa, el mismo que en Madrid. Ahora bien, en un Teatro bien equipado, con aire acondicionado, al ladito de los protagonistas, sin tener que guardar colas ni llegar con horas de antelación. Todo eso vale 45 Euros, los mejor pagados del mundo a mi entender.
Sinfonía Concertante en Si bemol, de Haydn, para abrir boca, con una orquesta, cuya cuerda y solistas sonaban extraordinariamente bien; y que alcanzó momentos emocionantísimos sobre todo en el 2º movimiento, el Andante.
Tras el oportuno descanso, el Acto I de La Valquiria. Cuando aparece Barenboim, que dirigió todo el concierto sin partitura alguna, estalla la primera ovación. Al margen del reconocimiento propio al maestro, no hay que olvidar el estrecho vínculo entre la Fundación Barenboim-Said y la Comunidad Andaluza. Fue aquí, en Julio de 2004, donde la Junta de Andalucía constituyó la Fundación. Dos años antes ya se estableció la sede del Taller en Sevilla, en la pequeña localidad de Pilas.
Comienza La Valkiria. La orquesta, atentísima a las exigencias del maestro, nos deleita con un preludio magistralmente interpretado por la sección de cuerdas (lástima que los metales no estuvieran a la misma altura).
Aparecen Ángela Denoke y Simon O´Neill... ¿Quién dijo sosa la Denoke? Sus gestos, sus expresiones... no dejó de interpretar el personaje en todo momento (hubo hasta beso final). A esta mujer le sobran, además de recursos vocales, capacidad dramática y trasmisión al público... Qué voz tan impresionante, capaz tanto de llenar el Teatro como de dejar colgada de un hilo cuando la ocasión lo requería, en un intervalo continuo de matices.
Simon O´Neill firmó un Seigmund consistente y lírico, con un timbre de voz bellísimo en los agudos, y algún apremio en la zona media-baja resuelto más que bien, y que siempre se escuchó por encima de la orquesta incluso cuando ésta se manifestaba poderosamente.
Sir John Tomlinson impresionó desde la primera nota, recreando un Hunding que no sé si cantaba o recitaba, pero que nos mantenía perplejo con el derroche de solemnidad que emanaba en cada emisión... Un vibrato tal vez excesivo, pero nunca ingrato.
MARAVILLOSO, en resumen, este acto de la Valkiria al que, a mi parecer, no le sobra ni una sola nota. Cada uno de sus sesenta minutos me transmiten infinitas emociones, no siempre las mismas.
Al final, ovaciones y bravos para todos. Reiterados saludos. Más ovaciones. Palmas por sevillanas (que provocaron los mismos músicos con su pataleo). Más ovaciones y... Preludio de Los Maestros Cantores (creo que era eso) de regalo para cerrar este magnífico concierto.
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