Lenz escribió:
A mi el suicidio en masa de las mujeres no me parece en absoluto gratuito.
No.
Qué va.

Bien, depende de cómo se interprete. De buenas a primeras parece, en efecto, que a Tatjana Gürbaca se le ha ido la olla con ese final. Sin embargo, antes de lanzar una condena fulminante, habría que ver toda la ópera para poder juzgar. Aquí se ha mencionado a Houellebecq y, en efecto, creo que es pertinente. Ese suicidio colectivo puede verse también no como una locura terrorista misógina, sino como una denuncia del modo de vida estético en una época en la que el ser humano ha sido reducido a una simple mercancía, y en la que el goce del cuerpo estético se ha impuesto como el único valor posible, sobre todo para las mujeres, lo que se ha traducido en una nueva forma de opresión de éstas y en un nuevo obstáculo para su plena emancipación y liberación. Ese suicidio colectivo vendría a simbolizar el infierno de la sociedad postmoderna, en el que sólo un cuerpo joven y bello puede gozar de derechos permanentes, y en el que la normal decadencia física y el envejecimiento son vistos como una lacra.
Cuando el cuerpo como objeto estético y sexual se convierte en el valor supremo, e incluso en el único valor, el sujeto queda des-humanizado y se pierde por completo la compasión (una pérdida simbolizada por la risa cruel e inhumana del Holandés Errante). Ese suicidio colectivo final sería así el Apocalipsis definitivo y el hundimiento total de la sociedad postmoderna: un mundo sin mujeres (constreñidas y anuladas por un imperativo estético totalitario que impide su auténtica liberación) es también un mundo sin compasión, en el que la soledad sexual y afectiva de los hombres, su reducción a la condición de zombis que siguen viviendo y trabajando sin ningún sentido y sin ninguna finalidad, es el preámbulo inmediato de la total aniquilación de la raza humana.
Creo que muy probablemente Tatjana Gürbaca -que en diversas ocasiones ha expresado sus ideas feministas radicales- tenía en mente lo anterior para su controvertida puesta en escena.
P.D.: Claro está, yo hubiera preferido otro final completamente distinto, en el que, tras el desmoronamiento estrepitoso de la Bolsa y de la Banca, las mujeres no imitasen el acto nihilista que Senta lleva a cabo para borrar su pasado, sino que tomasen en sus manos la riendas del poder y reconstruyeran una nueva sociedad y unos nuevos valores, incluidos los de la femineidad y la masculinidad.