Gino escribió:
si encima de opinar de Nucci tenemos que escucharlo yo me borro de esto y me apunto al reguetón
Hoy ha habido bis. Bis menos justificado me parece difícil imaginar. Salvo que se trate de homenajear una carrera.
A ver si hago una reseñita sencilla o así, pero me resulta difícil porque este Rigoletto me ha dejado muy frío. Hasta el punto de que pienso si es que me ha pillado de malas, y no me apetece que nadie deje de ver estas funciones por lo que yo diga. Así que, por favor, ni caso.
Lo que sí aclaró es que el público se lo ha pasado bien; como digo, Nucci ha bisado y se ha aplaudido a Peretyatko y a Costello tras sus momentos de lucirse.
A mí ninguno de los tres me ha gustado, y no soy de mal conformar, pero, ya digo, no sé que me ha pasado hoy (por ayer). Peretyatko tiene una voz de volumen digno, pero timbre vulgar, y no diré que en algunos momentos cacarea, porque no es verdad, pero que su canto a veces permite que uno piense en el cacareo sin que tal pensamiento parezca risible, eso también es cierto. Emoción, ninguna. Costello es que tiene una voz muy ingrata, con tendencia a balar, con agudos anfibológicos (quiero decir que con buena voluntad se pueden aceptar como agudos y con mala, pues no) y un fraseo que consigue la hazaña de ser a la vez tortuoso y plano. Y Luisotti, en plan contráctil. A veces rápido y furioso, otras dormitabundo. Nunca elegante y nunca apasionado.
La producción es feucona, eso sí, esa fealdad que tenemos que aceptar que es buscada, y vulgar (esa Giovanna sentada en la cama, arriba, como una pasmarote, sin hacer nada, mientas el de Mantua requiebra a Gilda; chico, que lea un libro devocional o haga cualquier otra cosa menos quedarse catatónica, y así el movimiento de actores en general), pero no molesta (y es que algo que apenas existe no molesta) y los trajes son más o menos como de época. Muy oscura, eso sí, quizás porque pretende pasar de contrabando la oscuridad como intensidad. Y no me suele disgustar McVicar.
Y sobre Nucci no digo nada, porque a mí su Rigoletto no me conmueve nada y prefiero abstenerme cual juez aquejado de enemistad manifiesta.
Eso sí, lleguen con tiempo y poco metal. Hay que pasar por arcos detectores. Yo llegué quince minutos antes y alcancé mi asiento a las ocho menos un minuto, sprint mediante.