Por partes:

Temperatura y ambiente. Menos calor del que me temía (ya la cola a las 6:30 cuando llegué estaba a la sombra y luego de noche hasta corría algo de aire), colas llevaderas (por lo menos para quien lleva 20 años haciéndolas para ver ópera), bastante gente aunque no el gentío que me dicen hubo para la 9ª de Beethoven el año pasado. Claro, la Valquiria tampoco es la Coral a pesar de los sobretítulos. Entusiasmo final pero qué raro suenan los bravos y las ovaciones a cielo abierto. De todos modos, la idea de escuchar esto en el mismísimo lugar en que se quemaban herejes, pues es un signo de esperanza para la humanidad.

Denoke. Como actriz, tiene razón Mei. La que nos asombrara interpretativamente en Makropulos, ayer se limitaba a llevar la mano al generoso escote (pero qué elegante iba) en gesto polivalente: significaba igual asombro, preocupación, entusiasmo, amor, sorpresa, arrebato. La acción escéncia se limitó a que ambos se cogieron de la mano en los últimos compases y se dieron un discretísimo achuchón con las cinco notas finales. Pero era, justamente, un concierto.
Como cantante, francamente bien en mi ignorante opinión. Suplió con la voz lo que no hacía con el gesto, como debe ser. Y en algún momento (
O still! Laß mich der Stimme lauschen: mich dünkt, ihren Klang hört' ich als Kind... en un piano recogido y lento, soñador) estremecedoramente “actuada”. Convincente, insisto, por encima de la imposibilidad de hacer teatro, a base de despliegue vocal muy inteligentemente llevado.

Simon O’Neill: También excelente. Salvo algún problemilla en la zona media, los agudos fenomenales de potencia y soltura y aparente facilidad (tanto los
Walse! o los
Notung! como el agudo final), pero además todo muy convincentemente cantado, sobre todo esas frases míticas (
Siegmund heiß' ich o
Nun weißt du, fragende Frau) tan importantes en el desarrollo dramático de la obra.

Tomlinson: Pensé mucho en ti, Jabber, sin conocerte. En efecto, como preveías, un Hunding de lujo. Hasta diría que el vibrato del que habla Papagena entraba en lo lógico para un hombretón maduro, grande, con coleta y poblada barba de pelo blanco, perfectamente en el personaje, y con ese imponente vozarrón tan bellamente timbrado y que tan sabiamente “dijo” su parte de personaje brutote pero noble,. Tengo sin falta que buscar alguna grabación de esos Wotan que comentaste, porque (supongo que nunca es tarde…

) una vez más os debo un descubrimiento.

La orquesta difícil de juzgar: habría que escucharla en teatro y sin altavoces que, como justamente dice Papagena, sobre todo en Haydn hicieron perder todo el carácter. Pero parece muy prometedora. Y desde luego suena fresca como pocas de las que se escuchan habitualmente.

Y D. Daniel, al que no vamos a poner piso (¿era en Moratalaz?

) porque, afortunadamente ya casi debe tenerlo dado lo habitual de sus vistas de Julio. ¿Nos damos cuenta –o se da cuenta la Comunidad de Madrid, porque tienes razón, Domingo: hasta donde yo sé, la Comunidad no quiso seguir pagando por el “epílogo” de la Temporada del Real y el Ayuntamiento tuvo que “inventarse” los conciertos de la Plaza Mayor) del lujazo que supone tener estas cosas –gratis- en casa? A lo nuestro: Barenboim, con esos mimbres, obviamente firmó la instancia para ser el director del Anillo en Bayreuth cuando termine la serie Thieleman. Y espero que Papagena y Agatarco (y si sale alguien más que estuviera) me den la razón si pienso que, con aquella delicia de orquesta, no sería un mal Anillo el suyo.
Otras cosas: a las siete y media, todos recién sentaditos, tuvimos derecho a ensayo general. Ya en el concierto, mi vecino se durmió –de cabezada- allá por “
ein quell!” y se despertó con los aplausos, pero las tres viejas que tenía detrás no hacían más que susurrarse “Ay, qué bonito” en los momentos más insospechados. Y la mayor gozada: media hora después de salir, en el Metro no se oía más que “pues cuando Siglinde le dice aquello de …”, o ”pues yo creo que Hunding debería haberlo matado allí mismo”…
Perdón por la extensión pero como yo no tengo blog…