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Un día diferente
Ayer,Mimí y quien les escribe, asistimos a la función del Rigoletto del Liceu. Fue un experiencia para nosotros en muchos sentidos. En primer lugar, siendo no habituales espectadores sino más bien esporádicos, siempre habíamos asistido a primeros repartos
Mientras que ayer asistimos al tercer reparto. En segundo lugar, quien les escribe estuvo a punto de tirar la toalla puesto que una inoportuna gripe lo tenía (y tiene) cerca del K.O. En tercer lugar, y a esto le temíamos más que a mi gripe, era nuestro reencuentro con Vick, personaje que nos hizo vivir la peor Travista jamás escenificada este verano.
Con todas estas premisas y algún elemento que posteriormente se añadirá fácil es deducir que el ánimo con el que encaramos nuestra salida nocturna a Barcelona, cuando menos no era el habitual.
Serían las seis de la tarde cuando Caminante se levanta del sofá donde dormitaba víctima del virus gripal cuando le digo a Mimí que si la gripe no me impide ir al trabajo tampoco nos va a negar esta velada operística (lo que no le confieso es que el termómetro marcaba una temperatura corporal de 38,5). Arreglados y vestidos para la ocasión y después de tomarme la correspondiente dosis de paracetamol y hacer acopio de caramelitos para la molesta tos emprendimos ruta hacia Barcelona. El trayecto fue incluso confortable, sin aglomeraciones (temíamos lo peor con lo del Dakar). Llegamos con tiempo suficiente (como a mí me gusta y como quasi imposible normalmente cuando vas acompañado por mujer que se precie), nos instalamos cómodamente (es un decir puesto que el Liceu no es precisamente cómodo y los palcos diría que menos).
Antes de saliera al atril el maestro, de quien habrá que hablar, por mi mente pasaban varias ideas: la primera, satisfacción por estar allí (el paracetamol parecía surtir efecto), la segunda, autoconvencimiento de quien nada espera de una función sólo puede llevarse sorpresas agradables y la tercera ….¿sería yo el energúmeno del día a causa de la tos que esporádicamente no podía controlar? El hecho de estar en el palco me alivió puesto que podía salir (sin molestar demasiado) al antepalco caso de que no puediera aguantar. De momento caramelito en boca.
Se recibe al maestro con aplausos; suenan las primeras notas y con ellas aparecen en escena las primeras muestras del arte “vickiano” (también habrá que hablar de la escenografía). El tenor, Raúl Hernández, encara el Questa o quella, la voz me parece bastante bella, el volumen justo aunque suficiente , pero lo que escuché en mi mente quedó catalogado como anticipo de una noche en la que íbamos a sufrir. Monterone hace su aparición y lanza la maledicicón mientras su hija (pérfida ella) se abraza desconsoladamente con el seductor después de cierto trabajito con la parte del cuerpo que utilizamos para comer. Rigoletto tiene su encuentro con Sparafucile-Palatchi (sin duda la voz más penetrante de la noche) y aparece Gilda en el jardín de su casa. Una Gilda bella, femenina, coqueta, cuyos dúos con papá-Rigoletto fueron buenos, cuando no muy buenos (con matices). ¿Y el público? (también deberemos hablar del público). Entra de nuevo seductor-Hernández y su ê il sol de l’ànima (para olvidar y los adornos con los que nos obsequió, para comentar largo y tendido). Escena del rapto y todos a respirar aire fresco.
En el entreacto le comento a Mimí que temo que la ópera se finiquite en el Ella mi fu rapita y el Parmi veder le lacrime puesto que Hernández no me parecía capaz de sacarlo adelante. Bien, ya que estábamos , nuevo caramelito en boca y el corazón encogido por lo que nos puediera deparar el inicio del segundo acto empieza. Oh sorpresa! Encara el recitativo y se desenvuelve correctamente (con matices), encara el Parmi y con los mismos matices pero sale del envite con algo más que dignidad. ¿Será otro tenor? Ó ¿Dónde está el truco?.Truco, de haberlo lo había y acometió el Possente amor mi .chiama (el punto anterior lo pongo porque mi ordenador y yo nos llevamos mal y el .chiama me lo cambia automáticamente por Chiapa y digo yo que qué carajo tendrá que ver lo uno con lo otro).Sigamos. Alexeev encara el Cortigiani y camina hacia el final del segundo acto con el dúo de la vendetta (del que habrá que hablar). Nuevo descanso. Mimí seguía que ni fu ni fa mientras que quien escribe estaba aceptablemente feliz con le que acontecía ¿era real la felicidad o ayudaba la fiebre que estaba volviendo a hacer suaparición?. Tercer acto que empieza con el consiguiente caramelito en mi boca, Hernández afronta la Donna è mobile correctamente pero al final la pifia porque este hombre cuando empieza las ornamentaciones teje una madeja de hilos de la que luego no sabe como salir y lo de antes del agudo final es digno de estudio psicológico. Llega el duo con Maddalena ( Dutton no es ni fu ni fa y creo que para eso tampoco hay que irlas a buscar tan lejos), el dúo se desenvuelve con correción y llegamos al temido cuarteto. Yo lo temía porque pensé que si Futral no actuaba con inteligencia cuando debieren de sonar las cuatro voces sólo se escucharia la suya.Pues bien, el cuarteto fue de lo mejor de la noche. Una Futral casi espléndida , un Hernández en su mejor momento, Dutton correcta y un Alexeev que parecía algo cansado pero que cumplió. Y hasta el final lo mejor de la noche. Con una tormenta bien lograda (el coro de bocca chiusa excelente) y final, con el sillón de Rigoletto (el que hay que hablar) echado boca abajo.
Este es el relato de los hechos. Analizando por partes en el aspecto vocal: Alexeev hizo un aceptable Rigoletto (además bien actuado), al final estaba cansado y tiene ciertas carencias (necesitaba con cierta frecuencia portamentos que afeaban el canto). Futral, yo esperaba más de ella, nos hizo una Gilda muy correcta y en ocasiones muy buena. Es inteligente y no abusa de la potencia de su voz y ello renunda en beneficio de la representación. De Palatchi sólo repetir que fue la voz más impactante de la función y los demás todos estuvieron a la altura que sus papeles exigían. Para el final el Duca. A Hernández cabría tacharlo de mal cantante si nos atenemos a que calaba notas con cierta frecuencia y que sobre todo en las coloraturas nos hizo sufrir (la de la Donna empezó y en seguida me recordó a la que desencadenó el famoso gallo de Gedda,. Afortunadamente no fue así). Este hombre para mí fue el resumen de la gran dificultad que entraña este mundo. Posee un timbre más que interesante, canta bien y digo esto porque desde el dúo con Magdalena hasta el final,incluyendo las dos réplicas que hay de la donna fueron más que interesantes) pero creo que un buen psicólogo podría hacer un gran trabajo con este hombre cuyo peor defecto creo que es la falta de confianza en sí mismo. Jamás será un tenor legendario pero podría ser un más que digno cantante de ópera.
En cuanto a Vick, nuestro reencuentro con él tuvo de todo. De entrada no es lo que a mí me gusta. Mimí salió completamente indiferente Yo no. Así como dije y mantengo que lo de Verona con su Travista fue de escándalo y consiguió que nadie supiera lo que estábamos viendo (recordad que Violeta era la misma Devia que tanto a gustado en la Borgia de Oviedo), lo de ayer, sin gustarme, no me distrajo en absoluto el Rigoletto de Verdi. Es más, creo que ciertos matices incluso lo reforzó. Quede claro que el epíteto que uso es “no me gustó” y no “es un bodrio” (o similares). Los movimientos de decorado hacía que la acción fluyera muy bien y de manera sincronizada (para mí hay momento de Rigoletto que exigen dosis extra de trabajo para los escenógrafos). Me sobraron las mujeres colgadas cuales cuadros en las pareceres (por mucha alegoría que quisiera hacer notar sobre la mujer-objeto así considerada por el crápula). Sobre los reposa-traseros: parece que últimamente debe hacer rebajas de sillas, sofás, bancos y banquetas para atrezzo operístico puesto que (y ahora me viene ala memoría la Tosca de la temporada pasada). Mención aparte merece el sillón de Rigoletto. Reconozco que cada vez que aparecía me preguntaba que narices pintaba aquello allí. Cuñado Rigoletto lo volcó al final entendí que aquel sillón era el trono de Rigoletto, y sólo aparecía cuando se sentía rey sea como padre sea como bufón y protegido del hombre más poderoso. Resumiendo. Vick,: lo siento,nuestros estilos son diferentes pero en Rigoletto sí respeto tu trabajo.
He dejado para el final López-Cobos: para no extenderme (pues creo que ha superado con creces la longitud razonable): Sin paliativos un desastre. Aún siendo lego en música (técnicamente hablando) no me cosidero lego en cuanto a “sentir” dicha música. Y López Cobos consiguió ponerme de mal humor. ¡Este hombre no entiende a Verdi!. Lo siento pero se cargó muchos momentos, en los que encorsetó a los cantantes (el dúo de la vendetta fue de juzgado de guardia). Lo siento. Mis respetos maestro pero Vd. Ayer no me hizo escuchar a Verdi. Sólo hay dar buena nota al tercer acto (a cada uno lo suyo). Incluso metiéndome en camisa de once varas, un director inteligente debiera de haber cortado (al menos con Hernández) el possente amor mi ….(carajo con el oredenador) lo que hubiera contribuido a una mejor resolución de la primera parte del segundo acto.
Conclusiones: salí moderadamente satisfecho, creo que el público de Liceu (generalizo y esto no es bueno) ayer estuvo a la altura de la dirección musical (O sea mal) muy por debajo de los cantantes y muy por debajo de Vick. Además ayer comprobé que la tos del público del Liceu es para tocar las narices. Ayer nadie estaba en perores condiciones que servidor pero un caramelito a tiempo , aprovechando las pequeñas pausas musicales que se producían para aplausos (muy tímidos) para desatacar la garganta así como un cierto ejercicio de continencia solucionarían a buen seguro la molesta tos.
Y me voy al trabajo que si ayer la ecuación era “si puedo ir a trabajar estando fastidiado también puedo ir al Liceu” hoy, en justa reciprocidad, “si estuve para ir al Liceu también estoy para ir al trabajo”. Eso sí, con una licencia que me he tomado de alguna horita de descanso extra.
Buenos días a todos
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