A mi Villazón me gusta mucho

, desde el "Romeo y Julieta" que cantó en Oviedo con la Arteta. Si que le saco un parecido a Domingo, aparte del físico a Mr.Bean
En la web del "ABC" viene una interesante entrevista que reproduzco:
ABC escribió:
Nacido en 1972 en México D. F., Rolando Villazón llegó al mundo de la ópera con 27 años. Un lustro más tarde, después de haber debutado en los mayores teatros del mundo, y de haber cantado en nuestro país en Oviedo y Las Palmas, espera confirmar su talla en gran formato en mayo de 2005, cuando protagonice L' elisir d'amore en el Liceo barcelonés al que regresará un año más tarde con Manon, la ópera con que se dio a conocer oficialmente. Por ahora, su nueva temporada empieza dentro de unos días –14 de septiembre– en la ópera de San Francisco, una vez más como Alfredo, el personaje que ha hecho suyo en este tiempo.
–Cuando alguien como usted, que había pensado ser franciscano, se ve interpretando a De Grieux ¿piensa que está soñando?
–De Grieux, aparte de la coincidencia de renunciar al sacerdocio por el amor a una mujer, es un papel que ha tenido un importante peso en mi vida. Y no sólo por haber debutado con él. También porque cuando lo estaba cantando nos enteramos que estábamos «embarazados» de nuestro primer hijo. El segundo nació un sábado por la mañana, y al día siguiente sustituí en otra Manon a Alagna, que tuvo que cancelar... Hablamos de un personaje que adoro, y que estaré cantando en el Liceo de Barcelona en un par de años con la maravillosa Natalie Dessay. Un proyecto que me tiene muy emocionado.
–Tenía razones para salirle realista.
–Es verdad que el artista siempre está presente en sus personajes, pero en la medida posible trato de crearlos con sus propias características; con vida propia. Como hombre, aporto lo que hay en mí, en mi historia. Pero también acudo a la imaginación para crear personajes alejados de mi personalidad. Dependerá del tipo de producción que proponga el director de escena; de las ideas que él tenga al respecto, y del modo en que las abordemos.
–Algunos se los conoce por activa y por pasiva, como el Alfredo.
–El de Aix en Provence de julio creo que es mi producción número catorce, con más de ochenta funciones. Es la ópera que más he hecho en los pocos años que llevo cantando. Y la verdad es que siempre trato de buscarle nuevos matices para hacer un Alfredo distinto. La idea es aplicable a todas las óperas, porque es bueno para mí y para el público. Y refrescante para todo el mundo y para la obra, por supuesto.
–Al ser más reflexivo por comenzar en la edad adulta, puede elegir su repertorio con menos ambición, y con más lógica que alguien que despunta con 23 años.
–Si, pero al tiempo, paradójicamente, con más edad, a mis 32 años, estoy más dispuesto a abordar personajes que probablemente a los 23, por miedo a cometer un error, no hubiera aceptado. Es decir, que a mí me gusta arriesgar y tomar al toro por los cuernos, tratando de hacerlo con prudencia. Se me ofreció hacer un Don Carlo con Chailly en Amsterdam, y acepté el riesgo.
–Al final, ¿valió la pena?
Hasta el punto de haber sido uno de los mayores éxitos de mi carrera. Personalmente lo sentí como una experiencia maravillosa. La pena ahora es pensar que, por aquella prudencia que me dictó que lo hiciera en un teatro como el de Amsterdam, de 1.600 personas, no en uno enorme, y a las órdenes de una buena batuta, no tengo comprometidos cincuenta Don Carlo más. Fue el único que firmé y hoy, cuando estoy dispuesto a cantarlo, habida cuenta de cómo funcionan los calendarios en el mundo de la ópera, el próximo deberá esperar a 2008. Pero si ahora estuvo bien, en cuatro años estará mucho mejor.
–¿Cuál será la siguiente aventura de riesgo?
–Don José, que cantaré a finales de año en Berlín con Barenboim. Se repetirá la misma situación: un teatro no grande y el probablemente mejor director de orquesta hoy en día, con quien ya trabajé. Por lo que estoy seguro será una colaboración maravillosa. Y de nuevo, la misma historia. No he firmado más que un Don José. A todas las ofertas he respondido que hasta enero no puedo decir si volveré a cantarlo.
–¿Le da miedo el fracaso?
–Uno tiene que estar dispuesto a fallar. Para crecer, tienes que caer. Si te anclas en el territorio fácil, el que dominas al ciento por ciento, corres el gran riesgo de quedarte a la mitad del camino. Hay que ir siempre más lejos. Por eso no tengo miedo. Puede que vaya, cante un Don José, vea que el papel no me conviene y que haya sido una equivocación... En ese caso, la prudencia me habrá ayudado a que sea sólo una mala experiencia durante un mes. Ninguna carrera se destruye por una sola producción, sino como consecuencia de una mala técnica o por insisitir en un repertorio equivocado, que hace que la técnica se deforme. Las carreras caen por la técnica, no por el repertorio.
–¿Cómo sabe si un papel le va bien?
–Si al estarlo cantando no debo pensar en la técnica. Yo tengo que salir y darlo todo sin importar dónde pongo la voz: ese fue el trabajo anterior. Si puedo hacer un personaje
creando y concentrándome en una situación y en la vida del mismo, es para mí. Hay papeles, como el de Pagliacci, que si los tuviese que preparar ahora me tendrían muy preocupado por algunos pasajes, cuidándome en una frase porque viene un agudo... Cuando eso pasa, no es para mí.
–«De un lado la cabeza, del otro el corazón», dice Julián, un personaje de zarzuela, el género que usted ha marginado a pesar de ganar el concurso Plácido Domingo en esa modalidad. Lo que se hace con el corazón ¿se puede destruir más facilmente que lo que se hace con la cabeza? ¿La técnica está por encima de todo?
–Estoy absolutamente de acuer- do, y subrayando esa misma idea creo que la cabeza y el corazón van juntos en mi caso particular. Ante una partitura, mi primer objetivo es resolver los pasajes técnicos para atacar el papel musicalmente, encontrarle los pasajes peligrosos, y meterlo en gola, como decimos en el medio. Pero el corazón va al mismo tiempo, porque no se le llama: está siempre presente, y sale solo. Y cuanto más metes en gola el personaje, más presente se hace el corazón. El objetivo es que, eventualmente, lo único que quede sea el corazón. Que el resto, la parte intelectual que estaba en el papel, quede en el subconsciente. Y la manera de cantar sea con las entrañas, con los cojones, diríamos.